Las aguas bajan turbias en las ciudades de Buenos Aires y La Plata
Hubo gobiernos que prometieron obras de infraestructura impulsadas, en ciertos casos, por iniciativas propias y en otras heredadas. Presupuestos que no se ejecutaron o fueron reducidos y hasta inversiones no autorizadas por el Poder Ejecutivo Nacional.
Dolorcito –diminutivo de Dolores, nombre bastante utilizado en otras épocas para los varones– se despertó un día y al bajar de la cama descubrió que el agua había invadido la habitación. Su mujer se lo reprochó, como si él tuviera la culpa: “Yo te decía”. El gobierno de aquel entonces –en plena época electoral– habló de construir el “tajamar”, otras veces prometido –o sea una zanja realizada en las orillas del río para disminuir los efectos de las crecidas– y los candidatos intentaron aprovechar las tragedias de los inundados, quienes ocuparon vagones de trenes detenidos, que convirtieron por la emergencia en “casas-habitaciones”. Una noche Dolorcito se quedó dormido, pero no se despertó inundado sino en movimiento: su vagón había sido enganchado a una locomotora y toda su familia viajaba con destino desconocido, del cual y por diferentes circunstancias no volverían.
“Los inundados” es un cuento de Mateo Boss, realista, satírico y crítico que en 1961 fue adaptado y llevado al cine por Fernando Birri. Conocido como el padre del “nuevo cine latinoamericano”, este santafesino nacido en 1925 fundó el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral. Reseñar la formidable trayectoria de Birri no es el objetivo de este artículo, sino recordar que inundados hubo en diferentes épocas, lugares y situaciones.
No sólo el gobierno presidido por Cristina Fernández de Kirchner (CFK) sino, también, otros prometieron obras de infraestructura impulsadas en ciertos casos por iniciativas propias y en otras heredadas. Algunas desencadenaron polémicas por sus objetivos políticos, plazos de ejecución e inversiones requeridas. Demasiadas demoraron años sin terminarse, fueron suspendidas y/o sufrieron modificaciones. Pocas resolvieron los problemas hídricos.
Julio De Vido, ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, rechazó, el 4 del actual, que el gobierno nacional no colaborara con el de la ciudad de Buenos Aires para concretar las obras que evitaran las inundaciones y aseveró que “no hubo una gestión del gobierno porteño para hacerlas”. Sobre un total de $644 millones previstos el año pasado, “sólo se ejecutó el 47%”, dijo.
Hubo quienes atribuyeron esas inundaciones en la Capital Federal al predio de Tecnópolis, ubicado en el distrito vecino de Vicente López, y que el gobierno nacional dedica a exposiciones y campañas de propaganda. La Secretaría de Obras Públicas de la Nación, dependiente de Planificación, informó que tanto el canal aliviador Medrano como el reservorio Medrano evacuan los desagües pluviales de aquel partido bonaerense y el de San Martín. Los mismos fueron licitados por el primero de los distritos mencionado, con financiación de la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación (SSRH), y “finalizados a fines del 2011, encontrándose en perfectas condiciones”. La Secretaría dependiente de De Vido aclaró que el funcionamiento y usos eran responsabilidades de Vicente López y de la Dirección Provincial de Obras Hidráulicas de la provincia de Buenos Aires.
Se desconoce si las autoridades porteñas consultaron al Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
También existe un Consejo Hídrico Federal (Cohife), integrado por los gobiernos nacional, provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con seis grupos de trabajo que procuran de manera consensuada el desarrollo armónico e integral del país en materia de recursos hídricos.
La SSRH elabora y ejecuta la política hídrica nacional y en su ámbito funciona el Instituto Nacional del Agua (INA).
La Red Federal de Educación y Concientización del Agua (Redagua) facilita la reunión y difusión de los proyectos y acciones que se ejecutan, con el fin de potenciar sus impactos, estimular asociaciones preactivas y posibilitar un foro de debate. Entre sus beneficios brinda la posibilidad de vinculación para la obtención y financiación de proyectos.
De Vido anunció que el gobierno nacional invertiría $680.000 millones aproximadamente en todo lo que se refiere a infraestructuras durante el período 2013–2018, pero no suministró el detalle de las obras.
Parecería ser que las inversiones del gobierno en programas para mitigar las inundaciones disminuyeron a la mitad durante el gobierno de CFK, de acuerdo con un estudio del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) que utilizó datos del Ministerio de Economía de la Nación y la Asociación Argentina de Presupuesto (Asap). En el presupuesto nacional hay tres programas para paliar los desastres por tormentas: el de recursos hídricos; el de apoyo para los desarrollos de infraestructuras urbanas (contempla los desagües pluviales), y el de atención del Estado ante emergencias por inundaciones. Entre el 2007 y 2012, las partidas para esos tres programas se redujeron de $861 millones a 411 millones (según precios actualizados al 2012). A su vez, Idesa señaló que en idéntico lapso los subsidios a Aerolíneas Argentinas pasaron de un millón a 4.120 millones (a precios del 2012).
A fines del 2007, Pablo Romanazzi y Arturo Urbiztondo, profesores de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), entregaron a Pablo Bruera, intendente del distrito, el trabajo “Estudios hidrológicos, hidráulicos y ambientales en la cuenca del arroyo del Gato” –parcialmente conocidos en el 2003 cuando el actual ministro de Justicia de la Nación, Julio Alac, era el jefe comunal– y recomendaron una serie de obras en la cuenca que abarca los partidos de La Plata y Ensenada. Debido al trágico temporal en esas ciudades y otras aledañas, Bruera intentó justificarse afirmando que por la ley provincial vigente no podía adoptar “ninguna decisión sobre la cuenca hídrica sin la autorización de la provincia”.
“Me pesan los más de medio centenar de muertos. No me los puedo sacar de la cabeza. Tendría que haberme esforzado más para que las autoridades hicieran las obras para evitar o al menos mitigar tragedias como las que arrasaron a la capital bonaerense”, declaró Romanazzi. Subrayó que lo ocurrido “escapó a todas las previsiones, pero no por eso nos vamos a olvidar de los errores que se cometieron”, entre los cuales mencionó la urbanización descontrolada del gran La Plata y el boom inmobiliario que se repitió allí, como en casi todo el país.
Romanazzi es el director del Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la UNLP, que realiza estudios e investigaciones hidrológicas y las evaluaciones ambientales. En ese ámbito analizaron el desarrollo de las infraestructuras de desagües en zonas altamente urbanizadas y sistemas de información geográfica para la evaluación de los recursos hídricos y de la dinámica de riesgos por inundaciones.
Tras la inundación de febrero del 2008, Bruera inició conversaciones con Cristina Álvarez Rodríguez, entonces ministra de Infraestructura de la provincia, para transformar aquel trabajo académico en un proyecto ejecutivo.
En enero del 2010, el gobernador Daniel Scioli recibió la oferta de la consultora en ingeniería hidráulica ABS, que estimó que las obras sobre la cuenca del arroyo del Gato, donde viven 400.000 habitantes, costarían $770 millones.
El mandatario afirmó que la Provincia nunca obtuvo financiamiento para concretar el proyecto, ni para otros.
Los episodios de los últimos días permitieron recordar que Bruera se animó a enfrentar a Néstor Kirchner, en el 2009, al repartir su boleta electoral separada de la que llevaba al expresidente como candidato a diputado nacional. Por eso el gobierno cortó partidas a La Plata; no le concedió ningún cupo del plan “Argentina trabaja” y congeló las obras para el arroyo del Gato, cuyo curso es el receptor del 75% de las aguas de lluvias de La Plata, Los Hornos, San Carlos, Tolosa y Ringuelet.
Las trágicas inundaciones que asolaron a Buenos Aires y La Plata demostraron la ausencia de obras de infraestructura imprescindibles para evitarlas. Un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) estableció que el gasto público consolidado nacional, provincial y municipal trepó un 60% durante la última década. Apenas el 10% del incremento total del gasto se basó en la inversión real directa, básicamente compuesta por obras de infraestructura.
Luego de reconocer que las amenazas naturales pueden afectar a cualquiera, Estrategia Internacional para la Reducción de los Desastres de las Naciones Unidas (EIRD) establece alianzas y aplica un enfoque global. Busca así las participaciones de todos los individuos y las comunidades para disminuir las pérdidas de vidas humanas, los reveses socioeconómicos y los daños ambientales. Insiste en que las prevenciones se inician con informaciones y que es preciso obtener los compromisos de las autoridades públicas para implementar políticas y acciones. “Al compartir un propósito común y a través de los esfuerzos de colaboración podemos garantizar un mundo más resistente a los impactos de las amenazas naturales –proclaman en la EIRD–. Si más sabemos sobre las causas y las consecuencias de las amenazas naturales y de los desastres tecnológicos y ambientales afines en las sociedades, mejor nos podremos preparar para reducir los riesgos. Al tomar en consideración a la comunidad científica y a los forjadores de políticas, ellos podrán contribuir y complementar los trabajos de cada sector”.
Por demasiados anuncios incumplidos y desidias
Miguel Ángel Fuks – miguelangelfuks@yahoo.com.ar
Dolorcito –diminutivo de Dolores, nombre bastante utilizado en otras épocas para los varones– se despertó un día y al bajar de la cama descubrió que el agua había invadido la habitación. Su mujer se lo reprochó, como si él tuviera la culpa: “Yo te decía”. El gobierno de aquel entonces –en plena época electoral– habló de construir el “tajamar”, otras veces prometido –o sea una zanja realizada en las orillas del río para disminuir los efectos de las crecidas– y los candidatos intentaron aprovechar las tragedias de los inundados, quienes ocuparon vagones de trenes detenidos, que convirtieron por la emergencia en “casas-habitaciones”. Una noche Dolorcito se quedó dormido, pero no se despertó inundado sino en movimiento: su vagón había sido enganchado a una locomotora y toda su familia viajaba con destino desconocido, del cual y por diferentes circunstancias no volverían.
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