“La patria nos necesita”



A doscientos años de la Declaración de la Independencia en San Miguel de Tucumán, necesitamos hoy en esta Argentina decadente “una valerosa toma de conciencia en lucha contra los mercachifles de los intereses del Estado, de los políticos trepadores y corruptos y de los agiotistas que entorpecen la libre marcha del país”.

Tenemos el ejemplo liminar de los próceres que desde la nada hicieron todo para legarnos una nación libre e independiente, y a lo largo de nuestra historia solo hemos conseguido desangrarnos en luchas fratricidas, agrios enconos y, lo que es peor, se ha instalado la más hiriente indiferencia que permite a personajes inescrupulosos y venales ocupar espacios de poder. Abrigados al amparo de los cargos políticos o públicos se enferman de soberbia (no todos porque no es bueno generalizar) y no se dan cuenta de la advertencia del general José de San Martín cuando dijo que “la soberbia es una discapacidad que suele afectar a los infelices mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.

Antes que perder el tiempo en debates rampantes y patéticos en los medios de comunicación, el gran desafío que se tiene por delante es refundar la República conformando un gran acuerdo nacional entre todos los sectores que conforman nuestra sociedad o un Pacto de la Moncloa acorde a las necesidades argentinas.

En un mundo dinámico y en constante transformación con un poder concentrado que toma las grandes decisiones a nivel global, es necesario situar a nuestro país en ese contexto para desarrollar nuestras potencialidades y obrar en consecuencia. Sin un programa estratégico propio seguiremos dando vuelta en la calesita de los escándalos, de la superficialidad de ideas, del desencanto y de la desesperanza.

El pueblo está harto de escuchar a la clase política proponer soluciones y lo percibe impotente para enamorar con propuestas y elaborar objetivos que hagan a la grandeza nacional. Aparte de las ideas, algo se les ha perdido en el camino. Los viejos valores morales, la impotencia del no se puede, el orgullo de ser argentinos, la austeridad como conducta de vida, el apego a valores trascendentes, la audacia de poner en marcha un país con objetivos y en especial el desafío de ser nosotros mismos.

Falta la osadía que tuvieron los mayores. Por algo Nietzsche decía que “amaba a quienes no saben vivir de otro modo que hundiéndose en el ocaso, porque son los que pasan al otro lado”. Y los argentinos hemos perdido esa voluntad patriótica de pasar al otro lado, de estar más allá de las banalidades mediáticas, de la corrupción de la clase dirigente, de la eterna y perpetua “durmienda” de la justicia, de la envidia generalizada de los mediocres, que al decir de Quevedo, en esta República “va tan flaca y amarilla porque muerde y no come”.

Hay que abrir las esclusas de la historia, recuperar las grandes gestas libertarias, delinear nuevos “planes de operaciones”, recuperar la memoria de nuestros fracasos para no volver a repetirlos, repensar un país federal en serio, afianzar la justicia y volver a los valores éticos que marcaron la vida de los grandes hombres y mujeres que fueron ejemplos de talento, austeridad y sentido de pertenencia a una patria que les dio todo.

La construcción de la Argentina que tiene que venir debe ser cotidiana y responsable, con respeto hacia el que piensa distinto, plural, laboriosa, con independencia de poderes, donde cada uno “sea artífice de su propio destino “y del interés general.

Que esta patria no sea como decía el poema, “un dolor en el umbral”, sino “una provincia de la tierra y el cielo”. Y entre todos debemos construirla.

Jorge Castañeda

“Sin un programa estratégico

propio seguiremos dando vueltas en la calesita

de los escándalos,

de la superficialidad de ideas, del desencanto

y de la desesperanza”.

Jorge Castañeda

Valcheta

Datos

“Sin un programa estratégico
propio seguiremos dando vueltas en la calesita
de los escándalos,
de la superficialidad de ideas, del desencanto
y de la desesperanza”.

Comentarios


“La patria nos necesita”