«La nouvelle economie» y «le nouveau ordre international»

Por Fancisco Tropeano

La fiebre del oro de la alta tecnología ha invadido las bolsas de valores, y la fiebre ideológica del neoliberalismo invadió hace más de dos décadas parte del mundo anunciando el «Nuevo orden internacional». Ambos forman parte de la «Nueva economía». El capitalismo habría encontrado, por fin, en la alquimia de la ilusión, la fórmula de su futuro en equilibrio sin crisis recurrentes y sólo con una «desocupación técnica» del 5% de su mano de obra. Esta nueva economía habría comenzado a concretarse en los Estados Unidos y debería expandirse a todo el mundo. El crecimiento sería exponencial en todas las actividades vinculadas con las «autopistas virtuales» de las redes y la galaxia de Internet, con su comercio electrónico en franca y explosiva expansión, cambiando el contenido de todo: en la economía, en la política, en la cultura, en la ideología (con fin anunciado), en los valores éticos, todo lo cual anunciaría un futuro de prosperidad para todos y no el que avizora Alvin Toffler, de «Shock y crisis moral» («Río Negro» 23/3/2000). Las perspectivas de crecimiento parecen enormes y resurge ahora el «nuevo orden económico internacional», con el dominio de las corporaciones informáticas, que sin esfuerzo, sin trabajo, sin producción (todo a futuro) crearán valores -como lo están haciendo dicen- hasta alcanzar el enriquecimiento global. Estas falacias y fantasías no creo que duren más allá del ciclo de crecimiento económico de los EE. UU. y sus bolsas de valores, que presagio en una ruidosa caída. Se ha dicho que las revoluciones políticas devoran a sus mejores hijos, pero las económicas pueden devorar a millones de hombres.

Durante el año pasado, un puñado de empresas multiplicó por 100 el valor de sus acciones (sus títulos), pero no son sus ganancias, y la American On Line (AOL) lo multiplicó por 800 sobre los valores de 1992. Tampoco nada que ver con sus ganancias. Las ganancias se producen en las alquimias especulativas de la Bolsa de Valores (ver interesante nota de Carlos Abalo en «Río Negro» del 13/2/2000). Entonces ¿para qué producir bienes materiales de uso? El «fetiche tecnológico» ha oscurecido más el origen del valor y ha turbado la mente de muchos pensadores, que llegan al extremo (pero con cuestionamientos) de plantear como lo hace Toffler (nota citada) afirmando que la economía clásica es obsoleta y sin credibilidad, a menos que incorpore «…la importancia de los intangibles». Está fresca en nuestra memoria «el grado de valorización (¿quién se lo dio?) de los intangibles» que mostraba el balance de Alpat SA según denuncia del «Río Negro» en varias ediciones (un verdadero monumento patagónico a la corrupción).

La cuestión que preocupa es que el mundo en 1999 presentaba, según un reporte de las Naciones Unidas mencionado por Nelson Mandela (nota en «Río Negro» del 10/1/2000), el siguiente cuadro de desarrollo humano y social: «Las oportunidades y recompensas de la globalización se están extendiendo desigual e inequívocamente, concentrando el poder y la riqueza en un grupo selecto de personas, naciones, corporaciones, marginando a los demás». «Cuando los motivos lucrativos de los jugadores del mercado pierden todo control, representan un reto para la ética de la gente y sacrifican el respeto por la justicia y los derechos humanos».

El informe consigna estos datos: los primeros cinco países tienen el 86% del PBI; los últimos 5 países apenas el 1%. Los primeros 5 países dominan el 82% de los mercados mundiales de exportación y el 68% de la inversión extranjera directa, mientras los últimos 5 apenas el 1% de cada uno de estos conceptos. Y agrega Mandela, del mismo informe: «Si en todo el mundo 1.300 millones de personas viven con menos de 1 dólar diario y 3.000 millones con menos de 2 dólares por día; si 1.300 millones no tienen acceso al agua limpia; 3.000 millones no tienen acceso al servicio de sanidad; 2.000 millones carecen de acceso a la electricidad». Si todo esto es así, ciertamente, agrega Nelson Mandela, «no podemos continuar nuestras vidas como acostumbramos».

Este es el nuevo orden económico internacional que sostienen, defienden y además amplían todos los días los ideólogos de la llamada «nueva economía». Por lo tanto, debemos convenir que no existe ni el primero, ni la segunda. Lo que existe es un mundo cada vez más desigual y más caótico en el sentido de la disgregación social y ética, y este shock que avizora Toffler ya lo tenemos, no es para el futuro. Lo que sí existe, en mi opinión, es una crisis del capitalismo mundial en todas las esferas de la vida. Sí existe el ciberespacio de los cibermultimillonarios y los cada día más ciberpobres y miserables del mundo.

No cabe duda de que se ha producido una fabulosa acumulación, por sofisticados medios de dominación financiera mundial, desde los centros del poder imperial, con mecanismos cibernéticos en una globalización que desarticula a las naciones-Estados y los «ajustes» al nuevo orden mundial para que los flujos financieros de todos sus «comisionados» u «operadores» en los distintos países (bolsas, fondos de inversión y pensiones, bancos, empresas multinacionales, etc.) destruyan las políticas públicas, en convivencia con las agencias reguladoras del capitalismo internacional, en un disciplinamiento globalizado del sistema.

Casi sin resistencia, por los Estados y sus políticos en el poder. En forma instantánea se apropian de la plusvalía generada por millones de seres humanos de todo el mundo. Lo que antes se lograba en años, ahora se logra en pocos minutos, con los mecanismos informáticos, sistematización, alternativas de posibilidades y dirección centralizada. Esto es lo que hace creer «fetichizar», «idolatrar», a los héroes cibernéticos del espacio o «superhombres» que hacen crecer riqueza «virtual» en vez de decir que se apropian de riqueza por medios virtuales (tales como Bill Gates, Jeff Bezos, George Soros, etc.)

Ellos son la nueva economía que crea valor de la nada. Claro que para poder hacer esto se reclama a todos los países la apertura irrestricta de los mercados del mundo; el fundamentalismo de mercado, con el apoyo ideológico del neoliberalismo. El mundo entero es el gran mercado cibernético. Entre los trabajadores cibernéticos explotados de Asia, de Europa o de los EE. UU., como son por ejemplo los peones electrónicos del Grupo Amazon de Jeff Bezos, con jóvenes cuya productividad se mide por mensajes cada hora para alcanzar el estándar fijado y, si no es superado, se los despide, controlándose también el tono de voz, también electrónicamente. Todos estos sectores han roto la relación de clase de las líneas del «Fordismo» o del «Taylorismo». Se crea sólo la relación con el ejecutivo que «crea valor» en la Bolsa de New York, Tokio o Londres, da lo mismo. Esta es la modalidad de una «economía virtual», que no puede ni podrá desplazar a la economía real, a pesar de la «fascinación cibernética» que permite comprar un bien por on line, pero que no puede cambiar la naturaleza de éste, ni la necesidad previa de fabricarlo, aun con robots, a los que también hay que fabricarlos. Sin producción previa no hay on line que valga. Pero sin duda esto impacta en la vida cotidiana.

No dudamos de la complejidad en la comprensión de estos hechos, que hay que reflejar en conceptos nuevos, reelaborar explicaciones, sin las «fantasías» que muchos pícaros o imbéciles usan como apología del «orden todopoderoso». También acarrean cambios en la conciencia social y en el ámbito del análisis económico, con nuevas y profundas contradicciones que se profundizan en el sistema.


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