La Navidad que iguala, pero no tanto a la hora de la mesa



Turrones, panes dulces, garrapiñadas, almendras, budines, frutas enlatadas y muchos colores invadieron las góndolas de los supermercados. Llega el fin del año y todas son propuestas que llegan a todos los bolsillos. Es que hay canastas estimadas para todos, donde lo que varía es la calidad. Si la sidra es de una marca u otra puede significar un salto de precio significativo. El pan dulce tiene también estas cosas de ir de un extremo al otro según sea el que se elija.

Y ni hablar de la bebida, toda con alcohol, que se elige para la Navidad o el Año Nuevo. Si el envase es de vidrio tiene un precio, si es de plástico tiene otro. Lo real es que todos, incluido el que escribe, vamos siempre detrás del mundo de la oferta y la demanda. Nadie puede correrse del escenario cuando llegan las fiestas y todos ponen un poco para que sea más completa.

El valor de la Navidad pasó a segundo plano en muchos hogares, nos juntamos a comer y a tomar, como si eso fuera el centro de la celebración. Y así funciona la rueda. Yo pongo la bebida, vos ponés el chivo y los demás los postres. Porque se multiplica y se habla en plural y si hay carencias se notan poco. Los que menos pueden y menos tienen acomodan su bolsillo, la cuestión es que haya para las fiestas, porque en definitiva es la misma Navidad la que nos iguala.

Pondremos una u otra cosa a la mesa, pero la Navidad es tan suya como mía, tan de todos porque es lo único en donde no perdimos el privilegio de pertenecer.

Si no alcanza para el lechón tal vez sí alcance para el pollo y si no alcanza para nada será el resultado de las eternas desigualdades.

La navidad viene cargada de propuestas, de colores, de tentaciones, no todas al alcance de todos, pero llega para todos. La cuestión es que al menos por un instante, entre comidas y bebidas, podamos al menos agradecer por el brindis, por estar, por seguir adelante, y pedir por los que no tienen.


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La Navidad que iguala, pero no tanto a la hora de la mesa