La “tinelización” del fútbol



opinión

Marcelo antonio angriman (*) Especial para Río Negro

El abordaje periodístico dado al ciclo de Diego Armando Maradona como conductor de la Selección se asemejó en mucho a una novela de media tarde. Una historia plagada de suspicacias, desplantes, traiciones y reconciliaciones que poco tienen que ver con el fútbol. Cualquier similitud con el programa más visto de la televisión argentina de la actualidad es pura casualidad. Venerado y resistido al mismo tiempo, Marcelo Tinelli –quien paradójicamente se inició como comentarista deportivo– se las ha ingeniado para pasar de exhibir enlatados, a montar una suerte de show donde coexiste el baile con rencillas de medio pelo, que mantienen en vilo al público televidente . Con una fórmula simplista que ha sabido interpretar la necesidad de evasión del hombre medio argentino, las secuencias de cada edición son repetidas por una buena cantidad de programas que viven de sus migajas. Más resulta insuficiente la reiteración a ultranza de la imagen, ya que detrás de ella se monta una ingeniería mediática en la que se debate, se juzga y hasta se filosofa acerca de los dichos y llantos de la fulana o el sultano de turno. Algo similar ocurrió en los últimos tiempos con el tratamiento informativo que se ha brindado de la Selección. Quizás la AFA tomó nota del exitoso modelo televisivo y haya intentado por todos los medios implementarlo en el fútbol. Para ello precisó de un conductor polémico y quien más que el ex mejor jugador del mundo para dar con el legajo. Así, durante la gestión habida hasta el Mundial de Sudáfrica hemos tenido metros de papel dedicados a la relación entre el cuerpo técnico y Carlos Bilardo, o entre los primeros y –a modo de fixture– : Román Riquelme, Oscar Ruggeri, Sergio Batista, Pelé, Michael Platini, Héctor Baldassi, Juan Sebastián Verón, o quien se cruce en el camino; horas de aire enfocadas en la citación de tal o cual jugador, en justificar el viaje a Cutral Co o en criticar la suspensión del previsto a Dubai; y días de éter para explicar la falta de relación con los barras que de a cientos y sin que todavía sepamos cómo, aparecieron por las calles de Pretoria. Es indudable que la figura de Maradona –héroe o villano, según quien lo mire– vende y ello ha sido funcional al negocio que pergeño la AFA. Tan es así que en un último exabrupto, Don Julio señaló que el ex 10 era el único argentino que podía hacer lo que quería. Ocurrencia que, a los pocos días sufrió en carne propia; cuando frente a una silla vacía, recibió saludos del seleccionador argentino junto a Hugo Chávez desde Caracas. Ya no en su rol de entrenador, sino en una suerte de ministro plenipotenciario bolivariano, enfrascado en cuestiones de política internacional. Así, con tintes de culebrón venezolano, se escribieron los últimos párrafos de la tira invernal más vista de nuestro país. Lamentablemente los protagonistas –técnico y dirigentes– han escogido un remanido camino mediático que a la postre ha terminado por desgastarlos ante la afición. Un público que necesita creer y que merece, por respeto, un poco más de Biblia y menos de calefón. Una vez más la dirección escogida resulta a contramano del trabajo serio y exclusivamente dedicado al fútbol que, las selecciones más exitosas han señalado en el último Mundial. Mientras tanto, una generación extraordinaria de futbolistas esperan cándidamente el espacio protagónico que jamás le concederá este libreto. Un guión que se parece más al de Show Match y que huele a estudio de grabación, lejos, muy lejos, de la verde grama, el sudor y la pelota. *Abogado-Profesor. Nacional de Educación Física. marceloangriman@ciudad.com.ar


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