Las formas de la cultura en los medios masivos

Es creciente la presencia de propuestas culturales en los medios, aun así deben pujar en un mercado complejo en donde predomina el show. Entretanto, los protagonistas de los ciclos se adaptan al contexto y dejan atrás los prejuicios.



Buenos Aires (Télam).- La creciente presencia de programas culturales en las actuales grillas de televisión y radio deja al descubierto un fenómeno de singular complejidad, que confronta este tipo de propuestas a la difícil misión de suscribir a las demandas de la difusión masiva, según coincidieron distintos especialistas del área.

Entre la amplia oferta disponible en tevé referida al rubro cultural, se podría citar la labor de Canal (á) -señal de cable dedicada a la cultura que cuenta con un noticiero diario y emite clásicos como “Los siete locos” o noveles como “La librería en su casa”-, el traspaso de “El refugio de la cultura” a la televisión abierta y la llegada de señales como People & Arts o A&E Mundo, que nutren la pantalla de documentales históricos y biografías.

En el ámbito de la radio, si bien la mayoría de los programas dedican un segmento a la cultura, los hay más específicos como “País cultura” (Radio Nacional), “Y ahora qué”, (FM Supernova), “Los palabristas”, (Radio Ciudad), “La vida me engañó” (Radio del Plata) o “Libros que muerden” (FM Palermo).

En conversación con Télam, tres especialistas del medio como Carlos Polimeni, Carlos Ulanovsky y Alejandro Dolina coincidieron en apuntar, como hitos recurrentes de este tipo de propuestas, la banalización de contenidos a través del efectismo audiovisual, las urgencias económicas que instan a nivelar por lo más bajo para no perder “clientes” y los prejuicios de lo “entretenido” frente a lo “culturoso”.

“Creo que la tirantez recíproca se ha ido diluyendo: los intelectuales han dejado de considerar a los medios como degradantes de la cultura y los responsables de estos se han dado cuenta de que hay un público que consume cosas específicas, por lo que se ha diversificado la oferta cultural”, manifestó Polimeni, periodista de “Página/12”.

Sin embargo, esta diversificación ha contribuido a que la tevé abierta derive toda la responsabilidad al cable: “Si antes los canales se preocupaban de tener dos o tres programas culturales, casi como coartada ante eventuales ataques, ahora se han visto liberados de esa responsabilidad”, consideró Ulanovsky.

Por su parte Dolina, conductor del ciclo radial “La venganza será terrible”, subrayó que “en el país, las urgencias económicas cada vez más perentorias atentan contra la inserción cultural en los medios, premiando el despliegue de la frivolidad y ahuyentando todo intento de ahondar en conceptos”.

“En general -prosiguió- las instrucciones que se reciben son pocas pero contundentes: una de ellas es no resultar tan complejo como para que alguien pueda quedar afuera. Es decir, se tiende a que la marcha se efectúe al paso del más lento porque no se está en condiciones de perder ningún oyente ningún cliente”.

El autor del libro “Estamos en el aire” recalcó también que por temor al fonema “culturoso”, aplicado de modo peyorativo, la cultura a veces llega de un modo muy simplificado a los medios, adhiriendo a las reglas generales de ritmo y efectismo.

“Pero ahí creo que no hay una responsabilidad de la herramienta -sugirió Polimeni- sino que surge un desafío por parte de quien la emplea: no demonizar la potencialidad mediática sino entenderla como un instrumento poderoso y que se debe aprender a utilizar de un modo eficaz.” Y rescató: “Popularizar la cultura ha servido para alejar aquel paradigma del intelectual en la torre de marfil, y creo que los medios han contribuido a conjurar tanto ese estereotipo del retórico que se jacta de manejar un discurso hermético como el prejuicio contrario que denigra el pensamiento abstracto por considerarlo fútil”.

“Lo riesgoso -advirtió Polimeni- es que esta benéfica exposición de la cultura, aunque más no sea de modo sensorial, suele quedar eclipsada por un corpus enorme de bagatelas y pequeñeces que son las que circulan con mayor asiduidad”.

Ulanovsky reforzó la idea: “Los medios han servido a la cultura en su tarea de divulgación, y servirán en la medida que puedan generar polos de debate iluminado ciertas zonas del conocimiento. Si logran ese objetivo, inmersos en un ámbito concebido para el pasatismo y el entretenimiento, ya es bastante”.

Ante el axioma mediático de que “cultura es todo”, Dolina explicó que éste “es un ardid retórico que procura paliar el déficit cultural que sobreabunda en los medios con respecto a la cultura en un sentido clásico: la ciencia, el arte y la filosofía”.


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