Ladrón gentil

Un solitario ladrón asaltó una fábrica del parque industrial de Roca y demostró algo del espíritu navideño, traducido en un dejo de humanidad. Ocurrió cuando el sol del mediodía del 31 de diciembre caía a plomo sobre ese sector de la ciudad, cercano a la meseta, mientras que en los comercios la gente hacía las últimas compras para la celebración de la noche. Apuntó con un revólver al empleado, lo obligó a tirarse boca abajo en el piso y le ató las extremidades con alambre. Con paciencia, esperó que llegara el dueño. Cuando Julián Tocce abrió la puerta del establecimiento de Australia 3585, siguió la misma suerte: Tras inmovilizarlo, el ladrón le sacó el celular, el dinero que tenía en los bolsillos y protestó por lo escaso de la suma. Cuando el dueño de la fábrica le hizo notar que los dejaba maniatados en un lugar de difícil acceso, sin presencia policial ni vecinos que pudieran escuchar gritos de ayuda, el ladrón tuvo un gesto: “¿A quién aviso?”, preguntó. Y cumplió. Dejaba el lugar montado en la moto del empleado, cuando la mujer del propietario recibía el llamado: “Señora: acabo de asaltar a su marido. Lo dejé atado en el parque industrial. ¿Por qué no llama a alguien que lo vaya a desatar?”


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