La tortura continuó hasta que intentó suicidarse

Se resistió y logró fugarse, pero fue recapturado.



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Rubén Ríos –en la foto junto a su hija– fue sometido a tormentos físicos y psicológicos humillantes en el centro de detención clandestino.

Leonardo Petricio

NEUQUÉN (AN) - El ex sindicalista de Agua y Energía, Rubén Ríos, detalló cómo fue amenazado hasta llegar al intento de suicidio, tras ser liberado del centro clandestino de detención “La Escuelita”, donde fue sometido a crueles tormentos.

Ríos vivía en Roca. “Me llamaron al trabajo y me dijeron: somos los que andábamos con Pedro; tenés 24 horas para suicidarte o te llevamos a los chicos”, describió en un estremecedor relato de tortura y persecución.

Se disparó un tiro en la sien al día siguiente y sobrevivió tras la intervención quirúrgica. “A partir de ahí nunca nadie más me molestó”, dijo Ríos.

Indicó que hasta dos años después de haber sido devuelto del centro clandestino recibía llamadas intimidatorias y anónimos

Declaró que fue picaneado continuamente en la zona genital, en el estómago y en otras partes del cuerpo y era sacado de donde estaba atado y los ojos vendados para las sesiones de tortura, hasta el desmayo.

Durante los tormentos no reconoció a nadie, sin embargo, uno de los interrogadores se identificaba como “Pedro” y le hizo saber que se iría a Tucumán y que antes de eso quedaría liberado

La dramática desaparición de Ríos en 1976 incluyó el escape de sus captores. Desde que fue sacado violentamente de su casa la madrugada del 17 de agosto, se resistió a ser llevado por los civiles armados, que ya le habían bajado dos dientes con el cañón de un arma.

“Si me van a matar, que me maten acá, pensé, porque se sabía de gente que desaparecía y no aparecía en ningún lado”, dijo.

Lo trajeron desde Roca a Neuquén en el baúl de un auto y al llegar al puente carretero se las ingenió para abrir desde adentro la tapa y arrojarse afuera.

“Estaba en camiseta y calzoncillos y caí a los pies del policía que estaba en el puente carretero, que me preguntaba si se trataba de una despedida de soltero”.

De ahí fue llevado al Castro Rendón por los golpes que tenía en la cabeza, desde allí a la Policía Federal y de ahí a “La Escuelita”, donde permaneció unos 20 días.

Mientras estuvo en el puente carretero el policía le permitió hacer una llamada y así avisó a su familia dónde estaba. Pero cuando su mujer fue a buscarlo no lo encontró ni en el puente, ni en el hospital.

Al término de su declaración en la audiencia dijo estar convencido de que fue secuestrado “por una revancha” gremial y patronal. Explicó que en 1975 denunció a la conducción de Agua y Energía por “robo” y que luego supo que “el presidente del distrito era hermano del comisario”, en la unidad policial donde denunció el ilícito.

Agregó que sus denuncias derivaron en que “varios dirigentes fueron presos en la regional de Cipolletti y me la juraron”.

A su entender lo detuvieron con la complicidad de la lista oficialista del sindicato “porque yo estaba identificado con la lista Azul, en contra de ellos”.

causa “la escuelita” II


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La tortura continuó hasta que intentó suicidarse