La mudanza comenzó bajo la lluvia

Los ríos crecían. El empaque, forraje, mulas y faroles estaban listos para la travesía. Enumeración de los gastos, los personajes, los tropiezos y la amenaza de una inundación. Arsenio B. Martin, el cronista dispuesto a narrar el alumbramiento de una capital.



Las lluvias cordilleranas de aquel invierno parecían que entorpecerían la mudanza. Mientras en Chos Malal se embalaba el mobiliario, los útiles y expedientes, además de los arcones y bártulos de los funcionarios, muchos tramos de los dos caminos hacia la futura capital neuquina se transformaban en lodazales. Según el diario La Nación, desde el lunes 20 de junio también llovía en Ñorquín y la crecida de arroyos y ríos hacía temer una inundación. El temporal destruyó parte de la línea cablegráfica con Chos Malal, y el jefe de telégrafos señor Etcheluz, que encaró las reparaciones, padeció el diluvio además de una nevazón que lo detuvo el sábado 9 de julio en la Cordillera del Durazno. Una mula del correo ahogada interrumpió la llegada de correspondencia a la vieja capital, donde para colmo, los desbordes del río Neuquén y el Curuleo obligaron a los vecinos costeros a abandonar sus edificaciones de barro (LN, 14/07/904).

 

Mulas se necesitan

 

El animal preferido por los troperos y todo transportador, incluído el Ejército, era, precisamente, el mular, infaltable bestia en los convoyes de los milicos. Un par de mulas costaba casi el equivalente al sueldo de un juez de paz (110 pesos) y ya el 28 enero de 1904 el gobernador había telegrafiado al ministro del Interior (Expte. 412 de ese año, A.G.N.) un pedido de autorización para comprar mulas “por ser época de mucha actividad y no poder atender los servicios necesarios”. Insistió el 26 de febrero sin resultado, pero ya en cercanías de la mudanza, el movimiento de julio del libro caja de la Gobernación muestra la solución: fueron directamente compradas 20 mulas “a Benedicto Beccaría a 50 pesos cada una” y también se pagó a Celestino Cabo por cuenta de Manuel Villalba “compradas por el señor Gobernador Carlos Bouquet Roldán a 50 pesos cada una, 30 mulas (1500 pesos) por haber sido desiertas (sic) dos licitaciones” (Expte. 3440).

Entre los gastos de julio para el traslado se compraron 1900 kilos de forraje para el “convoy a la Confluencia” a Carlos Schawbs por 32,30 pesos. A don Amador R. Guyot se pagaron 24 pesos “por 3 cueros vacunos para coyundas y colgadores para los carros de la gobernación” y 6 pesos a Daniel Sueldo “por 4 bozales para mulas del convoy” (eran 200 animales, caballos incluidos, para la segunda remesa).

Saúl Durán cobró 15 pesos por hierro “para maestranza” apenas 2,50 recibió Andrés Etcheverry por 5 kilos de grasa, 1,50 por un pincel e igual cifra por 1 kilo de tierra colorada. Por imprevistos para el viaje Luis Rouret recibió 40,90 pesos por 20 kilos de soga y Salvador C. Trotta 34,10 por varios rubros, desde aguarrás hasta mate y bombilla, además de cancelarse las dos botellas (un jerez y un oporto) ya consumidas en el sobrio festejo del 9 de julio.

A último momento el rubro ferretería (tachuelas, clavos, bulones, cadenas de alambres y otros) obligó a oblar otros 119,90 pesos a Trota y 37,55 a Enrique Dewey. Quedó asiento contables referido al conflicto en Las Lajas, ya que el comisario inspector rindió 20 pesos pagados a Celestino Cabo para herrar caballos y otros 15 para la mudanza del juzgado y comisaría “a una legua de distancia” del campamento militar.

 

El apresador de Lara

 

Las lluvias no cedieron. De Neuquén al Nahuel Huapi, el inspector de bosques Humberto Giovanelli, un italiano grandilocuente, contratado por el Ministerio de Agricultura, viajó bajo tormentas.

En medio de aquellos meteoros fue despachado el segundo traslado de muebles expedientes y funcionarios hacia la nueva capital. Partió el 19 de julio de 1904 con el “jefe de la oficina de sellos Sr. Schapiro (Angel) y el comisario Sr. Santú (por Sautú) con sus familias”, según La Nación del Miércoles 20, aunque en las memorias del comisario fue el 14 de julio. La Nación anunciaba además que pronto marcharía “el gobernador interino Dr. Talero y el resto del personal de la administración. Le acompañarán el Sr. Pueyrredón y señora. Se cree que la inauguración de la nueva capital motivará una animada fiesta, concurrida por personas de significación de esa ciudad”. El comisario Horacio F. Sautú, famoso desde que capturó cerca de Las Lagunas al no menos célebre asesino Juan Bautista Lara, 40 años después del “viaje mudanza” por el camino de Añelo, narró las penurias vividas (ver N° 2 de la Revista de Estudios Históricos del Neuquén -pág. 226- Junio de 1973). Viejo empleado policial, carecía de nombramiento efectivo de comisario antes de trepar al carruaje de la mudanza con su esposa y una criatura de 7 meses (a su vez, la esposa del funcionario Angel Schapiro, la rumana Clara Drolinguer, de 21 años, viajaba embarazada de 7 meses, según R. Koon). Schapiro y Clara habían sido convencidos en Buenos Aires por el propio gobernador Bouquet Roldán para instalarse en Chos Malal. De otros registros se desprende que ese segundo traslado, precedía al del Juzgado letrado y al muy debatido de presos (viajarían una vez fundada la nueva capital).

 

Auxilio al convoy

 

A la tropa que comandó el comisario Sautú se agregaron algunos empleados y familias requeridos en la punta de rieles. Viajaron el albañil de la gobernación José Bustos, el herrero Francisco Rubio y los peones Julio Ramírez y David Roa, entre otros.

Cuando se revisan los gastos de agosto y setiembre, se detectan otras compras de la mudanza, previsiones para el traslado de presos y algunos inconvenientes que se suscitaron durante los viajes. Por ejemplo el registro de 30 pesos “pagados a Silvestre Avin por el flete de 8 caballos durante 10 días como auxilio al convoy que conducía el archivo de la gobernación de Chos Malal a Confluencia…” o bien este otro: los 29 pesos destinados “a la librería J. Vázquez y Cía por la prensa para copiar por haberse roto en la mudanza”. Un tercer inconveniente lo descubre el pago de 51 pesos “a Carlos Schwabs por 3 toneladas de alfalfa por mulares de un convoy detenido en Tilhue”. Hubo numerosos pagos menores, como los 30 pesos pagados a Juan Canedo por 20 esposas para el traslado de los presos, los 6 que cobró Luis Rouret por dos faroles y repuestos para la marcha, o 2,70 que costó la soga cordel provista por Enrique Dewey.

El telegrama que motivó la apertura del Expte. 3442 -año 1904 del Ministerio del Interior (A.G.N.)- y despachó el go

bernador interino Eduardo Talero desde Chos Malal el 25 de julio (lo recibió Joaquín V. González cuando Sautú marchaba en la travesía), proponía reemplazar al renunciante comisario Cesar Lozano por Sautú, que ya había sido comisario de órdenes entre 1895 y 1894. Este nombramiento se decretó el 1° de agosto con la firma de González y Roca. A fines de ese mismo año Sautú renunciaría. El expte. 5981- A.G.N. da cuenta del reemplazo por Alberto Pizarro y el ascenso de Angel Schapiro a jefe de la oficina de marcas, todo rubricado por el presidente Quintana el 30/12/1904.

 

El chalet erguido

 

Las aguas iban a jugarle una mala pasada al gobernador Carlos Bouquet Roldán y sus planes. Desde el 7 de julio que, según La Nueva Provincia, comenzó a erigirse el chalet de madera de la gobernación, hasta el 29 de julio cuando La Nación informó que las paredes exteriores y el techo ya estaban listos, hubo desbordamientos de los ríos a los que el matutino porteño no aludió.

Curiosamente La Nueva Provincia, con corresponsal fijo en la Estación Neuquén, publicó varias alarmas de inundación. ¿Quién era ese corresponsal? Sus denuncias por los desbordes de los ríos de la Confluencia provocarían una desmentida de Bouquet Roldán , y era también quien publicaría el único dato de la existencia de una mujer que acompañaba al gobernador.

Pero sus buenas crónicas serían interrumpidas para la fecha de la inauguración de la nueva capital, ya que el diario bahiense (en el que estaba asociado el estanciero Ramón A. López Lecube, el colindante de Casimiro Gómez en la Confluencia y uno de los invitados de honor a la gran celebración del 12 de setiembre) iba a destacar al enviado especial Germán Vega.

El corresponsal del lugar era nada menos que el notorio pionero Arsenio B. Martin, y firmaba “Corresponsal”. Según el enviado Vega en oportunidad de las jornadas fundacionales, “el señor Martin tiene el cargo de corresponsal de este diario (por La Nueva Provincia) en el Neuquén; es de temperamento luchador, activo, carácter abierto y un amigo en toda la extensión de la palabra”. Vega también sabía que el corresponsal estaba a la vez a cargo de la agencia de cargas y comisiones de Augusto Grobly (traductor de inglés). Martin a su vez era representante de “las casas de Pedro y Antonio Lanusse de Buenos Aires y de Antonio Lanusse y Olaciregui de Bahía Blanca y emprendía recorridas cordilleranas por negocios ganaderos de clientes.

Pero su ascendente prestigio se interrumpió menos de 8 meses después de la inauguración de Neuquén capital. El 8 de mayo de 1905 -por nota 1096 obrante en el Archivo Histórico Provincial-, el jefe de policía del Territorio Rodríguez Spuch le comunicó al gobernador interino Eduardo Talero (el gobernador estaba en Buenos Aires) la detención “en calidad de incomunicados de los sujetos Ignacio Rivas, Arsenio B. Martin y Javier Pueyo”. Martin iba a pasar 2 años en la cárcel, pero a poco de salir, arruinado patrimonialmente, un condolido Abel Chaneton lo hizo empleado municipal.

Vale la pena seguir las detalladas crónicas de Arsenio B. Martín sobre el desborde de los ríos que amenazaron a la nueva capital poco antes de fundarse.

(Continuará)

Francisco Juarez

fnjuarez@sion.com


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