Lo nuevo es invisible
mirando al sur
Lo nuevo es invisible. Solemos confundir lo verdaderamente nuevo con lo novedoso: lo que tiene apariencia de nuevo, pero que en realidad es una versión mejorada de lo que ya conocíamos. Cuando los seres humanos comenzaron a usar los hornos para fundir metales o para la cocción de la cerámica sucedió algo nuevo. Cuando los objetos creados mejoraron su diseño para adaptarse mejor a la manipulación sucedió algo novedoso.
Con la aparición de la metalurgia o de la cerámica surge toda una cultura nueva, que tendrá enormes consecuencias. Con pequeños cambios de diseño en los objetos metálicos suele no suceder algo semejante. Sin embargo, si ese cambio de diseño (que parece pequeño) trae aparejada una nueva cultura entonces eso, que parecía una “mera novedad”, realmente era algo nuevo.
El límite es impreciso, pero es fácil verlo en sus consecuencias. Lo novedoso suele encerrarse en sí mismo y caer en el olvido; lo nuevo crea un mundo distinto. Un ejemplo cercano es la aparición del iPhone en el 2007. Ya existían los smartphones en ese momento. Incluso algunos tenían características técnicas más avanzadas, pero fue la popularización del iPhone la que creó la cultura contemporánea: internet móvil en el celular y apps para realizar mil distintas tareas.
Lo nuevo es invisible porque recién se lo ve cuando ya no es nuevo, casi nunca se lo reconoce apenas aparece. En el último Salón de TEDxRíoDeLaPlata, Gerry Garbulsky recordó una de las tantas consecuencias que tuvo la aparición de la imprenta. Es posible conjeturar que Gutenberg vio que, al permitir que más gente accediera a los libros, se diseminaría más rápido el conocimiento y se producirían nuevas invenciones. Hasta ahí pudo haber visto, pero seguro que no imaginó jamás que su invento iba a dar nacimiento a los anteojos, a la astronomía científica, a la medicina moderna y a la especialización en oftalmología, entre muchas otras cosas.
Resulta que antes de la imprenta eran muy pocas las personas que tenían la experiencia de mirar de cerca. Casi toda la vida sucedía a la distancia de, al menos, algunos metros. Fijar la vista en pequeños objetos cercanos era algo muy raro. Con la masificación del libro y la experiencia de leer pequeños caracteres, eso cambió radicalmente y se descubrió que muchas personas eran hipermétropes. Fue sólo cuestión de tiempo y de investigación hasta dar con la invención de los anteojos.
La invención de los anteojos creó la industria del pulido de cristales para generar lentes. Algunas mentes inquietas comenzaron a superponer cristales dentro de un tubo oscuro y así surgieron el microscopio y el telescopio. Con el microscopio y el telescopio en buenas manos (digamos, de Galileo investigando el cielo y descubriendo las lunas de Saturno) comenzaron las ciencias modernas: el mundo ya no fue el mismo.
No sólo fue el impacto del contenido de los libros lo que transformó el mundo sino que la imprenta introdujo cambios en la conducta cotidiana que impulsaron otros cambios. Lo nuevo tiene una potencia arrasadora.
Flash Gordon, ese héroe futurista que maravilló a todos en los años 30 y 40, mostraba una tecnología que hoy nos parece más propia de aquella época que de nuestro presente (que era su futuro). Acorde con su estética art decó, la tecnología de Flash Gordon no conocía el transistor: todo funcionaba con miles de válvulas. Los micrófonos de las naves eran gigantes: solo así los podíamos escuchar en la Tierra cuando los viajeros interestelares nos hablaban desde los lejanos planetas a los que iban.
Lo más común cuando se piensa el futuro es “estirar” el presente (como hacían los guionistas de Flash Gordon): pensar que lo más avanzado y novedoso que hoy poseemos seguirá por siempre, salvo que será mejor, más grande, más rápido.
Cuando menos lo esperamos, surge lo nuevo (la imprenta, internet, la computadora en la mano de cada ser humano) y todo se transforma. Entonces lo incorporamos al paisaje cotidiano, creemos que se terminó la historia, que el futuro será una larga exploración a partir de lo que logramos. Y entonces, surge lo nuevo. Y todo es completamente diferente.
* Crítico cultural
Gutemberg no imaginó jamás que su invento iba a dar nacimiento a los anteojos, a la astronomía científica, a la medicina moderna y a la especialización en oftalmología.
Cuando menos lo esperamos, surge lo nuevo (la imprenta, internet, la computadora en la mano de cada ser humano) y todo se transforma.
Datos
- Gutemberg no imaginó jamás que su invento iba a dar nacimiento a los anteojos, a la astronomía científica, a la medicina moderna y a la especialización en oftalmología.
- Cuando menos lo esperamos, surge lo nuevo (la imprenta, internet, la computadora en la mano de cada ser humano) y todo se transforma.