Las nuevas amenazas

Por Jorge Gadano

Muchos de los dirigentes que se atribuyen la misión de cuidarnos están hablando hoy de las «nuevas amenazas», que son aquellas nacidas después del desmoronamiento del bloque mundial comunista que Ronald Reagan denominó como el «Imperio del mal».

En nuestro país el dirigente que con mayor frecuencia se está ocupando de los peligros que nos acechan es el ex presidente Carlos Menem. A pesar de que, en apariencia, él y Eduardo Duhalde tienen enormes diferencias (desde que se empezaron a pelear por el cargo de presidente), ambos coincidieron esta semana en que las Fuerzas Armadas podrían participar en la lucha contra la delincuencia.

Aunque no con la asiduidad de Menem y Duhalde, el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, teniente general Juan Carlos Mugnolo, también suele aparecer en los medios para ocuparse de la seguridad y de las nuevas amenazas. Ha publicado, por ejemplo, sobre el tema «La razón de ser de las Fuerzas Armadas», un título que, obviamente, generó la curiosidad de una gran masa de lectores, y en esta última semana volvió a la sección de opinión del diario «La Nación» para intentar demostrar que defensa y seguridad son conceptos que definen prácticas estrechamente relacionadas.

En el artículo «Razón de ser…», Mugnolo hace la pregunta que muchos argentinos podrían, legítimamente, formularse: «¿Para qué queremos nuestras Fuerzas Armadas»? Contesta con el artículo 2º de la ley de defensa nacional 23.544, que asigna a las Fuerzas Armadas la misión de «enfrentar las agresiones de origen externo».

Pero no se queda ahí ni se conforma con eso, que es sólo la ley que se sancionó después del desastre del Proceso. Para Mugnolo parece ser más importante la opinión de Alvin Toffler, quien, en su libro «El cambio del poder», escribió sobre lo que «les sucede a las personas cuando toda la sociedad en que viven inmersas se transforma de pronto en algo nuevo e inesperado». Como si vinieran los marcianos.

¿Qué interpretación hace Mugnolo de la doctrina Toffler? Dice que la transformación se configura en las nuevas amenazas «a la paz y seguridad» de todas las naciones. Tales amenazas se distinguen por su «imprevisibilidad y variedad». La lógica indica que la imprevisibilidad y variedad de las amenazas determinan que deban ser imprevisibles u variadas las facultades que se asignen a quienes reciban la misión de enfrentarlas.

Mugnolo expande su pensamiento en el mundo de la teoría y de las abstracciones. En el artículo de esta semana muestra su vuelo intelectual con citas de Humberto Eco y Giovanni Sartori quienes, según Mugnolo, coinciden en que «nos enfrentamos a un nuevo fenómeno, la guerra difusa». Pero un general con mando de tropas, el comandante del II Cuerpo de Ejército, Hernán Olmos, fue más concreto en abril pasado, al ser consultado sobre si los cursos de la Escuela de Guerra se basarían en la hipótesis del conflicto social y del terrorismo. Dijo que «no se descarta que la situación pueda llevarnos a un momento tal que haya que decidir el empleo del poder militar». Y «la situación», como cualquiera puede ver, está cada vez peor.

Mugnolo prefiere eludir cualquier pronunciamiento respecto de una intervención militar en el conflicto social. Señala que si bien seguridad y defensa son conceptos que tienen «una interrelación jerárquico-funcional», todo se complica cuando se trata de aplicarlos, porque entonces «lo geográfico, lo político y lo jurídico producen rígidas y artificiales delimitaciones en nuestra legislación, aspecto que las nuevas amenazas aprovechan en su favor». Esta columna puede aportar un ejemplo que muestre nítidamente la diferencia entre las antiguas y las nuevas fronteras: una cosa sería enfrentar un ataque conjunto de los ejércitos de Paraguay y Bolivia, y otra contener a la hinchada de Boca desbordada.

Mugnolo va al grano en el final de su nota, cuando habla de la contribución de todas las fuerzas de la Nación «a la paz interior», que es sinónimo de «pax romana» (y por lo tanto de seguridad) en países como éste.

Hay en el párrafo en cuestión una aclaración, referida a la «sabiduría» en la aplicación de la fuerza. Es un concepto que merece, a su vez, ser aclarado, porque no hace falta ir muy lejos en la historia del país para advertir que, en el uso de la fuerza, las Fuerzas Armadas han sido de todo, menos sabias. Particularmente cuando se produjeron aquellos acontecimientos iniciados en 1976 a los que el teniente general trata con cuidadosa y austera elección de las palabras, porque sólo dice de ellos que «enlutaron a nuestra sociedad».

Otro teniente general, Ricardo Brinzoni, jefe del Ejército, intervino en el debate para hacer una propuesta tendiente al aporte de la mano de obra para la lucha contra las nuevas amenazas. Data de hace más de dos años, y fue denominada «Voluntarios para la Defensa». Consiste, escribió Brinzoni, en la incorporación transitoria de varones y mujeres de entre 18 y 35 años, que serían capacitados para que adquieran «destrezas militares y otras» que les serían útiles en la vida civil, a la que volverían convertidos en reservistas.

Explicó que se necesitan propuestas novedosas para enfrentar a las nuevas amenazas, y que una de ellas era el programa «Voluntarios para la Defensa».

A mediados del 2000 Brinzoni ofreció al gobierno la participación del Ejército en la lucha contra la pobreza a cambio de 15.000 planes Trabajar que le permitieran sumar al programa a igual número de jóvenes desocupados.


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