Lealtad y obsecuencia



Por ser el kirchnerismo un movimiento tan “verticalista” como el peronismo de la primera época, los dirigentes opositores sabían de antemano que el destino del pedido de que Amado Boudou sea sometido a un juicio político dependería por completo de la voluntad de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Si los diputados oficialistas se destacan por algo, es por su obediencia: de exigirles la jefa votar para que en adelante blanco sea negro o dos más dos sea igual a cinco, lo harían sin preguntarle sus motivos. Algunos actúan así por oportunismo, ya que esperan conseguir beneficios concretos a cambio de su militancia, y sería de suponer que otros, los más humildes, confían ciegamente en la infalibilidad de Cristina, pero todos, lo entiendan o no, le hacen un flaco favor a la mandataria al limitarse a respaldar acríticamente a un personaje como Boudou, asegurándonos una y otra vez que el vicepresidente es víctima de un “linchamiento mediático”, de la malignidad del CEO del grupo Clarín, el contador Héctor Magnetto, y así largamente por el estilo. La “lealtad” exagerada, y mal entendida, de quienes se enorgullecen de ser “soldados de Cristina” equivale a abandonarla a su suerte. En lugar de ayudar a la presidenta poniendo a su disposición su propia experiencia y capacidad de análisis, demasiados legisladores, producto de una cultura política rudimentaria, han adoptado una actitud pasiva parecida a la de aquellos empresarios aplaudidores que suelen acompañarla en los actos públicos. Por cierto, no le aportan nada positivo. Antes bien, la privan de la ayuda que todo jefe de Estado necesitaría para gobernar con éxito al ocupar lugares que, en un sistema político menos precario que el nuestro, corresponderían a personas más idóneas. No se trata de un detalle menor. Las deficiencias llamativas de la gestión del gobierno actual que tanto han perjudicado al país, sobre todo en el ámbito económico, y que seguirán incidiendo de manera muy negativa en los años próximos, pueden atribuirse en buena medida a la soledad de una presidenta que siempre ha carecido de asesores confiables y de instituciones firmes en que apoyarse. Ninguna persona, por talentosa que fuera, podría gobernar adecuadamente un país como la Argentina sin la colaboración activa, no sólo pasiva, de muchas otras. Los errores más costosos cometidos por Cristina, entre ellos la elección de Boudou como su compañero de fórmula y por lo tanto vicepresidente, se debieron a que sus simpatizantes le habían permitido acostumbrarse a la idea de que cualquier capricho suyo se vería avalado automáticamente por todos los oficialistas. De no haber sido por el servilismo de tantos dependientes, hubiera comprendido que al privilegiar así al marplatense ambicioso corría un riesgo mayúsculo. Puede que algunos procuraran advertirle que, en vista de sus antecedentes y su conducta, Boudou no tardaría en protagonizar escándalos bochornosos que le supondrían muchos dolores de cabeza, como en efecto ocurriría, pero no se sentía obligada a prestarles atención. Parecería que en el mundillo autocrático, unipersonal, en que vive Cristina con la aquiescencia de quienes la rodean, nadie tiene derecho a disentir, razón por la que, al entrar en su prolongada fase final una gestión que, de haber sido distintas tanto las circunstancias como la conformación del gobierno, pudo haber sido relativamente exitosa, siguen multiplicándose problemas gravísimos de todo tipo. Como era de prever, la sesión de la Comisión de Juicio Político que se celebró el jueves pasado degeneró en una serie de reyertas animadas por los gritos e insultos a los que nos ha habituado la soldadesca kirchnerista. Si bien hay que suponer que muchos diputados oficialistas creen que sería mejor para Cristina, y para el kirchnerismo en su conjunto, que Boudou por fin abandonara el escenario, ya que la evidencia en su contra recopilada por el juez Ariel Lijo parece más que suficiente como para hacer de él un “emblemático” cuya mera presencia les supone costos políticos difícilmente soportables, se negaron a sacrificarlo por miedo a la reacción de su jefa. Así, pues, la saga nada edificante protagonizada por Boudou continuará, beneficiando más a la oposición que al gobierno, gracias a la postura de quienes suponen que la mejor manera de servir a Cristina consiste en hacer gala de su propia obsecuencia.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Sábado 5 de julio de 2014


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