“Lo mejor para ellos”

Redacción

Por Redacción

La corrupción da asco. En todos sus aspectos, la corrupción de empresarios, de funcionarios, de los sectores poderosos de la sociedad.

En el fondo lo que da asco es que en una sociedad inequitativa, con ciudadanas y ciudadanos violentados por la falta de derechos básicos, algunas personas se apropien de recursos.

Por eso, las cortinas de humo que tapan la transferencia de ingresos a los sectores concentrados también dan asco. Cuando bajan impuestos a la compra de autos de alta gama, se promueven leyes para evadir o se reducen impuestos progresivos se profundiza la inequidad social.

Cuando pensamos la corrupción, fácilmente nos damos cuenta de que es un problema cultural y estructural. Cultural porque detrás de cada persona corrupta hay una mirada egoísta de la sociedad. El papa Francisco nos señalaba: “Luchemos todos juntos contra el ídolo dinero, contra un sistema sin ética, injusto, en el que manda el dinero”.

Estructural, porque la corrupción no es patrimonio exclusivo de una fuerza política. Recordemos el PAMI de Alderete o la gestión de María Julia Alsogaray durante el menemismo. Pero también las denuncias de coimas para aprobar leyes durante la gestión de De la Rúa.

Asimismo, siempre detrás de un funcionario corrupto hay un empresario corrupto, muchos de los cuales construyeron sus riquezas a partir de contrataciones irregulares.

Lo complejo, triste y peligroso es que la corrupción legitima el discurso de la antipolítica. “Son todos iguales”, escuchamos decir.

Si nos domina ese discurso, dejamos de involucrarnos y de creer que podemos modificar la realidad. Y la política la terminan haciendo unos pocos. Va a ser para beneficiar a unos pocos, a los sectores que concentran el poder económico de la sociedad.

Pero la política es la herramienta que tienen los pueblos para ampliar sus derechos. Sin política no hubiéramos tenido el voto secreto, derechos laborales, libertad, ni democracia.

Defendamos la política como la forma de construir sueños colectivos, involucrémonos para construir una sociedad más democrática y equitativa. Construyamos otra cultura y ética política basadas en mirar al otro que padece una sociedad injusta. Porque, como sostuvo el poeta César González, “política es un diálogo donde vos y yo pensamos lo mejor para ellos.”

*Licenciado en Comunicación Social de la UNLZ y docente de la Universidad Nacional de Río Negro

Lo complejo, triste y peligroso es que la corrupción legitima el discurso de la antipolítica.
“Son todos iguales”, escuchamos decir.

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Lo complejo, triste y peligroso es que la corrupción legitima el discurso de la antipolítica.
“Son todos iguales”, escuchamos decir.


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