«Las chicas todavía no descansan en paz»

Las familias González y Villar esperan más de la Justicia.

CIPOLLETTI (AC).- «Las chicas todavía no descansan en paz».

Así de simple y de profundo fue el mensaje que anoche dio Ulises González al conocer la sentencia de la Cámara Segunda de General Roca.

A las 20.30 Ulises estaba agotado. Es que a las 6 de la mañana saltó de la cama. El teléfono de su casa comenzó a sonar una y otra vez. Las radios de aquí y de Buenos Buenos Aires buscaban su palabra, una opinión o el anticipo de un veredicto que él no estaba en condiciones de ofrecer.

El pronunciamiento judicial llegó mucho más tarde, a las 20.30, cuando en la sala se escucharon algunos gritos, al estilo de «los asesinos siguen sueltos».

«Esta es una pequeña batalla ganada, pero la guerra sigue», sentenció más adelante el padre de María Emilia y Paula Los familiares anunciaron que las marchas del silencio no se detienen, al igual que la lucha judicial.

Ulises no se retiró satisfecho del local del Sindicato de Luz y Fuerza, como tampoco lo hizo su esposa, Susana Guareschi.

La turbación se mezclaba con la emoción. Sus primeras declaraciones a LU 19 daban a entender que se encontraba medianamente satisfecho al escuchar sobre todo la perpetua de Kielmasz.

«No estoy conforme», dijo Susana con lágrimas en los ojos y una voz quebrada que apenas se oía.

La madre de las dos chicas esperaba más. Incluso tenía la esperanza de que Guillermo González Pino recibiera una pena similar a la Claudio Kielmasz, que fue condenado a prisión perpetua, mientras que Pino fue enviado a la cárcel por 18 años.

Los González volvieron a hablar de encubrimiento y apuntaron a «la policía, los políticos y empresarios». En idéntico sentido se pronunció Juan Villar, el padre de Verónica. «Aquí falta mucha gente, gente que encubre desde el Poder Ejecutivo», disparó con bronca este hombre, tan cansado como Ulises.

Villar, a la cabeza

Villar encabezó a la tarde la columna de manifestantes, mientras a los gritos trataba de despejar el camino de policías que habían formado un cordón con la intención de evitar que los estudiantes de la Federación Universitaria del Comahue y de la agrupación Hijos se acercaran hasta la puerta del local sindical.

Fue una audiencia extensa, con algunos contrapuntos. En el interior del auditorio había silencio. En el exterior se escuchaba, de tanto en tanto, bombos, redoblantes y algunas consignas contra la Justicia y la Policía.

Los integrantes del tribunal se molestaron por los ruidos externos y el presidente, César López Meyer, amenazó con interrumpir la lectura si alguien «con ascendencia» en los manifestantes no los llamaba a la reflexión para que reinara el silencio.

«Nosotros escuchamos bien», retrucó Villar. El rostro inflexible de López Meyer obligó al padre de Verónica a pararse de su asiento para salir a la calle y evitar que el juez cumpliera con su amenaza.

También hubo algunas estocadas contra el defensor Gustavo Viecens. Al menos en dos oportunidades, Mari Mella, tía de las hermanas González, pidió a gritos «devolvele el favor a a González Pino».

La mujer aludía a un curioso episodio ocurrido en una audiencia que se realizó en Roca: González Pino le había recriminado a Viecens: «Vos me pediste un favor y yo te lo hice, ahora portate bien».

El defensor, según dijo, había solicitado que en las audiencias González Pino no demostrara enemistad con Kielmasz.

Nadie quedó conforme entre los defensores

CIPOLLETTI (AC).- Eves Tejeda, defensor de González Pino, aseguró que «fue un fallo para calmar la apetencia de venganza de la gente».

Su hijo, y también defensor de González Pino, tampoco ahorró durezas al referirse a la sentencia: «con todo respeto, este fallo me pareció verdaderamente ridículo».

El resto de las partes se manifestaron en igual sentido.

Para Gustavo Viecens, defensor de Claudio Kielmasz, la sentencia es «insostenible», mientras que el querellante Fernando Dalmazzo aseguró que el dictamen no lo dejó satisfecho y que queda mucho por investigar.

Quien exteriorizaba su disconformidad, fue Gerardo Tejeda. «Con todo respeto, el fallo me pareció ridículo porque fue imparcializado totalmente».

Ya pensando en lo que se viene dijo que «primero impondremos un recurso de casación y luego enviaremos el fallo con los elementos que hay al Consejo de la Magistratura, ya que a mi modesto entender, hubo una imparcialidad abierta de parte de los jueces López Meyer y García», en relación a los dos camaristas que pidieron la condena de González Pino.

Distintas fueron sus consideraciones hacia el pedido del juez Rotter. «Es un fallo al que adherimos. Es apenas la mitad de todos los elementos que esta defensa había manifestado en sus alegatos».

Incluso amplió mencionando que «el fallo de Rotter no fue objetado. Todo lo que no utilizó la mayoría (por los otros dos magistrados), Rotter lo avaló. Es más, Rotter fue el que impugnó el fallo de la mayoría».

Con respecto al resultado que esperaban, aseguró «no era uno de este tipo, porque para nosotros era una absolución».

Incluso dijo que «indudablemente influyó la presión social, porque jurídicamente este fallo es inaceptable».

A su turno, Eves Tejeda -quien no asistió a la lectura de sentencia pero la siguió a través de las transmiciones radiales-, dijo que «la condena no tiene asidero jurídico. Se basaron en un testigo fantasma (en relación a Rafael Huirimán Lloncón) y en una menor autodeclarada mentirosa», concluyó.

Gustavo Viecens, el defensor de Kielmasz, no ocultó su malestar. «Francamente me pareció desajustado a derecho. Es un fallo insostenible, arbitrario y de muy poca consistencia jurídica», aseguró luego de que su pupilo fuera condenado a perpetua.

«Jurídicamente tiene consecuencias muy peligrosas, ya que como el mismo tribunal lo deslizó, no se pudo establecer la participación que tuvo Kielmasz. Es por ello que cuando interponga el recurso de casación, esta sentencia deberá ser revocada», dijo confiado.

El defensor oficial consideró la sentencia como «muy contradictoria. Supuestamente la persona que facilita el arma, no tuvo después ninguna participación probada en el hecho».

«Justamente, que se retire de la escena del hecho en el momento en que se iba a llevar a cabo la acción más desencadenante. Es insólito, tanto para González Pino como para Kielmasz», amplió.

Con respecto a las acciones a seguir, Viecens manifestó que «con mayor detenimiemto y tranquilidad analizaremos todas las falencias de esta sentencia».


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