La nieta del poeta Eduardo Talero pide por el castillo de las leyendas

La torre de lo que fue el paraje La Zagala está en pésimo estado. Martha Ruth ha rescatado versos y piezas del escritor colombiano-argentino.



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La fachada histórica de la casa de los "fantasmas", en el corazón de Valentina Sur La mujer que reside en Buenos Aires pero que "vive con Neuquén" volverá en marzo, cuando maduren las uvas.

NEUQUEN(AN).- Martha Ruth Talero está enamorada de su abuelo Eduardo, el poeta. Lo describe con pasión, reproduce sus versos perdidos, camina por donde seguro que él caminó y se emociona con cada espacio que el abuelo ha de haber tocado. Tanto como del poeta, Martha está enamorada de Neuquén, del Limay y del viento.Por todo esto es que le duele el pésimo estado en que se encuentra el castillo de La Zagala, la torre de Talero, escenario de la leyenda de la dama de blanco y edificio es

cencial de la ciudad recién centenaria.

Lo cierto es que el edificio de los fantasmas está enclenque y que hacen falta unos cuantos pesos para sostenerlo y restaurarlo como corresponde. Martha tiene confianza y dice que tanto el intendente como el gobernador se han comprometido con la casa de la torre, la histórica torre de Talero. Por estos días, trabaja en la recopilación de escritos, de piezas, libros y muebles con las que espera realizar una gran muestra en honor al abuelo. Talero ha dejado mucho más que el castillo en estas tierras.

¿Quién fue Talero? Eduardo Talero Núñez nació en Bogotá en 1874 y falleció 46 años después en Buenos Aires, de tuberculosis. Llegó a Neuquén a fines de 1800 y aquí fue secretario general de la Gobernación, gobernador interino, concejal y subdirector de justicia.

“Hace dos años conocí la Cordillera del Viento… ¡qué emoción! Conocí Chos Malal, siempre quise pero no me animaba, pensaba que me iban a odiar porque abuelo trabajó para que se haga el traslado de la capital, si Alfonsín se llevaba la capital a Viedma yo lo hubiera odiado”, dice Ruth.

A media tarde del viernes, Martha camina entre los yuyos que rodean la casa del poeta. Obra rara por estos lares: de roca y de piedras, de lajas y barro. Y con forma de castillo, por la torre que luce como un corona. Es viernes, decíamos, el viento mueve el colchón de hojas de un sauce que tiene cien años y al cabo de un remolino made in Neuquén la tierra suelta pica en los ojos y se cuela en los zapatos. El periodista maldice bajo. Martha sonríe. Dice que el viento es su energía, que en Buenos Aires -donde está su casa- se apachurra, anda “medio depre” y que definitivamente no es la que es aquí. Pasó la ráfaga y Martha Talero habla de su abuelo y de la dinastía de los Talero. Habla de su obra, de sus inquietudes, de sus escritos, de su relación con Rubén Darío y Blasco Ibáñez y de lo mucho que trabajó por su lugar en el mundo. Está claro que Talero es un auténtico prócer neuquino y no hay tantos en la galería. Martha trabaja en la recopilación de la historia de su abuelo y de su obra escrita, regada en diarios y revistas de aquella época y otras muchas letras con forma de diario de viaje. Hay una muestra general que está autorizada y que incluso puede ser declarada de in

terés por el Senado.

Mira la casa que fue de su abuelo y de su padre, y de otras gentes. Está averiada. Hay huecos que chorrean salitre, grietas, marcos chuecos y puertas rotas. Las maderas del primer piso tiene hendijas por las cuales se ve la planta baja y hay olor a veneno. Peor son las pulgas. “Mi sueño es que se la recupere, fui feliz en esta casa y fue feliz mi familia. Podría deprimirme pero no. Prefiero planear el viaje de marzo, cuando las uvas estén maduras”, es elocuente.

El abuelo poeta era sobrino de un político colombiano que cuatro veces fue presidente. Eduardo Talero salió de Bogotá expulsado por revolucionario cuando su tío ya no estaba en el poder. Se tuvo que ir porque su destino era un cara a cara con el pelotón de fusilamiento. Y recayó en Argentina, vivió la bohemia de la literatura en Buenos Aires y luego rumbeó al Neuquén. Curioso destino para este revolucionario: llegó a ser jefe de Policía en Argentina. Martha sabe todo. Se habla de sus amores: “Era un caribeño de sangre caliente, pero mi abuela (Ruth Reed) era un sargento muy difícil de esquivar”, dice la nieta y promete revelar escritos apasionados.


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