La Semana: Dar de nuevo 02-11-03





Con el paso de los días crece el interés por saber cuándo y cómo el intendente Alberto Icare comenzará a marcar el rumbo de su segundo gobierno. Está claro que nada lo obliga a esperar al 10/12, ya que hace dos meses confirmó holgadamente en las urnas el derecho a seguir gobernando hasta 2007. Pero la transición no puede pasar inadvertida porque hay condicionantes nuevos: Icare ya no es el «outsider» vecinalista que le ganó a los poderosos, sino que tendrá como socio a la UCR, ese complejo y ramificado partido que en jugada maestra lo ungió como candidato propio, asegurándose así el triunfo en la provincia.

Precisamente la relación con el futuro gobierno provincial es tal vez uno de los terrenos más espinosos que transitará Icare, quien ya anticipó un gabinete en el que habrá no menos de 7 u 8 lugares para referentes radicales.

Es de esperar que también empiece entonces a exponer en detalle sus propósitos para el próximo cuatrienio. Hasta ahora adelantó poca cosa: su compromiso de eliminar los comedores barriales y la intención de salir en la búsqueda de inversiones, jerarquizando el área de Desarrollo Económico.

Pero fuera de esas excepciones, lo saliente en el estilo de Icare hasta ahora fue la indefinición. Y puede alegar que mal no le fue. Consiguió resolver los apremios que durante años arrastró el municipio con el pago de salarios, refinanció los compromisos con los bancos y apaciguó las demandas sociales con cantidades generosas de planes y subsidios.

Pero en este tiempo Icare habrá confirmado lo que seguramente ya sospechaba: el municipio es un todo de problemas mucho más complejo y la navegación por aguas tranquilas debería servirle para atacar sin demora las «reformas de fondo».

Es posible que al repasar la rueda de asuntos que gira semanalmente por el Centro Cívico uno no sepa por dónde empezar. Asusta la acumulación de cuestiones sin resolver: el tratamiento de la basura, las concesiones vencidas del transporte, la postergada discusión por el estacionamiento medido, el enorme déficit de obra pública que arrastra la ciudad, la falta de un código de edificación ágil y aplicable, la siempre postergada reforma tributaria, el Estatuto del Trabajador Municipal, los cambios que necesita la Carta Orgánica. Una buena parte de esos temas fueron acaparados en los últimos meses por el secretario de Gobierno, Adolfo Fourés, que demostró tanta solvencia para apagar incendios como incapacidad para avanzar sobre las soluciones definitivas «En quince días está resuelto» es una de sus frases preferidas, que invariablemente repite y repite cada vez que se cumple el plazo.

El gran dilema de Icare es entonces cómo escapar a la lógica de la urgencia permanente. Hasta aquí construyó con mérito indudable un espacio de consenso sólido y genuino. Pero arrastra una debilidad de origen: ese liderazgo parece asentado sólo en las alianzas tácticas y la eficiencia de sus paliativos a la crisis, mientras desatiende la elaboración de un verdadero proyecto institucional.

A esta altura ya debería dar señales de que ese proyecto no pasa sólo por crecer bajo el ala del radicalismo provincial. A futuro esa opción puede resultarle una jaula incómoda por una razón que los propios radicales reconocen: la idea generalizada de que el gobierno rionegrino perjudicó durante años a Bariloche y ese olvido deberá ser compensado. En estos meses Icare se vio empujado por la realidad a ponerse al frente de reclamos nada simpáticos para la provincia como el rechazo a la política de tierras fiscales y al proyecto de coparticipación. Las quejas por el manejo discrecional de las concesiones del Catedral y ahora la denuncia por la discriminación que padece la ciudad en materia de tarifas eléctricas. Estas acechanzas pondrán a prueba la estrecha sociedad que entabló con Miguel Saiz y que ya en estos días tuvo un primer nubarrón, cuando Marcelo Cascón (hombre fuerte del radicalismo local y futuro presidente del Concejo) amonestó públicamente al intendente por hacerse el distraído con la audiencia pública por las tarifas de la CEB.

Para Icare llega el tiempo de meditar sobre el rumbo a seguir y actuar en consecuencia. De lo contrario, corre el riesgo de caer en la secuencia tantas veces vista de promesas incumplidas-palabra devaluada-evaporación de liderazgo.

Daniel Marzal


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