La vuelta al mundo en tres días, pero por la Patagonia
No es casual esta marca indeleble que tenemos estampada todos los que día a día entramos a la redacción del “Río Negro”. Nacimos como medio de comunicación en el mismo año en el que la ley Sáenz Peña le ponía definitivamente el traje de República a este país, con el voto universal, secreto y obligatorio. Y 104 años después, estamos con esta responsabilidad sobre nuestros hombros. Llevando todos los días el “Río Negro” al almacén de Moquehue, en medio de la nieve de los Andes o al quiosco de San Antonio Oeste, junto al Atlántico. Cada tres días, con sus paquetes de diarios a bordo, nuestras camionetas muerden el polvo y dan el equivalente a una vuelta al mundo, para llegar a todos los rincones del norte de la Patagonia. Esa Patagonia que nos identifica y nos compromete. Tan romántica siempre en la crónica europea. Tan dura, muchas veces, en el día a día de sus habitantes. Y ahí está nuestro mayor desafío: la gente, en medio de un siglo XXI que nos acorrala y nos demanda más eficiencia, más calidad, más tecnología.
Desde hace meses, todo el personal de este diario empezó a soñar un proyecto que, tras un intenso trabajo en equipo, despertó en este renovado diario de papel que hoy tenemos en la mano: nuevo logo y tipografías, nuevo diseño y color, desde la primera a la última de sus páginas. Un rediseño que amanece también en nuestra página web: desde hoy, rionegro.com.ar es un sitio más moderno y simple. Le da mayor relevancia a sus contenidos audiovisuales y presenta cambios en la navegación para brindarle una mejor experiencia al usuario. Una audiencia global que se abre a las exigencias de este presente, en el que el diario se seguirá leyendo en una mesa de bar pero también desde un teléfono móvil, en el traqueteo de un viaje en colectivo. Y en medio del rigor de estos tiempos, con sus smartphones, sus tablets –que ya envejecen cuando nacen– o sus “responsives designes” solo impera una tranquilidad: desde aquel diario que se atrevió a ponerle el pecho a la Patagonia en 1912 y este del 2016 que estamos leyendo, cruzados por señales electromagnéticas que nos atraviesan en el patio de nuestras propias casas, nada cambió. Porque seguimos, en definitiva, haciendo lo mismo de siempre. Y con la misma pasión: puro periodismo.
(*) Director periodístico