¿La rebelión del coro?

Análisis

Marcelo Padoan mpadoan@fibertel.com.ar

El peronismo ha participado desde su origen de una concepción heroica de la política. El mismo Perón siempre sostuvo que “el conductor” no se hacía: se nacía con esa condición. “Lo que yo les puedo dar a ustedes –afirmó en sus clases de conducción política– es la técnica; lo que no les puedo dar es el arte de la conducción. De la misma manera que uno enseña a tocar la guitarra y da la perfección de la técnica de la guitarra. Pero esa condición natural con que nace el artista, eso no se puede enseñar. Eso es la conducción”. Definida de esta forma, la conducción política era un arte y sólo Perón, nacido con tales dotes, podía ejercerla. De esta misma concepción heroica de la política participaron aquellos jóvenes de los años 70 que en un determinado momento fueron los “soldados de Perón” y que más tarde se atrevieron a disputarle el poder. Y esa misma concepción épica de la política es la que, con mucha pasión, se ha intentado revivir durante los últimos años. A pesar de que Néstor Kirchner afirmó al llegar al poder que su gobierno debía ser juzgado como una administración más, el vendaval de pasiones que desató su política lo llevó muy lejos de esa primera aspiración. El caso de su esposa y heredera, Cristina Fernández, también confirma la lectura que aquí estoy proponiendo. La impostación de su voz, el tono coloquial y confidente con el que se dirige a los suyos, en fin, el titeo al que somete a la oposición, no hacen pensar más que en Eva, la contrafigura de Perón y heroína del movimiento. Cristina la tiene en su cabeza cuando todos los días toma la palabra. Es evidente. Pero hoy Cristina no enfrenta el desafío de una oposición cada vez más dispersa y con menos claridad para formular una alternativa. Tampoco de los jóvenes de “La Cámpora”, a quienes les ha dicho que los quiere como si fueran sus hijos. El mayor desafío ha sido lanzado desde el mismo mundo del trabajo, ese coto cerrado del peronismo. Es Hugo Moyano quien ha afirmado en sus últimas intervenciones que un representante sindical debe integrar la fórmula presidencial junto a la presidenta y que los trabajadores no pueden aceptar más ser los convidados de piedra a la hora del armado electoral. ¿Se ha producido entonces una rebelión del coro? En la tragedia griega –afirmó el politólogo José Nun en su libro “La rebelión del coro”– el centro del escenario lo ocupaban los héroes, los únicos que estaban en contacto con los dioses. El coro, en cambio, era un espacio subalterno, reservado precisamente para las mujeres, los niños, los esclavos, los mendigos, los inválidos, es decir, para todos aquellos que no partían a la guerra “en busca de la aventura, del poder y de la gloria”. La rebelión de Moyano de los últimos días parece tener algo de esto. Moyano ya no acepta formar parte del coro de los políticos peronistas. Se siente con fuerzas para ocupar el centro de la escena política. Muchos han insistido en que esto implica un retroceso con respecto a la renovación que el peronismo ha tenido desde los años 80. También podría pensarse en qué medida esta actitud de Moyano no reenvía a ese momento fundacional en el que un grupo de dirigentes sindicales con autonomía dio su apoyo a un ignoto coronel llamado Perón. La historia resulta conocida. Después de llegar al poder, Perón subordinó completamente al laborismo hasta hacerlo desaparecer bajo un movimiento que llevó el signo de su nombre. Hoy ya no está Perón. Tampoco está Kirchner. A Cristina, entonces, es mucho más fácil enfrentarla. La paradoja de las conquistas conseguidas por el movimiento obrero argentino es que fueron graciosas concesiones otorgadas por una elite estatal: el peronismo. Los trabajadores argentinos tuvieron muy poco que hacer para conseguirlas. Pagaron a cambio un precio muy caro: la pérdida de su autonomía, convertirse en coro. Tal vez hoy se hayan decidido finalmente a recuperar esa autonomía. Pero para esto Moyano debería construir algo parecido a lo que fue el Partido Laborista en 1946 y, hasta donde sabemos, no está en su imaginación parecerse a Cipriano Reyes.


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