Libertad de prensa o límites

"Río Negro" era regional 45 años antes de la creación de las provincias de Río Negro y Neuquén.

En sus recientes declaraciones, el ministro Alfredo Pujante ha ofrecido otra prueba del doble discurso de la administración Sobisch. En las palabras simula respetar al periodismo independiente pero en los hechos lo castiga. Y revela su intento de manipularlo al señalar que «Río Negro», en su tarea cotidiana de informar, «ha entrado en un terreno que excede el papel normal de cualquier prensa libre».

Lo ha dicho públicamente, sin empacho. Esta pública admisión refleja desconocimiento de los principios del sistema republicano. Y pone en evidencia que para ser demócrata no alcanza con ser funcionario, con participar de un partido político o con conquistar votos.

Dijo el ministro Pujante que el diario es «libre» y «tiene todo el derecho del mundo», pero «cuando se pasan determinadas líneas…»

Esta frase encierra un significado profundo.

En principio, porque la Constitución Nacional ha incorporado al derecho del país la Declaración Internacional de los Derechos Humanos que, en su punto 19 expresa que «todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión».

Precisamente Pujante argumenta en favor de la decisión gubernamental de «molestar» a «Río Negro», no sólo por sus opiniones, sino -peor aún-, por la información que este medio brindó a sus lectores sobre opiniones y denuncias de otras personas, entre las que se cuenta el diputado Jorge Taylor, quien difundió la cámara oculta que mostró al gobernador Sobisch y al diputado Ferreyra en negociaciones político-económicas para torcer su voluntad en la Legislatura.

Y lo hace señalando que hay «líneas» que no deben pasarse en el ejercicio de la libertad de expresión. Una «línea» que, cabe deducir de sus palabras, la fija el gobierno. Lo que, en buen romance significa que no hay tal libertad, sino un flaco remedo, acotado y preso del poder.

La libertad de prensa no es una graciosa concesión de los gobiernos. Es un derecho que se ejerce con plenitud o no se ejerce. Y que sólo puede ser objeto de una sanción posterior en caso de que en su ejercicio se infrinja la ley.

Así como los gobiernos no son dueños de la información, tampoco los medios de prensa lo son. Es la ciudadanía la que tiene derecho a ser informada con la mayor seriedad y libertad posibles, garantizado por la Constitución Nacional.

Desde que comenzó el escándalo de las ternas, «Río Negro» ha aportado toda la información que le ha sido posible reunir porque la ciudadanía demandaba conocer los hechos más graves de la historia institucional de la provincia. ¿En qué momento entró en un terreno que, a criterio del gobierno, no le corresponde como medio de comunicación independiente? ¿Qué debería haber callado u omitido?

Todos los intentos por tratar de mantener a la prensa dentro de un «terreno» que siempre coincide con los intereses de los gobernantes de turno, han estado a cargo de personajes nefastos y sus consecuencias fueron calamitosas para los pueblos que las padecieron. Los ciudadanos de varias provincias del país pueden dar fe de ello.

La argumentación de Pujante se suma a una larga serie de excusas con las que la administración Sobisch ha tratado de ocultar lo evidente. En su contraofensiva, acusó al legislador Taylor de corrupto, atribuyó un rol preponderante a un ignoto Jorge Pérez, amagó con un acta ante escribano que nunca apareció, mencionó una supuesta conspiración para derrocar al gobierno y hasta amenazó veladamente a los hijos de sus cuestionadores.

Un periodismo temeroso de los gobiernos no es periodismo. Una prensa dependiente y sometida, no es prensa y mucho menos libre.

Y no es el gobierno el que señala si un medio es o no «neuquino» o «rionegrino». Más aún, ¿quién dijo que el área de influencia de un diario debe coincidir con los límites territoriales de una provincia? ¿O que un diario sólo puede aspirar a recibir avisos de un solo Estado provincial? La ridiculez del argumento exime de todo comentario. Más aún cuando «Río Negro» comenzó a editarse en esta región 45 años antes de que Río Negro y Neuquén fueran creadas como provincias. Con el criterio que esgrime Pujante, sólo los porteños estarían habilitados a vender diarios en todo el país sin que nadie se los objete.

«Río Negro» fue desde su origen, y lo es hoy, un medio regional. Su planta impresora está en Roca, pero es el único en el país que posee una redacción dispersa. Ha adaptado toda su tecnología y distribución a ese concepto. Páginas enteras del diario se editan en Neuquén a través de una vinculación digital. Corresponsalías y agencias cubren el territorio neuquino con la misma preocupación que se cubre el rionegrino, y cada noche las camionetas distribuyen el diario en una y otra provincia con la misma celeridad.

Y antes del 8 de diciembre, la gestión Sobisch jamás había echado mano de un argumento tan falaz como contradictorio de su supuesta vocación integradora. Castiga por informar.


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