Lapeña: “Lo mejor es comprar gas a Bolivia”

El ex titular de Energía disertó en Neuquén. El encuentro fue organizado por la UEN.



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Para Lapeña, a pesar del optimismo del gobierno nacional, "las cosas no andan todo lo bien que deberían".

NEUQUEN (AN) – El ex secretario de Energía Jorge Lapeña, uno de los especialistas más criticados por el gobierno nacional, consideró ayer que lo mejor que hizo el país frente a esta crisis del sector “es comprarle gas a Bolivia”. Seguramente, le recomendación no le debe haber caído demasiado bien a más de uno en el auditorio de la sede neuquina del Museo Nacional de Bellas Artes porque es lo contrario de lo que viene reclamando la administración de Jorge Sobisch.

Lapeña fue uno de los dos oradores de un encuentro organizado por la Unión de Empresarios Neuquinos para reflexionar sobre la situación energética del país. El otro expositor fue el también ex secretario de Energía Alejandro Sruoga, que mostró la debilidad en la que se encuentra el mercado eléctrico, especialmente en este momento en el que la demanda está cerca de tocar la oferta máxima de generación.

Como moderadora actuó Graciela Misa de Romero Oneto, que fue presidenta del EPEN durante el último gobierno de Felipe Sapag.

Lapeña comenzó su exposición recordando la versión oficial de la coyuntura, resumida en un “está todo bien”, a la que le opuso el pensamiento, para él mayoritario,

de que “las cosas no andan todo lo bien que deberían”. Aunque aclaró que lo suyo no es el pesimismo y que su visión no es tampoco alarmante, mostró los indicadores, no de los últimos años sino desde 1970 hasta ahora, que demuestran que Argentina está en una encrucijada desde el punto de vista energético de complicada salida.

Recordó que hace más de 15 años que no hay descubrimientos de nuevos yacimientos de importancia, y que hoy la exploración en búsqueda de hidrocarburos tiene un ritmo menor que en 1986.

Lo paradójico, según Lapeña, es que la caída de la producción, de las reservas y de la exportación de petróleo “se da en un contexto de precios altos” internacionalmente. “Hay una anomalía económica y probablemente institucional”, dijo.

Recordó que cuando, en la década del 80, el país tenía reservas por un horizonte de 30 años, el fomento del uso intensivo del gas tenía una explicación. Por ello, en virtud de que considera que lo que está ocurriendo en Argentina no es un episodio sino una tendencia, recomendó comenzar a cambiar “la manera de utilizar el gas”.

Fue entonces que lanzó la recomendación de que “lo mejor es comprarle gas a Bolivia”, un país que no tiene más mercado para colocar fácilmente su producción que Brasil y Argentina. De todos modos, aclaró que la inestabilidad política de ese país complica las transacciones.

Hace años que Sobisch viene diciendo que es un despropósito pagar el gas boliviano cuatro veces más que el argentino que se produce en la cuenca Neuquina. Considera que mejorando la remuneración interna, aumentará la producción.

Lapeña dijo incluso que los 5 dólares por millón de BTU (una unidad calórica) pactado con el gobierno de Evo Morales “es un precio razonable” en función de las altas cotizaciones del petróleo en el mundo.

Antes Sruoga había mostrado cómo los precios finales del gas en el continente alientan las exportaciones del gas argentino: mientras en Buenos Aires el precio de distribución es de 2,4 dólares por millón de BTU, en Santiago de Chile llega a 22 y en San Pablo a 20 dólares. “No hay en argentina clima de negocios para inversiones de riesgo de las empresas”, dijo.


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