Las rutas de la región, un peligro adicional



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La conducción en condiciones climáticas adversas requiere en la región tomar algunos recaudos adicionales debido al estado de las rutas que es, en muchos casos, verdaderamente calamitoso. Basta con recorrer la Ruta 22 en el tramo General Enrique Godoy-Cipolletti para encontrarse con un variado tipo de complicaciones, derivadas de la construcción de la autovía que ya lleva siete años desde que en el 2010 se realizó la adjudicación.
De esos casi 80 kilómetros de recorrido son muy pocos los que tienen señalización vertical, lo que, en el caso de lluvia obliga a los conductores a circular sin referencias, pues no existen las rayas blancas que fijan los límites de la calzada.
Otro tanto sucede en la Ruta 65, o “ruta chica” que carece de las líneas blancas, a lo que le suma una importante cantidad de baches en el tramo entre Guerrico y Roca.
Y en materia de baches la Ruta 232, entre Gobernador Duval y el empalme con la Ruta 152, ya en territorio pampeano, tienen los mayores muestrarios, con verdaderos cráteres que esconden sorpresas de todo tipo para los conductores. Lo mismo ocurre en la propia Ruta 152, en la zona del parque nacional Lihuel Calel. En esos lugares es común se produzca la rotura de neumáticos e inclusive llantas de los vehículos, peligro acentuado cuando llueve y los pozos se tornan invisibles.
Pero no sólo los baches acechan en la región, ya que por la circulación de camiones excedidos del peso que admiten las rutas (que tienen escaso o ningún control) se forman profundas huellas que, cuando llueve, se convierten en charcos que esconden sorpresas desagradables.

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