La venta de manzana en fresco no encuentra su piso

El gobierno nacional intentó justificar las bondades del modelo económico mostrando el crecimiento sostenido del mercado interno. Para esta especie, nada más lejos de la realidad.




tendencias de la producción local

La comercialización de manzana toca nuevos mínimos.

Datos consignados por el Senasa dan cuenta que en estos primeros ocho meses del año 265.000 toneladas de esta especie fueron destinadas al mercado en fresco. La cifra es la más baja de las últimas décadas.

De ese volumen, alrededor de 152.000 toneladas se orientaron a las góndolas locales y poco más de 114.000 toneladas se destinaron hacia los mercados externos.

Los números son preocupantes. Muestran que la oferta de manzana no hizo más que caer en estas décadas, profundizándose esta tendencia a partir del 2005.

Durante este último período, el gobierno nacional intentó justificar las bondades del modelo económico mostrando el crecimiento sostenido que había reflejado el mercado interno para este tipo de productos. Nada más lejos de la realidad, por lo menos al analizar la evolución que tuvo el sector frutícola en este lapso.

En este sentido, las estadísticas son contundentes. Durante los primeros ocho meses de 1996 se colocaron en el mercado local alrededor de 251.000 toneladas de manzanas. Casi dos décadas después, ese volumen se ubica en las 152.000 toneladas. Es decir el comercio se desplomó más del 50% en el período bajo análisis.

La exportación siguió esta misma tendencia. Al 30 de agosto del 2014 las ventas externas de manzanas llegaron a las 113.000 toneladas, tocando nuevos mínimos históricos (ver infograma adjunto) de las últimas dos décadas.

Con todos estos números en mano es difícil poder defender el relato oficial que se impulsa desde la Casa Rosada. Y menos aún cuando se observa que el país, durante 2003-2012, creció a una tasa promedio del 8% anual. Nada de ese desarrollo se derramó sobre las economías regionales. Peor aún, existió en todo este último tiempo una transferencia desde el sector productivo hacia el Estado nacional por unos 150 millones de dólares producto de las cargas impositivas aplicadas al comercio exterior a partir del 2002.

La pera mostró una evolución distinta. Se observa en estos últimos años un crecimiento sostenido, siempre hablando de la producción que se destina al mercado en fresco.

Pero cuando se suman ambas especies, se aprecia, casi con una irónica exactitud, que los volúmenes de pera y manzana producidos en 1996 son similares a los de este año.

¿Por qué no crecimos en un momento en que todos los países en desarrollo mostraron importantes saltos en sus economías?

Varias son las respuestas que se pueden dar a este interrogante. Pero sin lugar a dudas mucho tuvo que ver la política económica que complicó el escenario comercial sobre toda aquella fruta que se orientaba a mercados de ultramar.

La falta de rentabilidad en el sistema impidió realizar las importantes inversiones necesarias para poder contar con una fruticultura competitiva, desarrollando mayores niveles de productividad y variedades que reclamaban los mercados del mundo. La descapitalización que sufrió el sector fue clave para mostrar la foto de dónde estamos.

El escenario externo poco y nada tuvo que ver con el deterioro del Valle de Río Negro y Neuquén. Volvamos otra vez al ejemplo de la manzana, emblema de nuestra decadencia. Mientras que la producción orientada al mercado en fresco de esta especie cayó alrededor del 50% en las últimas dos décadas, la oferta de esta especie del resto de los países del hemisferios sur (Brasil, Nueva Zelanda, Australia, Chile y Sudáfrica) creció a una tasa del 37% en este mismo período.

La estadística nos muestra que la Argentina perdió importantes oportunidades para crecer dentro del mercado internacional, circunstancia que no fue desaprovechada por nuestros competidores.

¿Es posible cambiar la negativa tendencia que muestra el sistema?

No sólo es posible, sino que resulta necesario. Los grandes volúmenes de pera que hoy tenemos para colocar en ultramar pueden llegar a reflejar la misma tendencia que se manifiesta en la manzana si no se hace algo a partir de ahora para torcer este complejo escenario.

Lo primero que hay que hacer es sincerar el lugar que ocupa hoy la actividad. De dónde venimos y hacia dónde vamos. No es posible seguir escuchando de gobernadores, funcionarios y legisladores analizando el problema de la fruticultura desde una tribuna política y apareciendo a meses de llegada una elección.

Es justo señalar también que el condicionamiento que tienen los mandatarios y legisladores nacionales para defender los reclamos genuinos que presenta la actividad resulta cada vez mayor. Pero esto es producto de la progresiva dependencia económica a la que fueron sometidos, por parte del gobierno central, los gobernadores en estos últimos años. Ellos fueron cómplices de esta situación. El tango siempre se baila de a dos.

La actividad cierra una nueva temporada con precios finales para la fruta por debajo de los costos de producción. Éste es el sexto quebranto consecutivo que sufre el sistema.

Cabe destacar que si bien algunas empresas y productores siguen presentando positivos balances en estos últimos años, sin dudas no son la mayoría. Y en la suma y resta final de cada temporada, los números terminan dando negativos. Es decir, la fruticultura regional se sigue achicando.

Desde el gobierno nacional ahora se menciona el potencial que hay en el mercado ruso para la fruta argentina teniendo en cuenta la guerra comercial que existe con Occidente. Un espejismo más que busca generar un cambio de expectativas para el Valle de Río Negro y Neuquén. La tortuosa esperanza de la que habla en sus escritos Friedrich Nietzsche (“Es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre”).

La realidad indica que Rusia no podrá torcer la tendencia declinante que muestra la fruticultura regional.

Algo parecido ocurre con la nueva ley de Hidrocarburos sancionada esta semana en el Congreso nacional, que también toca a la región. Con ella el gobierno aduce que miles de millones de dólares llegarán a Vaca Muerta para extraer el gas y el crudo que se encuentran enterrados en el subsuelo de Neuquén.

Los operadores internacionales, conocedores de la industria, aseguran que mientras no cambien los condicionamientos que hoy presenta la economía argentina (cepo cambiario, sobrevaluación del dólar y desregulación del mercado energético, corrección de la distorsión de precios relativos, entre otros puntos), la nueva ley de Hidrocarburos no cambiará el actual escenario de falta de inversiones.

Sobre la fruticultura pasa algo similar frente a las expectativas esgrimidas desde la Nación. Rusia es una oportunidad, pero no para el Valle ya que este modelo económico no incentiva la producción de frutas frescas y por ello no hay oferta para abastecer una potencial demanda adicional que exige el gigante euroasiático.

En la medida en que no cambie el modelo económico, la fruticultura regional está condenada al fracaso. O, en el mejor de los casos, se comprimirá en su mínima expresión tal como muestran hoy las estadísticas y sus tendencias.

javier lojo

jlojo@rionegro.com.ar


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