La presión tributaria sigue por encima de la del 2011

De acuerdo con un estudio privado, un trabajador resignaría hasta un tercio de su salario para pagar el impuesto a las Ganancias.



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Pasan los meses y la época del crecimiento a tasas chinas, de los superávits gemelos (fiscal y comercial) y de una relación inversión/PBI del 24% se convierte en un recuerdo cada vez más lejano. Además, dada la coyuntura económica tanto interna como externa, resulta prácticamente imposible creer que se vuelva a la economía del primer quinquenio de la administración Kirchner.

La decisión por parte del gobierno de no aplicar este año una suba en el mínimo no imponible de Ganancias es una confirmación más de que la desaceleración de la actividad económica está afectando seriamente su capacidad de financiamiento. Y también se hace sentir en el consumo, la variable en la que muchos depositan las esperanzas para evitar una caída mayor.

Tal vez por esto, y por el fuerte retroceso de la inversión en el segundo trimestre del año, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció que exceptuaría del impuesto a las Ganancias de manera extraordinaria y por única vez la segunda cuota del aguinaldo que se debería cobrar en diciembre. Pero este “premio de fin de año” no es para todos. El Poder Ejecutivo decidió aplicar algún principio de política redistributiva puesto que la iniciativa regirá para aquellos que tengan un salario bruto mensual de hasta 25.000 pesos. La eximición alcanzaría a 2,1 millones de trabajadores, es decir el 92,5% del total de asalariados comprendidos por este tributo.

Prohibido ahorrar

El beneficio más destacado de este anuncio sería la liberación de una parte de la retribución a los asalariados para aumentar el gasto en bienes y servicios, aparentemente el único destino contemplado por el gobierno. Para éste, los fondos que se volcarían al mercado superarían los 2.100 millones de pesos.

Esta transferencia de recursos desde el sector público hacia el privado luego volvería al primero a través de una mayor recaudación de otros impuestos como, por ejemplo, IVA e Ingresos Brutos. Siempre suponiendo, como lo hace el Estado, que la mayor cantidad de dinero disponible vaya a gasto y no a fuga de capitales.

Más allá del impacto final sobre el nivel de ventas durante las próximas Fiestas, esta medida aislada no es más que un anticipo del debate que tendrá lugar en los primeros meses del 2013, cuando se discuta –entre otras cosas– cuál será el incremento que se aplicará al mínimo no imponible, aunque cualquier modificación de Ganancias (mínimo no imponible, topes para las deducciones, etcétera) se trataría en las paritarias. Sin embargo, debería analizarse en el marco de una discusión más amplia que apuntara a una reforma tributaria, una demanda que distintos sectores vienen planteando desde hace años. Ésta debería tener siempre presente el objetivo principal de disminuir la regresividad del sistema impositivo y contribuir a una mayor equidad con justicia redistributiva.

Más dinero a fin de año

¿Cuál es el beneficio para los trabajadores? El ejemplo dado por la AFIP supone un trabajador soltero con un salario neto de 10.000 pesos que sin los cambios recibiría en diciembre un aguinaldo aproximado de 3.900 pesos. Con la excepción, dicho monto alcanza los 5.050 pesos. En el caso de un empleado que gana 7.000, en diciembre recibirá alrededor de 490 pesos más.

En el extremo superior, quien percibe un salario neto de 20.000 pesos contará a fin de año con 3.700 pesos adicionales.

Para una persona casada y con dos hijos que percibe un salario neto de 14.900 pesos la medida implicará un ahorro de 2.000.

Cuánto va al Estado

De acuerdo con un estudio realizado por el Ieral de Fundación Mediterránea, “en el caso de un trabajador soltero que obtiene un salario bruto de 15.000 pesos la medida implicaría un ahorro de 1.680 pesos, lo que equivale a sólo un tercio del ahorro que se hubiera producido si el gobierno hubiera establecido un incremento del 25% en las deducciones del impuesto”.

Para el caso de un trabajador casado con dos hijos, el informe detalla que “el ahorro será de 1.430 pesos, equivalente a un 20% del monto que hubiera logrado con el ajuste en las deducciones al ritmo de la inflación”.

En el mismo trabajo, el Ieral analizó cuál sería la porción del aumento salarial de la que se apropiaría el Estado en concepto de impuesto a las Ganancias.

Para ello partió del supuesto de que los trabajadores recibieron un aumento del 29% en las paritarias de este año. Al respecto es paradigmático el caso de un trabajador casado con dos hijos que en el 2011 percibía un salario bruto de 15.000 pesos y que, con el crecimiento promedio de los salarios mencionado, este año percibe 19.350 pesos. “Bajo la situación en que no se realizaba ningún ajuste a los conceptos que determinan el pago de Ganancias, el Estado se hubiera quedado con un 23,3% del aumento que obtuvo el trabajador en el año”, indicó. ¿Qué cambia cuando la segunda cuota del aguinaldo resulta exenta del pago de Ganancias? El porcentaje del salario con el que se queda el Estado disminuiría al 18,9%. Esta transferencia a las arcas nacionales desde el sector privado, según el Ieral, todavía está muy por encima de aquella de la que “se hubiera desprendido –el trabajador– de aumentar las deducciones en un 25%, situación en la cual el fisco se hubiera quedado con el 9,9% del aumento salarial del año”.

Si el mismo ejercicio se realiza para el caso de un trabajador soltero, éste hubiera cedido un 26,5% del aumento salarial de este año en el supuesto de que no se hubieran realizado modificaciones. En este caso, el efecto de la medida anunciada por la presidenta implica que dicha pérdida se reduzca al 21,5%. Nuevamente, esta cifra es superior a la alternativa de haber incrementado las deducciones según la inflación. (Ver la columna “Ajuste deducciones” en la infografía de la página 2)

Mayor Presión tributaria

Ahora bien, ¿qué cambia, para un trabajador, en el resultado final del año con la deducción? ¿Cuánta carga tributaria menos soportarán aquellos que ganen hasta 25.000 pesos?

Hay que recordar que los argentinos nunca pagaron tantos impuestos como lo hacen actualmente. La presión impositiva se encuentra en niveles récords del orden del 37%. En tanto, el 2012 cierra con una característica que sobresale en materia de política fiscal: dada la escasez de fondos, provincias y municipios acudieron rápidamente a subir los impuestos.

Ante este escenario la medida en cuestión alivia mínimamente el peso de Ganancias sobre el salario del trabajador respecto de la situación actual. Sin embargo, no evita que el peso de dicho gravamen en el sueldo se mantenga por encima de lo que fue el año pasado. Es decir, no se revierte el hecho de que este año los trabajadores van a pagar mucho más que en el 2011.

Obviamente, se llega al mismo resultado si la comparación se efectúa respecto de lo que hubiera correspondido tributar por el 2012 si se hubieran ajustado los mínimos y las deducciones por inflación o por un porcentaje en línea con las negociaciones salariales.

En este sentido, el informe elaborado por Fundación Mediterránea puntualiza que “si se hubiesen ajustado todos los años los determinantes del impuesto por la evolución del Índice de Precios al Consumidor (IPC), un trabajador casado debería estar pagando un 1,1% de su salario en impuesto a las Ganancias”. “En cambio, se aprecia que, bajo la situación vigente, el ajuste insuficiente en las deducciones nominales aporta 2,6 puntos de presión tributaria adicional sobre los ingresos del trabajador”, remarca.

El informe detalla también que “existe otro factor que afecta adicionalmente al trabajador asalariado: la falta de ajuste de los tramos de la escala que determinan la alícuota del impuesto a aplicar”. De esta manera el trabajador pagaría, en el 2012, impuesto a las Ganancias por el equivalente al 5,4% de su sueldo bruto, mientras que en el 2011 soportó una presión tributaria del 2,4%. (Ver infografía)

En el caso de un soltero el incremento es aún mayor, dado que pasaría de una alícuota efectiva del 6,5% en el 2011 a una del 8,8% este año.

Por último, como consecuencia de la excepción del pago de la segunda cuota del aguinaldo, la presión tributaria para un trabajador soltero y para un casado con dos hijos disminuye un 0,3 y un 0,7% respectivamente (considerando un salario bruto de 15.000 pesos para ambos).


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