La sociedad funciona a dos velocidades
Mirando al sur
Ha cambiado tanto el mundo en los últimos diez años que aun no comprendemos cuánto hemos avanzado positivamente. Es fácil ver los cambios positivos si se los compara con períodos más grandes de tiempo, por ejemplo si comparamos con lo que sucedía hace medio siglo o más. En 1916 las mujeres no podían votar en casi ningún país del mundo. Eso venía sucediendo desde la noche de los tiempos: durante milenios, aunque con variaciones importantes según las culturas y las épocas, las mujeres no eran casi nunca tenidas en cuenta al decidir cómo gobernar un país. Sin embargo, hoy ya más de 65 países tienen o han tenido primeras ministras o presidentas electas por el voto popular.
Sigue existiendo sexismo. Siguen habiendo prejuicios machistas que se hacen visibles cada vez que una mujer alcanza una posición política destacada. Varios periódicos norteamericanos tuvieron que admitir que los medios de Estados Unidos expresaban un sesgo machista al informar sobre la campaña de Hillary Clinton a la presidencia. Respuestas similares de ella y de los candidatos masculinos eran calificadas de manera diametralmente opuesta por los medios: a cualquier varón que sostenía férreamente una posición política se lo calificaba como un político convencido, mientras que si Hillary hacía lo mismo se decía que estaba “empecinada”. Y así con cada actitud de la candidata. Pero a pesar del machismo residual, el avance social que significa que decenas de países ya hayan sido gobernados por mujeres muestra que el cambio en este sentido es gigantesco.
Algo similar sucede con la evaluación social de la homosexualidad, al menos en los países occidentales. En 1962 se estrenó en EE. UU. el filme inglés “Víctima”, con Dirk Bogarde en el papel principal. Era la primera película en la que no se trataba a los homosexuales como enfermos o monstruos sino como víctimas del chantaje policial. La revista “Time” escribió una nota denunciándola como “epidemia” que iba a corromper a los jóvenes. “Los invertidos que aparecen en la película son buenos tipos, son sensibles y amables. En ningún momento el filme muestra que la homosexualidad es una perversión horrible que debe ser censurada”, escribió el editorialista de la principal revista norteamericana. Hoy “Time” no publicaría un texto parecido. A pesar de que sobrevive la homofobia, en Estados Unidos, la Argentina y otros veinte países los homosexuales ya son considerados ciudadanos de pleno derecho.
Las sociedades están cambiando positivamente todo el tiempo. Lo hacen, por lo general, a escala micro. Pero ese pequeño cambio se va sumando al anterior y al anterior y, cuando pasan varios años, el cambio ya alcanza proporciones importantes. Los individuos son reacios a aceptar que cambian, en especial cuando dejan de sostener posiciones que en la actualidad ellos mismos califican como conservadoras o retrógradas (cuando no decididamente crueles). Prefieren pensar que siempre pensaron tal como piensan ahora (y que son los otros los “equivocados” o retrógrados).
Las sociedades viven en dos temporalidades: la del día a día (que es la registra el individuo) y la de la larga duración (que es la que registra la percepción histórica). Como la mayoría de los individuos carecen de una afinada percepción histórica, les cuesta comprender que ellos mismos son los que viven en estado de cambio (al igual que la sociedad de la que participan). Peor aun, como todos envejecemos con el paso del tiempo, es más probable que la mayoría tenga una mirada negativa sobre el presente o el futuro si lo compara con su pasado personal, que suele beneficiarse de una evaluación nostálgica. Pero es casi seguro que ese pasado dichoso no ha existido jamás.
Es común escuchar a personas de más de 70 años hablar de lo maravillosa que era la vida en familia en los dorados 50. Pero en esos años “dorados” el machismo era feroz y absolutamente masivo (inclusive, sostenido por sus víctimas). La mujer ocupaba una posición socialmente devaluada y los homosexuales eran tratados como monstruos o delincuentes. La violencia intrafamiliar era “normal” hasta el punto de que a nadie, ni a los que la padecían, se le ocurría denunciarla. Los dorados 50 no fueron para nada dorados. Al contrario: dados nuestros estándares actuales, nos resultarían insufribles. Sin embargo, quien los recuerda con aprecio fue muy joven en esos años y es eso lo que valora: la juventud perdida, no el contexto cultural que realmente vivió.
La sociedad es mejor que la memoria del individuo.
*Crítico cultural
Las sociedades viven en dos temporalidades: la del día a día (que es la que registra el individuo) y la de larga duración (que es la que registra la percepción histórica).
Como la mayoría de los individuos carecen de una afinada percepción histórica, les cuesta comprender que son ellos los que viven en estado de cambio (al igual que la sociedad).
Datos
- Las sociedades viven en dos temporalidades: la del día a día (que es la que registra el individuo) y la de larga duración (que es la que registra la percepción histórica).
- Como la mayoría de los individuos carecen de una afinada percepción histórica, les cuesta comprender que son ellos los que viven en estado de cambio (al igual que la sociedad).
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