La neutralidad de los artefactos y la masacre de Aurora

Por Redacción

VLADIMIR L. CARES, FERNANDO LÓPEZ Y PABLO CARES (*)

Todos conocemos para qué sirve un martillo. Si nos preguntaran acerca de ello rápidamente diríamos que lo usamos para simplemente clavar clavos. Pero de tiempo en tiempo aparecen noticias en los medios de comunicación que nos informan que una persona fue agredida por otra con un martillo. Este uso extemporáneo del mismo como arma se explica diciendo que ha sido usado incorrectamente. El martillo, en tanto artefacto, no es ni bueno ni malo, moralmente hablando. Lo bueno o malo de su uso está en la persona que lo manipula, continúa la explicación. Hasta aquí nos parece estar en presencia de un argumento impecable. Si pudiéramos generalizarlo para cualquier herramienta podríamos decir sin temor algo como lo siguiente: “Los artefactos no matan ni hieren, los humanos lo hacen”. Una expresión de este tipo refleja muy adecuadamente la llamada tesis de la neutralidad tecnológica. Un objeto en tanto tal, es. Su buen o mal uso depende de la acción que realiza siempre un humano, la cual sí puede ser catalogada como moralmente buena o mala. Una variante de la tesis de la neutralidad tecnológica ha sido propagandizada por una organización insospechada de sutilezas intelectuales, la Asociación Nacional del Rifle (ANR) de Estados Unidos. Creada a mediados del siglo XIX, la ANR se presenta a sí misma como la principal defensora de la vigencia de la Segunda Enmienda a la Constitución norteamericana (1791), que habilita a los particulares el derecho de poseer armas. En la práctica la ANR oficia de poderoso lobby contra todo intento de legislar en la Unión en un sentido tal que pudiera limitarse la posesión y uso de armas. Para ello utiliza todo el poderío de sus casi cinco millones de miembros diseminados por todo el país ofreciendo, además, cuantiosas donaciones a los partidos políticos norteamericanos, principalmente al Republicano. El eslogan que la ANR repite de manera permanente es el siguiente: “Guns don’t kill people. People kill people” (Las armas no matan. La gente mata a la gente). Estados Unidos es pródigo a la hora de ofrecer luctuosos hechos de violencia. Como al pasar recordemos las masacres de la escuela secundaria de Columbine (1999) y de la Universidad de Virginia Tech (2007), o el reciente tiroteo en un cine de la ciudad de Aurora, Colorado, que arrojó un saldo de 12 muertos y más de 50 heridos. En todos estos casos las víctimas fueron alcanzadas por los disparos de personas que habían adquirido las armas utilizadas de manera absolutamente legal, amparados por la 2ª Enmienda. La explicación viene siempre de la mano del “Guns don’t kill…”, que se repite una y otra vez. El conocido actor Charlton Heston (presidente de la ANR durante varios años), refiriéndose a los hechos de Columbine, donde un adolescente disparó contra sus compañeros de escuela, expresaba cínicamente: “No es cierto que las armas maten, es sólo un problema de chicos inadaptados”. Un argumento similar usó el senador republicano por Kentucky Paul Rand en referencia al tiroteo acaecido en Tucson, Arizona, en el 2011: “Probablemente el análisis de lo ocurrido deba pasar por el hecho de que el autor del crimen sea un individuo muy enfermo y, además, por todo aquello que debió hacerse con esa persona. Las armas no matan personas. Es un individuo el que lo hace” . ¿En qué quedamos entonces? ¿Se pueden asignar valores morales a un artefacto? ¿Cuál es la responsabilidad moral de los diseñadores y fabricantes de artefactos? Si la tesis de la neutralidad tecnológica es cierta, los ingenieros u otros profesionales que hayan participado de la elaboración de los artefactos estarán a salvo de cualquier recriminación ética. Ellos no serían responsables del uso erróneo que pueda hacerse de tal o cual objeto tecnológico. Pero si la tesis es errónea, se abre un sinnúmero de dilemas éticos y políticos que deberán resolverse oportunamente. Enumeremos algunos argumentos generales en contra de la neutralidad tecnológica : • Los diseñadores de artefactos no prevén que éstos puedan ser usados aleatoriamente para buenos o malos usos; por el contrario, se especifica claramente para qué y cómo deben ser usados (plan de uso). Como ejemplo pensemos en la tristemente célebre picana eléctrica. Sería muy difícil explicar que este aparato sólo adquiría su mala reputación cuando caía en las manos equivocadas. • La aparición de nuevos artefactos siempre conlleva maneras de actuar que previamente no existían, las que darán invariablemente lugar a la aparición de cuestiones éticas a discutir (técnicas de clonación, por ejemplo). • Los artefactos, aunque posean funciones específicas, pueden tener adosado un conjunto importante de efectos no deseados (el uso de automóviles satisface la necesidad de transporte pero a costa de incrementar notablemente la polución ambiental). Si consideramos que un artefacto puede ser especificado por su función, por su estructura física y por su plan de uso, entonces la tesis de la neutralidad tecnológica pierde sustento. Ya que la función y el plan de uso están vinculados íntimamente con las metas humanas perseguidas y éstas, por su propia naturaleza, siempre implican valoraciones de carácter moral, no existen motivos que justifiquen la pretensión de neutralidad valorativa de un artefacto. Irónicamente, esto lo comprende muy bien el mayor general W. H. Rupertus, del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, quien en la introducción al manual de instrucciones del rifle M16 (similar al usado por el supuesto autor de la masacre de Aurora) en el poema (de alguna manera hay que llamarlo) “Mi rifle” expresa: “Éste es mi rifle. Hay muchos como él, pero éste es mío. Mi rifle es mi mejor amigo. Es mi vida. Debo disparar antes que mi enemigo que trata de matarme. Mi rifle es humano, como yo, porque es mi vida. Aprenderé de él como un hermano. Seremos uno para el otro. Ante Dios juro este credo. Mi rifle y yo somos los defensores de mi Patria. Así, hasta que la victoria sea de América y no haya enemigos sino paz”. (*) Docentes de la cátedra Tecnología y Desarrollo Humano en la Universidad Nacional del Comahue