La semana económica: Por qué el dólar se va para arriba

EL PAÍS

Como un globo aerostático, el dólar volvió a irse para arriba y, en sólo cuatro semanas, la cotización del paralelo (o blue) superó las marcas “psicológicas” de los 13 y los 14 pesos. Para explicar el motivo de esta suba, que en agosto acumuló casi 15%, también se puede recurrir a la metáfora del globo: más asciende cuanto más se recalienta el aire del mercado. Y ese recalentamiento se produce cuando ahorristas e inversores se desprenden de pesos, ya sea en circulación o depositados en los bancos, para buscar refugio en moneda dura y anticiparse a futuras devaluaciones.

Por lo pronto esta tendencia, (que también se replicó con el dólar Bolsa y el contado con liquidación, aunque con cierta intervención oficial), desmiente la afirmación del ministro Axel Kicillof de que “no iba a pasar nada” tras el default selectivo de la deuda bajo legislación neoyorquina. Lo que pasó es que aumentó la incertidumbre sobre el futuro de la economía. Por un lado, el envío al Congreso de la ley de “Pago soberano local”, que esta semana tendrá media sanción en el Senado, encendió las luces de alarma en los mercados al dejar en claro -como ya se explicó en esta columna- que el actual default no iba a ser transitorio y hasta podría ramificarse y complicarse. Por otro, aunque en menor medida, influyeron los vaivenes de la puja entre Kicillof y el presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, por el manejo de la política monetaria y cambiaria. A instancias del ministro, el BCRA redujo hace un par de semanas en un punto (a 26% anual) las tasas de interés que les paga a los bancos; pero esta medida impulsó una del peso que obligó a dar marcha atrás y volver al nivel anterior. Un nivel que tampoco se perfila demasiado redituable si se tiene en cuenta que la inflación apunta para fin de año por encima de 40% anual y los bancos ofrecen a los pequeños ahorristas tasas inferiores a la mitad.

Sin embargo, estas novedades marcaron un punto de inflexión para las expectativas económicas. El principal consenso entre los analistas es que, de ahora en más, la economía deberá moverse con escasez de dólares y abundancia de pesos. Por la simple aplicación de la ley de la oferta y la demanda, el dólar oficial (que sólo se ajustó 5% desde la devaluación de enero) tenderá a subir. Máxime cuando la mayor inflación registrada en lo que va del año ya está a punto de diluir (en términos reales) la mejora surgida del ajuste de 23% producido en el primer mes de 2014. La duda es si la suba será a través de minidevaluaciones como en 2013; escalonadamente con ajustes periódicos o, más difícilmente, con algún otro salto en el futuro.

También está claro que el dólar oficial no podrá ser sostenido demasiado tiempo en los actuales niveles. Con la prolongación del default, el gobierno de Cristina Kirchner cerró la puerta a la estrategia de buscar dólares frescos en los mercados externos para hacer menos duro el tránsito económico hasta fin de 2015. Sin el ingreso de dólares financieros, que ya venía frenado por el cepo cambiario, la única fuente genuina de divisas es el superávit comercial. Que, además, se redujo 20% en los primeros siete meses del año por el retroceso simultáneo de exportaciones e importaciones (salvo energéticas).

Esto explica por qué el BCRA volvió a perder reservas en agosto (algo más de 400 millones de dólares), con lo cual el stock se ubica ahora en 28.612 millones, con una caída de casi 2000 millones en lo que va del año. Curiosamente, el deterioro no fue mayor a raíz del controvertido fallo del juez Griesa: el pago de 539 millones girado a fin de junio a los bonistas que aceptaron los canjes, no se ha restado de las reservas al haber quedado bloqueado por orden judicial en el BCRA. Otro tanto ocurriría con la ley de “Pago Soberano”, a través de la cual el gobierno se obliga a depositar en una cuenta especial en el Central los vencimientos futuros (incluso a favor de los holdouts), aún en caso de que los destinatarios no puedan o no quieran aceptar el cambio de jurisdicción. La ventaja es que esos dólares no se usarán para otros fines; entre ellos, financiar nuevas subas del gasto público, como ocurrió con el cupón de PBI cuyo pago el Gobierno evitó este año al recalcular hacia abajo el crecimiento de la economía en 2013.

Para fin de 2014, las estimaciones privadas apuntan a un nivel de reservas de 23.000/25.000 millones de dólares, lo que anticipa mayores restricciones a las importaciones no energéticas. Y también a las ventas de dólares para ahorro que autoriza la AFIP (con un recargo impositivo de 20% que lo ubica en $10,10) y que también mostraron un récord de 240 millones el mes pasado. El BCRA podría tener un pequeño alivio con el ingreso de no más de 1000 millones, si logra este mes gatillar el swap de monedas acordado con el Banco de China.

Frente a esta sequía de dólares, la emisión de pesos se perfila como una inundación para los últimos meses del año. Según estimaciones del Estudio Broda, el déficit primario del sector público (sin intereses de la deuda pública) apunta a unos 180.000 millones de pesos en 2014 y la emisión del BCRA a un monto similar, de los cuales alrededor de $120.000 millones se concentrarán entre agosto y diciembre de este año. Incluso, no se descarta que el BCRA deba buscar formas indirectas para ampliar la asistencia al Tesoro y no quedar en infracción pese a los altos límites que fija su carta orgánica.

Con este panorama, son inevitables mayores presiones inflacionarias y cambiarias. Sobre todo, porque el BCRA no está en condiciones de vender demasiados dólares para frenar una corrida (sin afectar las reservas); ni de absorber demasiados pesos con tasas más altas (sin agudizar la recesión). Pero un dólar oficial más caro empujará la inflación, como ocurrió en el último verano, por su impacto en los costos de los insumos importados y los intereses en pesos de la deuda, así como en las importaciones de gas y combustibles y los subsidios energéticos. Esto impulsa la huida del peso para cubrirse.

De ahí surge la mayor demanda de dólares en todas sus versiones y que la brecha cambiaria se haya ampliado de 47% antes del default a 70% la semana pasada. El problema es que con una brecha tan amplia los exportadores demoran la liquidación de divisas a la espera de ajustes cambiarios, con lo cual baja la oferta en el mercado oficial. Y hasta los turistas extranjeros se arriesgan a vender sus divisas en el paralelo para aprovechar la diferencia, con lo cual alimentan marginalmente la oferta en este mercado.

Para tratar de bajar la fiebre, el BCRA redujo en la última semana el ritmo de devaluación y salió a ofrecer dólares a futuro a una cotización implícita de $9,23 para fin de diciembre, cuando en el mercado se barajan estimaciones cercanas a los $10. La gran duda es qué ocurrirá con el paralelo y la brecha cambiaria en un marco de desconfianza. Después de todo, quien compró dólares blue hace un año obtuvo ya una diferencia en pesos de nada menos que 62%.

Néstor Q. Scibona


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