La vacunación obligatoria, una de las claves contra la hepatitis A

Ante el incremento del número de casos detectados, los especialistas afirman que una solución para combatir las epidemias sería la vacunación obligatoria de niños de entre 1 y 15 años.





La hepatitis A ha provocado grandes epidemias a lo largo de la historia. Sin embargo, y paradójicamente, el aislamiento del agente que la provoca ha sido extremadamente dificultoso y hace sólo 30 que se ha logrado la identificación del virus. Y esto ha sido posible gracias a la microscopía electrónica.

Esta enfermedad, caracterizada por la inflamación del hígado, es una de las patologías de mayor impacto en las áreas de pobreza, aunque los grupos sociales de alto nivel adquisitivo también resultan marcadamente susceptibles a contraerla dado que carecen de anticuerpos contra el virus.

Hoy por hoy, infectólogos y autoridades sanitarias están preocupados por el incremento en el número de casos en diferentes regiones del país, que se estiman han superado en un 150 por ciento los brotes anteriores.

No obstante, afortunadamente en los últimos años se han desarrollado distintas vacunas para prevenirla, y se cree que la aparición en el mercado de una versión pediátrica (de origen francés) puede contribuir a frenar la epidemia. La misma se ha presentado recientemente en Buenos Aires y en Córdoba.

La nueva vacuna, Avaxim 80u pediátrica, del Laboratorio Aventis Pasteur, está indicada para niños y adolescentes (de 1 a 15 años de edad inclusive), viene en jeringa prellenada con una aguja fina y corta, para reducir al mínimo las molestias de la aplicación.

Próximamente se estará presentando esta vacuna en las ciudades de Rosario, Tucumán y Mendoza.

 

El virus

«El virus de la hepatitis A pertenece al género hepatovirus de la familia Picornaviridae, así llamados por su pequeño tamaño, ya que mide unos 27 nm de diámetro», explica el doctor Eduardo López, jefe del Servicio de Infectología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de la Capital Federal.

Una importante ventaja que presenta este virus sobre otros –continúa el infectólogo- «es que existe un solo serotipo distribuido aparentemente en todo el mundo, esto permite la preparación de vacunas con alta y similar eficacia en distintos países».

El único reservorio conocido del virus es el ser humano. La transmisión es fundamentalmente vía fecal-oral, ya sea por transmisión de persona a persona o por ingestión de agua o alimentos contaminados.

«El virus se excreta con la materia fecal de 14 a 21 días antes del comienzo de la ictericia (color amarillento de la piel y conjuntivas), siendo este el período de mayor infectividad y hasta 8 días después del comienzo de la ictericia. Es importante mencionar que los niños y lactantes eliminan el virus por un período más largo (hasta semanas) que los adultos», describe López.

La resistencia del virus al calor le permite, por ejemplo, ser viable en alimentos cocinados como en bivalvos y pescados. Además resulta viable en alimentos ácidos como mayonesas y otros condimentos y aderezos ácidos.

A nivel mundial se denuncian anualmente alrededor de 1.500.000 casos, aunque el número real de personas infectadas es desconocido, dado que la mayoría de los casos no se denuncian y existe un importante grupo de paciente asintomáticos, lo que

impide la detección. «La infección ocurre en forma asintomática en alto porcentaje de niños y esta característica se relaciona directamente con la edad.

De hecho, hay estudios que definen un 84 por ciento de casos asintomáticos en niños que adquirieron la infección antes de los 3 años de edad, 50 por ciento entre los 3 y 4 años, y 20 por ciento entre los niños de 5 años o más», dice el especialista.

Si bien la infección ocurre frecuentemente durante la primera década de la vida, en los países desarrollados suele darse más tarde.

 

Prevención desde la infancia

«Teniendo en cuenta que los niños son difusores silenciosos de la enfermedad, es imprescindible vacunarlos a partir del año de vida, sabiendo que el esquema de vacunación contempla la aplicación de dos dosis, que se administran con un intervalo de seis meses», explica el doctor Roberto Debbag, jefe de Infectología del Hospital de Pediatría J. P. Garrahan.

La segunda dosis potencia a la primera y se ha comprobado que, cualquiera sea la vacuna que se utilice en la primera dosis, la de origen francés mejora la performance inmunológica del conjunto cuando es aplicada como refuerzo.

Destacados infectólogos argentinos, como los especialistas mencionados en esta nota, coinciden en reclamar la inclusión urgente de la vacunación contra la hepatitis A en el calendario oficial.

Afirman que el único modo de compensar en este aspecto (y a un costo razonable) las falencias de nuestras redes cloacales y de la provisión de agua corriente potable, es la vacunación obligatoria.

El equipo del doctor Debbag compiló la totalidad de los gastos que origina la hepatitis A en nuestro país, desde las visitas médicas hasta los trasplantes d hígado, desde las recaídas hasta los días de trabajo perdidos, y realizó un estudio comparativo que fue premiado en marzo último por la Sociedad Internacional de Enfermedades Infecciosas durante un congreso realizado en México (Cancún).

Según ese estudio, «el costo de prevenir la hepatitis-A mediante la vacunación masiva de la población infantil, sería tres veces menor que el de atender a los enfermos, es decir, de 14 millones de dólares contra los 43 millones que implica la no vacunación», explica.

Y señala, asimismo, el valor inestimable de las vidas ganadas, contra los casos fatales que se producen en los no vacunados, especialmente durante la infancia.

 

Alertan por el déficit de cloacas y de agua potable

La Asociación Argentina de Ingeniería Sanitaria y Ciencias del Ambiente (AIDIS) advirtió que se incrementaron en un 35 por ciento los casos de hepatitis A y en un 15 por ciento los casos de diarrea a raíz del gran déficit de infraestructura sanitaria, sumado al incremento de la pobreza.

Estos datos corresponden al período 1996-2000, según los últimos registros disponibles del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica.

Existe además basamento científico para asegurar que desde entonces hasta el 2004 los casos crecieron aún mucho más.

«Alrededor de 20 millones de argentinos no tienen cloacas y otros 8 millones no cuentan con provisión de agua potable, lo que potencia la transmisión de enfermedades infecciosas de origen hídrico», afirma la ingeniera Graciela Gerola, presidenta de AIDIS.

Los casos de hepatitis A fueron 29.727 en 1996 y 40.245 en el 2000; mientras que los de diversas diarreas pasaron de 673.084 a 775.861 en el mismo período.

«Las soluciones a estos problemas -indica la ingeniera Gerola- radican en ampliar los programas financieros para lograr una importante y mejor cobertura de servicios y fortalecer las instituciones del sector con el fin de lograr una mejor prestación y una mejor vigilancia sanitaria».


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