La Selección renueva sus esperanzas para 2017
El 2016 fue un año difícil para el equipo nacional. Haber perdido la final de la Copa América Centenario, el cambio de técnico y el duro camino hacia Rusia 2018, marcaron a fuego al seleccionado.
La última imagen que dejó la selección argentina en San Juan, fue la mejor tarjeta de fin de año para despedir un 2016 lleno de nubarrones negros, inestable y de pronóstico incierto.
Por la ventana que dejó abierta el indomable Lionel Messi ante Colombia, entró la ráfaga de aire fresco que al menos hasta el año que viene espantó la morbosa fantasía oscura de no estar en Rusia 2018. La posibilidad de mirar el Mundial por tevé sin la Albiceleste en competencia, se instaló por primera vez en este año y el gran desafío para el que viene será trascender ese temor que de sólo pensarlo, paraliza a la patria futbolera.
La respuesta deberá encontrarla Edgardo Bauza, quien en San Juan se ganó una vida más. Quizás la más importante ya que el seleccionado no sólo quedó nuevamente en zona de repechaje tras la victoria ante Colombia, sino que el bálsamo le permitirá llegar al próximo compromiso del 24 de marzo ante Chile, con otra maduración sobre su idea futbolística aún experimental.
Mitad técnico, mitad bombero, el Patón llegó para aplacar el fuego que quedó luego de que la selección perdiera ante Chile y por penales, la final de la Copa América Centenario, sumadas las renuncia de Gerardo Martino al puesto de entrenador y también la de Lionel Messi a seguir vistiendo la Albiceleste. La crisis dirigencial que amenazó con matar al fútbol argentino hizo su parte, quizás la mayor de todas.
El Tata, en los primeros dos partidos del año por Eliminatorias, se las tuvo que arregla sin Messi (lesionado) y en ambos ganó, siendo el primero de ellos el más significativo. Con el 2-1 ante Chile en Santiago, Martino daba la primera muestra de que hay probabilidad de vida sin la Pulga, un debate que reflotaría de manera brutal en la parte final del año.
Luego de ganarle a Bolivia 2-0, llegaría para la selección la gran esperanza para poner fin a décadas de frustraciones: la Copa América Centenario. Todo resultaba propicio para que esta vez sí sea Lionel Messi y no otro quien dominara la tarima mayor con el trofeo en mano en el último día de competencia. Una imagen que de tan deseada, ya se hizo irreal.
Lamentablemente, también en Nueva Jersey, otra vez la pesadilla recurrente. Los rivales festejando, los jugadores argentinos envueltos en lágrimas y frustración, y la tercera final perdida de manera consecutiva. Lacerante, dolorosa y real.
Agotado, golpeado e indefenso ante la crítica impiadosa e injusta, Messi dijo basta apenas perdida la final ante Chile y ahí sí, el desencanto fue total. El mejor jugador del mundo había renunciado a jugar en su selección.
Mientras tanto, la dirigencia del fútbol argentino se autodestruía aplastada por sus propios egos y abandonaba a su suerte a Martino en la previa a los Juegos Olímpicos de Río 2016. El Tata sin más remedio, pegó el portazo.
Sin DT, sin Messi y sin una dirigencia capaz de elegir una autoridad que los lidere, la selección esperó por alguien que lo sacara del pantano y el apuntado fue Edgardo Bauza. Elegido por Armando Pérez, el hombre que puso la FIFA y la Conmebol para la etapa de transición de la AFA, el Patón asumió el 5 de agosto y su primer desafío fue convencer a Messi de que vuelva a la selección.
El poder de persuasión de Bauza devolvió a la Pulga al plano albiceleste, quien supo dejar que la sangre derramada corriera sin que se lleve puesto su amor por la selección. Messi regresó (aunque nunca se fue) ante Uruguay (1-0), en Mendoza, cuando se reanudó el camino a Rusia 2018 y fue la gran figura en el debut del Patón.
Pero lo de Mendoza fue apenas un momento de calma antes del huracán. Argentina no volvió a contar con Messi (nuevamente lesionado) por las siguientes tres fechas , los fantasmas regresaron y el tormento se reinstaló. Sendos empates 2-2 con Venezuela y Perú, ambos de visitante, y una derrota impensada ante Paraguay, en Córdoba, devolvieron a la selección a la condición de messidependiente. Después de la victoria ante Uruguay, Argentina quedó primera; luego de la caída con Paraguay y sin la Pulga, cayó al quinto puesto.
El crack volvió ante Brasil (0-3) en Belo Horizonte, pero esta vez no hubo salvación y la enseñanza fue dura: sin un equipo que lo sostenga, hasta las estrellas como Messi se convierten en jugadores comunes y terrenales.
Aquí radicará el gran desafío de Bauza para el 2017. En los próximos 18 puntos en juego que tendrá en el año que se viene, deberá instalar su línea futbolística y reducir el margen de improvisación para que no sea Messi quien lo resuelva todo, tal como sucedió ante Colombia y Uruguay. En definitiva, los dos partidos que ganó el Patón con la selección hasta ahora.
La misión será armar un equipo con vuelo propio y con (nuevos) nombres propios. Bauza ya probó con Lucas Pratto y el Pipa Alario y paulatinamente la lista crecerá. La renovación, irremediable y lógica, también será parte de esa misión.
A esta generación de jugadores le queda una estación más en el esquivo camino a la gloria, pero primero deberá llegar a Rusia y recién después conquistar lo que la selección busca hace ya 30 años: volver a ser campeón del mundo.
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