Las rutas petroleras, otra asignatura pendiente

Nunca como en la era shale las rutas fueron tan importantes para el sector petrolero. Cada día, unos 3.000 camiones se mueven por la cuenca neuquina, y esto es tan sólo el comienzo de una actividad que amaga con crecer de forma exponencial. A esa demanda debe corresponderle una obra pública acorde, no sólo por una cuestión de seguridad vial sino también netamente económica. Y las lluvias pueden convertirse otra vez en un problema. El caso emblemático es el de Punta Carranza, sobre Ruta 5, camino a Rincón de los Sauces. El gigantesco cañadón que cruza la ruta la deja anegada cada vez que precipita. Y esto a pesar de la millonaria obra que encaró Provincia para asfaltar los molestos 9 kilómetros de ripio que había en ese tramo. La tormenta del fin de semana pasado no fue la excepción y no sólo dejó intransitable el camino, sino que casi se cobra la vida de un petrolero que intentó cruzar el curso de agua y terminó sepultado por un aluvión de barro. Ni hablar de la Ruta 17, que directamente no está asfaltada y que con la actividad de Loma Campana se convirtió en una suerte de autopista del shale, con un tránsito que no tiene antecedentes. El otro caso emblemático es el de Challacó, otra zona que sufre inundaciones y deja sin posibilidad de paso a la Ruta 22. Aquí, además del sector de operaciones petroleras, se ve afectado el tránsito de camiones cisterna con combustible de las refinerías de Plaza Huincul, lo que complica el abastecimiento a las estaciones de servicios de la zona. Los caminos serán sin duda una asignatura clave para que la Provincia pueda recibir las inversiones que prometen los no convencionales.

El corte en challacó dejó varados a decenas de camiones.


Nunca como en la era shale las rutas fueron tan importantes para el sector petrolero. Cada día, unos 3.000 camiones se mueven por la cuenca neuquina, y esto es tan sólo el comienzo de una actividad que amaga con crecer de forma exponencial. A esa demanda debe corresponderle una obra pública acorde, no sólo por una cuestión de seguridad vial sino también netamente económica. Y las lluvias pueden convertirse otra vez en un problema. El caso emblemático es el de Punta Carranza, sobre Ruta 5, camino a Rincón de los Sauces. El gigantesco cañadón que cruza la ruta la deja anegada cada vez que precipita. Y esto a pesar de la millonaria obra que encaró Provincia para asfaltar los molestos 9 kilómetros de ripio que había en ese tramo. La tormenta del fin de semana pasado no fue la excepción y no sólo dejó intransitable el camino, sino que casi se cobra la vida de un petrolero que intentó cruzar el curso de agua y terminó sepultado por un aluvión de barro. Ni hablar de la Ruta 17, que directamente no está asfaltada y que con la actividad de Loma Campana se convirtió en una suerte de autopista del shale, con un tránsito que no tiene antecedentes. El otro caso emblemático es el de Challacó, otra zona que sufre inundaciones y deja sin posibilidad de paso a la Ruta 22. Aquí, además del sector de operaciones petroleras, se ve afectado el tránsito de camiones cisterna con combustible de las refinerías de Plaza Huincul, lo que complica el abastecimiento a las estaciones de servicios de la zona. Los caminos serán sin duda una asignatura clave para que la Provincia pueda recibir las inversiones que prometen los no convencionales.

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