La mejor época para el avistaje de ballenas

Empezó la temporada y antes de que llegue a su pico, los precios son más bajos para hoteles y paseos

El invierno no sólo se disfruta en los diferentes centros de esquí del país, que cada año renuevan su promesa de blancas postales y deportes extremos, sino que ofrece una variada gama de opciones que incluyen el goce de playas que durante esta época se colman de atractivos diferentes.

Lo saben los que al llegar los primeros fríos programan una `escapada´ para no perderse la `temporada de ballenas´ que se vive a pleno en Puerto Madryn, o aquellos que visitan las mismas costas durante el verano, y retornan ahora con la mirada puesta en el hallazgo de las inmensas siluetas de los cetáceos que se recortan nítidas en distintos puntos de la extensa franja costera.

Lo cierto es que tanto aquellos que viven como una tradición `el viajecito a Madryn´ para disfrutar de los avistajes, como los que nunca tuvieron la oportunidad de viajar y acarician la posibilidad de hacerlo en este 2012, deben saber que esta época es considerada una de las mejores para aventurarse. Ocurre que aunque hasta finales de noviembre se perciben ballenas en el Golfo Nuevo, y justamente entre septiembre y ese anteúltimo mes del año se registran los picos de concentración de ejemplares, también durante esa franja es más masiva la presencia de público, y la gran demanda genera que las opciones disponibles en cuanto a alojamientos, excursiones y paseos de avistaje embarcado se encarezcan un poco en relación a las vigentes durante este primer tramo.

Para los que quieran programar una visita, la recomendación es reservarse al menos tres días para la aventura, porque si la idea es no perderse la posibilidad de realizar el avistaje a bordo de una embarcación, ese podría ser un lapso prudencial como para contar con tiempo extra para programar el paseo en el caso de que, al llegar al destino, el viento juegue una mala pasada y el tiempo no sea apto para la navegación.

Sin embargo, aunque la experiencia a bordo es la postal con la que sueñan muchos, el avistaje costero es una experiencia que nada tiene para envidiarle a esa opción. De hecho, si bien la ciudad en su totalidad es un magnifico escenario para disfrutar de la presencia de la ballena franca austral, las playas conocidas como El Doradillo, a 15 km del centro, por su profundidad permiten que a escasos metros de la costa todos puedan ser testigos del ciclo vital de estos inmensos animales.

En esas playas de canto rodado se conjuga la magia de los sonidos que emiten las ballenas (cuya percepción hace más patente su presencia) con el asombro de la aparición de ejemplares casi al borde del agua. Por eso esas escenas pueden llegar a inquietar a los distraídos, escudados tras largavistas, que siguen a la distancia los detalles del contoneo de una madre y sus crías, sin percatarse de la proximidad de cetáceos solitarios que sacan a relucir su cauda como simulando un saludo, e indicando que en Madryn la naturaleza siempre está más cerca de lo que habíamos soñado.

Textos: Vanesa Miyar

Fotos: Martín Brunella

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