La situación social, en una encrucijada

Varios expertos coinciden en que, desde el 2013, estancamiento e inflación aumentaron los niveles de pobreza. Y el ajuste del primer semestre golpeó duro al sector informal, un tercio de la economía. Si bien aún no se llega a niveles del 2001, la crisis podría escalar.

Redacción

Por Redacción

En un momento decisivo. Así parece estar la situación social en Argentina al final del primer semestre, según los expertos en la temática. Después de más de dos años de estancamiento económico e inflación sostenida en la era kirchnerista, la mayoría de los indicadores de pobreza y vulnerabilidad social estaban en aumento, y la devaluación y ajuste económico que encaró la administración de Mauricio Macri agravaron el problema.

Si hubiera que resumir, los académicos consultados consideran que la situación es muy similar al 2009, cuando en plena disputa campo-gobierno la economía sufrió una parálisis temporal. Donde no hay acuerdo es hacia dónde se va: mientras algunos confían en que una recuperación económica hacia fines de año mejorará la situación, otros estiman que, de no mediar una fuerte intervención del Estado, se podría ir hacia un escenario similar al del 2001.

Los números difundido por entidades no gubernamentales, como el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, reflejan una situación que no se vivía hace décadas en el país. En marzo, la pobreza llegaba al 34,5% de los argentinos, y si se plantea desde una perspectiva multidimensional de la pobreza, es decir, que contemple el cumplimiento de todos los derechos básicos de los ciudadanos y no solamente el ingreso económica, el número asciende casi al 50%.

Según la organización que nuclea a los pequeños y medianos empresarios, CAME, las ventas minoristas vienen cayendo desde principio de año, con una baja anual de 9,2% en mayo y 5 ,7% en los primeros cincos meses del año. El Indecom, que realiza estudios para los supermercados chinos, reveló que los hábitos de consumo están muy cerca de los meses posteriores a la crisis del 2001 (ver aparte).

Distintos sectores, como la Iglesia (entre ellos los obispos patagónicos) y organizaciones sociales y barriales, dan cuenta de un súbito aumento en la cantidad de gente que asiste a comedores comunitarios y merenderos.

Los expertos coinciden en que la realidad social del país sufrió un agravamiento en los últimos seis meses debido fundamentalmente al pico inflacionario que se calcula entre el 22% y 24% hasta mayo, la suba de tarifas y los despidos, tanto en el estado como en el sector privado, que hasta mayo se calculaban en unos 150.000 puestos de trabajo.

Pero agregan que la crisis responde también a un problema estructural que tiene el país en relación a su matriz productiva y de distribución de ingresos.

Para Agustín Salvia, investigador del Conicet-UBA y director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, es necesario entender el desarrollo del modelo económico en el país, y sus consecuencias en el mercado laboral: “Hay un problema que data de los años 70. La dictadura elige la apertura y la especialización agroindustrial, junto con el desarmado de la industria nacional. En ese momento la sociedad era mucho más igualitaria en términos de ingreso, pero también en las condiciones de productividad . En los ’80 no se innovó en los modelos productivos y se siguió deteriorando la pequeña y mediana empresa. En los 90 tuvimos la apertura al capital extranjera, mayor especialización y el tipo de cambio rígido, lo que no contribuyó a la expansión del mercado laboral. Con la reactivación posterior a la crisis del 2001 se generaron niveles de empleo mayores inclusive que la etapa anterior, pero manteniendo un 30% de empleo precario y un florecimiento del mercado informal como los manteros, talleres clandestinos, mercados como la Saladita, tercerización en los empleos de la construcción, etc.”.

En un sentido similar, Isaac Rudnik, director del Isepci (Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana), coincide: “El problema de fondo es que existe un aparato productivo que le da trabajo en condiciones adecuadas solo a una parte, que tiene límites a la hora de incorporar a toda la mano de obra disponible: en los últimos años dejó un tercio afuera. Aún en épocas de crecimiento, la población que tiene trabajo precario o en negro nunca bajó del 30%, porque existe ahí una porción del aparato económico que tiene muy bajos niveles de productividad, entonces ajusta por el lado del empleo. Las pequeñas empresas, ante la crisis, se sostienen recortando empleos”.

En este momento, según Rudnik, se puede ver que la situación social es grave debido a dos elementos: el aumento en los precios de la canasta básica, que según sus mediciones fue de un 25% desde noviembre, y el decrecimiento de la actividad económica “que impactó sobre todo en los sectores con empleo informal, en el que se perdieron muchos puestos de trabajo”.

“Estamos hablando de sectores que tienen realidades que no tienen que ver con elegir segundas marcas, o carne de segunda calidad y hervirla un rato más para que se ablande. Desapareció la posibilidad de comer carne, se reemplaza con alitas de pollo en el mejor de los casos. Ahora incluso tienen que sacrificar la posibilidad de que los chicos tomen leche todos los días”, sostiene.

Desde el gobierno nacional lanzaron una serie de medidas que intentan disminuir el impacto del ajuste, como las tarifas sociales, la devolución del IVA a quienes cobran planes sociales y jubilaciones mínimas y la ampliación de la cobertura de la Asignación Universal por Hijo.

Para el experto de la UCA , si bien existe un resentimiento social debido al ajuste, no hay aún emergencia ocupacional. “Todavía se sigue financiando el consumo. Hay un empobrecimiento de los sectores informales, pero hay medidas compensatorias”, afirma Salvia y explica que “el Estado está buscando cómo intervenir más y mejor. Hay muchas medidas que apuntan a reducir los efectos negativos del ajuste. Aunque no sean del todo compensatorias, la intención va en ese sentido”.

Cambios de hábito

El consumo, estilo 2002

A principios de mes, el Indecom, instituto que agrupa a los dueños de supermercados chinos y de barrio, señaló que los patrones de consumo del primer semestre se acercaron a los de la poscrisis del 2001.

Según explicó a “Debates” su titular, Miguel Calvete, “ocho de cada diez consumidores del sector ABC1, la base de la pirámide de consumo” migró de primeras a segundas marcas en artículos de tocador y limpieza, harinas y gaseosas y eligieron cortes baratos de carne: la falda reemplazó al cuadril y la paleta a los bifes con hueso. La venta de facturas cayó 27% y el 86% usó menos su auto. “En el 2002, el 90% de la gente hizo estos cambios de consumo, mientras que en el 2009 lo hizo casi un 5,6%, estamos casi a la mitad”, dijo.

La situación en cifras

Confiamos en que lo peor ya pasó. La inflación se está amesetando y el consumo debería mejorar. El proyecto de devolución del IVA, por ejemplo, equivale a un sueldo anual más para un empleado en negro y dos jubilaciones mínimas o AUH más al año”.

Miguel Calvete, titular de la federación de supermercados chinos y del Indecom, que sondea el consumo.

Datos

35%
de la fuerza laboral, unos 4 millones de personas, trabajan en negro; 600.000 de ellos en el propio Estado. (Fuente: ATE)
154.570
son los despidos en 2016, 30% del sector estatal y 70% del privado. (Fuente: Tendencias)
$ 3.073,37
alcanzó el índice de una Canasta Básica Alimentaria para Buenos Aires, con una suba de 25% en siete meses. (Fuente: Isepci)


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