LA SEMANA EN VIEDMA: Estancos

ENRIQUE CAMINO

rnredaccionviedma@yahoo.com.ar

El humo, caos, gases lacrimógenos, trabajadores reclamando por el acceso a fuentes de trabajo, infiltrados. Un escenario que sumergió a la ciudad en el pasado. Una reposición cinematográfica de aquellos días de 1995 y el ajuste de 1997 que durante la crisis del Estado provincial se derramó sobre la ciudad.

Esta vez fue un sector de la comunidad. Los obreros de la construcción salieron a las calles y golpearon las puertas de la Casa de Gobierno con un exceso que se le fue de las manos a los dirigentes de la UOCRA y terminó mal.

La sinrazón neutralizó el camino conducente hacia un reclamo legítimo. Sobre todo porque unos 200 hombres y sus familias no están conformes de haberse visto obligados a paralizar las cucharas y baldes.

La impotencia también se puso en juego dado que se trata de ciudadanos de esta comunidad con muchas bocas que alimentar, educar, vestir. Viven en malas condiciones y el sistema no los contiene, dado que no tienen la suficiente antigüedad como para acceder a beneficios de desempleo transitorios.

Pero esto de obtener mejores condiciones en sus actividades lucrativas no vienen de un plan de lucha que comenzó el día de paredes chamuscadas en la sede gubernamental.

Antes de recuperar la fortaleza laboral dos años atrás, los obreros de la construcción vienen de superar un ciclo de evitar la confrontación. En los peores momentos del cruento 2001 se lo pasaron «changueando» en negro, capacitándose con un ingreso similar al de un plan de empleo transitorio o pintando paredes de complejos habitacionales del IPPV a modo de compensación. La autoestima la vienen perdiendo desde hace rato.

Quienes están cerca de las definiciones, frente a esta situación caótica en una misma comunidad, parecieron mostrarse con una venda en los ojos.

Hubo suficiente cintura política como para desentenderse desde el oficialismo y la oposición local; desligándose así de todo acompañamiento.

Los obreros de la construcción cuando tienen dinero en el bolsillo también son consumidores, intentan pagar algunos servicios y son usuarios de taxis y colectivos.

La única repercusión que generaron -en la confusión- fue negativa, cuando el radicalismo repudió sólo los actos de violencia a sabiendas de que las obras públicas se venían terminando y había que dar respuestas.

Y resolver interrogantes no sólo pasa por promesas de obras. El plan que está en manos del municipio «El hambre más urgente» viene con demoras.

Se podrán trasladar responsabilidades a la Nación o al ocupante del Vaticano, aunque los atrasos no sólo son notorios en fondos para la construcción sino también en apropiarse de la sensibilidad que vive el sector más desposeído de la comunidad. Al menos, no se demostró públicamente una confluencia de preocupaciones desde los Estados provincial y municipal para sacarle presión a la olla.

Las elecciones en Río Negro pasaron. Se viene en setiembre la compulsa municipal. La democracia seguirá consolidándose pero con los antecedentes en la mano los problemas quedarán.

La situación social no está como para hacer borrón y cuenta nueva.


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