La peonza

Redacción

Por Redacción

La semana en San Martín de los Andes

Fernando Bravo rionegro@smandes.com.ar

Por esas curiosidades de la imprevisión argentina, San Martín de los Andes está próxima a inaugurar una obra multimillonaria, que de momento nadie sabe con qué dinero habrá de funcionar y sostenerse en el tiempo. Las dos modernísimas plantas de tratamiento de efluentes ya concluidas, demandaron una inversión superior a los 90 millones de pesos. Sólo restan detalles para recibir las obras, una en el área Lácar y la otra en tierras cedidas por el Regimiento Cuatro. De modo complementario a la planta por reactor biológico ubicada en la costa del Lácar, que será duplicada en espejo, esos emprendimientos permitirán absorber las necesidades de saneamiento de la ciudad por otros 20 años. A la vez, cuidarán el vital recurso turístico del lago y su aptitud para los bañistas (el agua para consumo humano se toma desde la cuenca Lolog-Quilquihue). Pero entre el entusiasmo del proyecto, nacido hace diez años, el inicio de obras y la inminente inauguración, poco se hizo para garantizar el futuro funcionamiento. Según las estimaciones de la Cooperativa de Agua Potable, que tiene la concesión del servicio de agua y saneamiento, las plantas agregarán unos 470.000 pesos mensuales de costos operativos, para desquicio de sus cuentas. El traslado directo a las tarifas implicaría un aumento del 40% para los vecinos, lo que resultaría políticamente inviable. Sin plata adicional o subsidios, la prestadora quedaría en virtual cesación de pagos en cuatro meses, a contar del momento en que inicie la operación del renovado sistema. La cooperativa viene abriendo el paraguas desde hace tiempo, con señales de alarma al poder político. Pero no es que el gobierno kirchnerista del intendente Fernández haya ignorado las advertencias, sino que recién hace unas semanas le puso ese tipo de empeños que sólo es hijo del apremio. Es el apuro de sentir el agua al cuello, aunque en este caso se trata de otros líquidos. En la misma línea de actos con sabor a “déjà vu”, el intendente salió a pedir plata o especias, que para el caso es lo mismo. Desde el gobierno nacional le dijeron que se olvidase de subsidios o similares, teniendo en cuenta que los 90 millones de inversión para las obras ya han salido del bolsillo federal. Suena razonable. Con esa puerta cerrada, Fernández renovó las gestiones con la provincia en sintonía con otras conversaciones previas sobre el mismo tópico, que hasta entonces habían tenido apenas la virtud de la exploración. Pero esta vez fue a la capital provincial urgido por tener una obra de 90 millones lista y con las cintas sin cortar, nada menos que en vísperas de elecciones. Sería vergonzoso inaugurar las plantas en videoconferencia con la presidenta, para detenerlas unos días después. El gobierno provincial dijo “ni”. La administración Sapag es consciente de que algo deberá poner en este lío, pero quiere asegurarse de que Fernández no le cargue todos los costos. En otras palabras, podría haber un “mix”: tarifa eléctrica subsidiada desde el EPEN, puesto que la electricidad es el principal insumo de las plantas; algún achique de la cooperativa sobre sus costos, y un ajuste en las boletas que paga el vecino, cuya factura política deberá correr por cuenta del intendente y los concejales. El problema es que con niveles inflacionarios como los actuales, la tarifa final al usuario se convierte en el eslabón más débil de la cadena. Por caso, dos de los servicios esenciales concesionados por la comuna, como son el transporte de pasajeros y el propio sistema de agua, ya vienen corriendo de atrás. Y en algunos casos con costos en dólares… La peonza de la suerte está girando, pero es muy probable que caiga del lado que tiene la leyenda “Todos ponen”.


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