La Plata no vibra, late…

Gimnasia se salvó y ahora toda la presión se cruzó a la vereda de Estudiantes.





En La Plata se habla fútbol, se respira fútbol. Desde hace varias semanas, La Plata es un microclima especial para los amantes del deporte más popular del mundo. La Plata, hoy por hoy, es la capital del sufrimiento y el goce, una metrópolis acostumbrada a los sueños y las proezas.

La hazaña de Gimnasia ante Atlético Rafaela destruyó los «maléficos» planes de un grupo de hinchas de Estudiantes que ya habían organizado un asado con cotillón en el predio de City Bell, previendo el descenso del odiado primo. Desde ya, debieron archivar los afiches y las cargadas y ahora rezan para que el Pincha no se vuelva con las manos vacías del Mineirão, donde mañana (21:50) afrontará los últimos 90´ de la final con Cruzeiro.

Estudiantes buscará en Brasil ponerle el marco a un proceso exitoso que arrancó hace unos cinco años, cuando el equipo de «Mostaza» Merlo peleó el torneo local, que se reafirmó con la vuelta del prócer JS Verón en junio de 2006, que se tornó realmente serio con la consagración en el Apertura ´06, arrebatándole a Boca un torneo increíble, y que ahora intentará quedar en la historia si consigue el «treta» en la Libertadores (también perdió la final de la Sudamericana ´08).

Dar la vuelta olímpica en el Mineirão parece una tarea tanto o más difícil que la conseguida por el Lobo ante la Crema, al convertirle tres goles el domingo.

Si bien el Pincha fue superior en el primer cotejo (0-0), y transformó en figura al arquero Fabio, la historia dice que para los equipos argentinos el mítico estadio es un karma, al punto que sólo dos conjuntos lograron ganar allí en los últimos 34 años: el Vélez de Osvaldo Piazza en la final de la Supercopa ´96 (1-0, gol de penal de Chilavert) y el Boca de Ischia, en la Libertadores de 2008 (2-1, Palermo y Palacio).

El «clima» cambió completamente en La Plata desde el domingo a las cuatro y pico de la tarde, desde que Niell metió su segundo frentazo demoledor.

Hasta ahí, los Pinchas se regodeaban con la desgracia de su vecino, gozaban como aquel 25 de junio de 1995, cuando Independiente le arrebató al Lobo el sueño de ser campeón, justo en la misma época que a ellos los encontraba festejando la vuelta a Primera. Ahora la presión se trasladó de vereda. Estudiantes puede rubricar de la mejor forma un proceso conciensudo y ejemplar.

Si no lo logra, el regodeo será Tripero. Aunque bien se puede aprender de las palabras de Madelón: «En una ciudad donde el rival eterno tiene varias copas, no hay que envidiar al vecino. Hay que copiarle las cosas buenas y superarlo».


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