Las campañas,
lejos de las multitudes



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La campaña para las parlamentarias va entrando en la recta final. Pronto será historia. Sólo contarán los resultados del 27. Lo que se hizo o no se hizo quedará en este tiempo, reducido a mero trámite dialéctico de quienes perdieron. Porque, como señaló Walter Lippmann, “el que gana empieza a escribir otra historia”.

En “La imagen del poder” un veterano de campañas electorales –el sociólogo Hugo Haime– pasa revista a lo que define como “elementos estructurales” a tener en cuenta por los candidatos: profundo deseo de poder por parte del candidato, objetivo político claro, voluntad política puesta en acción, capacidad de conducción, mística ganadora, una estrategia definida, organización y equipo, flexibilidad para el cambio de decisiones e información adecuada.

Pero, advierte Haime antes de entrar a desmenuzar la naturaleza de cada una de estas claves, “cada una de ellas tiene existencia por sí misma y elementos propios y singulares”.

¿Cómo se dan estas claves entre los principales candidatos bonaerenses y de la Capital Federal? A nueve días de las urnas, una única respuesta: en forma desigualmente acentuada. Algunas reflexiones al respecto:

• Aceptado que asumen la lucha con definida voluntad de poder, quizá sea Elisa Carrió quien más terminantemente exprese esa voluntad. Pivoteando en su verbo destemplado, directo, se asume como poder en acción. Fiscal del régimen K. El despliegue de su discurso tiene a su favor un escenario apropiado, Capital Federal, desborde creciente de enojo con el régimen. En esta línea de protagonismo se engarza también “Pino” Solanas.

• Desde la estrategia sustentada en ideas sólidamente argumentadas, funcionales a lo proactivo, Martín Lousteau saca muchas cabezas de distancia al resto de los candidatos. Discurso sereno. Reflexivo. Con un dejo de abrevar en el ideario desarrollista, sostiene sus definiciones sobre economía desde un convencimiento maduro, ajeno a prometer sin fundamentar. Técnicamente impecable.

• Hay un dato interesante en esta campaña que involucra a todos los candidatos. La ausencia de algo que ha sido tradicional en el grueso de los procesos electorales en lo que va de democracia: el gran tramado de burocracia que supo rodear a los aspirantes al poder. Consultores, asesores publicitarios, equipos de prensa y “círculos de sugerentes y mentados comunicadores alcahuetes que nunca se sabe qué hacen”, como suele decir Julio Bárbaro. Existen, sí. Pero en expresión muy reducida. Mandan las redes sociales. Éste es un perfil muy distintivo de esta campaña: el vínculo que se establece vía tecnología pura entre los candidatos y la sociedad.

• Es muy desigual la capacidad de conducción que los candidatos tienen sobre sus campañas. Sergio Massa, por caso, es muy dueño de sus pasos, seguro de no necesitar respaldo de otros poderes. Martín Insaurralde es, en esta materia, la contracara. Tiene un tutor: Daniel Scioli. Y varios pares de “barones del conurbano” siempre a sus espaldas.

• También en el campo de la mística ganadora hay diferencias elocuentes a la hora de transmitirla. La UCR está definidamente ausente de poder transmitirla, aun en la seguridad de que cosechará buenos resultados. Le pesa la historia. El pasado del final de la administración Alfonsín. Lo sucedido con la Alianza. Dos tragos que se conjugan en un cóctel fatal: la desconfianza que el partido desgrana en amplios espacios de la opinión pública. En Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, la cuna en la que nació en 1890, la geografía en que se arropó por décadas de inmenso poder, el partido está desaparecido. La dignidad y tenacidad con que –por caso– Ricardo Alfonsín y Margarita Stolbizer caminan el territorio bonaerense no alientan esperanzas de recuperación de poder. Sus actos, sus periplos, están generalmente solos o acompañados por los leales de siempre. Veteranos de muchas y singulares luchas electorales. No más. Y en Capital Federal la situación de la UCR en el marco de UNEN es apropiada para la metáfora: la única banca de senador que logrará será para un peronista: “Pino” Solanas.

• En materia de imágenes, la campaña para senadores por Capital Federal ofrece rasgos interesantes. Gabriela Michetti –PRO– recorre la ciudad en términos churchillianos de hacer política: calle por calle, esquina por esquina. Habla desde una ligazón muy fuerte con los problemas de la gente de una ciudad compleja de gobernar. Su discurso tiene una característica poco habitual en el grupo de las primeras espadas: habla lo necesario. A lo que suma una significativa cuota de autonomía en relación con Mauricio Macri. No hay en Gabriela Michetti un machacar con admiraciones a su jefe político. Que sí hay, y en dosis industriales, en todo el espinel de candidatos K en relación con el difunto Néstor y con Cristina. Machaque admirativo que –por caso– lastima la imagen de Daniel Filmus. Por formación intelectual, por estilo de relacionarse, Filmus cosecha respeto y consideraciones. Pero es K en una ciudad hoy de rostro agrio para este poder.

Pero en días más la campaña electoral será historia. El 27 hablarán las urnas. Y el resultado –como mucho en política– quizá poco tenga que ver con lo que se hizo en campaña.

Carlos torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

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