Londres, primero en la fila
Hace apenas nueve meses Barack Obama le advertía a David Cameron que salirse de la UE dejaría a Londres al final de la fila cuando de acuerdos con Washington se tratase. Esta semana Donald Trump eligió a Theresa May para su primera cumbre internacional, y en plena negociación entre el Reino Unido y Europa sobre cómo se implementará el Brexit su gesto envía una señal potente: para la Casa Blanca las predilecciones se decidirán en orden a quienes primero acepten las nuevas reglas, no al peso económico de los potenciales socios.
Para la primera ministra británica la recepción en la Casa Blanca significará un inmenso alivio: el primer guiño del magnate hacia Londres tras su sorpresivo triunfo de noviembre había sido una reunión en la Trump Tower con Nigel Farage, líder del antieuropeo Partido de la Independencia (UKIP), y el desaire sonaba amenazante.
Sin apoyo desde Washington, a May se le abría un panorama sombrío. La dureza que la canciller Angela Merkel le imprime a toda negociación que comprometa la unidad europea bajo la batuta alemana se había reflejado entre los principales hombres de negocios de todo el mundo reunidos la semana pasada en Davos.
La pequeña ciudad suiza que una vez al año se convierte en capital global de los negocios le había dejado un regusto amargo a la visita de May: los mayores representantes de la poderosísima industria financiera le dieron pistas firmes de que Londres puede pasar a un segundo plano en materia de inversiones.
La frialdad que encontró la primera ministra no hacía sino confirmar a través de HSBC, UBS, Goldman Sachs, Lloyds, JP Morgan y Bank of America que la banca internacional había encarado su propio Brexit sin esperar a las tratativas políticas entre Londres y Bruselas.
Además de darle empleo a más de un millón de británicos, la corporación financiera le aporta anualmente al Reino Unido ingresos por encima de los 250.000 millones de dólares. Un masivo traslado de sus operaciones al continente equivaldría a un desplazamiento de las placas tectónicas en que se apoyan los negocios con epicentro en Londres.
Las pretensiones de un Brexit “selectivo”, que preservara cláusulas aduaneras comunes con el mercado continental y a la vez dejara en manos británicas decisiones estratégicas como el control migratorio en el archipiélago, no sólo chocaban con la locomotora alemana (“el Reino Unido no podrá elegir con pinzas lo que quiere de la UE”, había advertido Merkel) sino que le mostraban a May su inviabilidad financiera.
Para contener el anunciado éxodo de negocios a través del Canal de la Mancha, May presenta ahora un Reino Unido volcado a convertirse en “el líder más fuerte y enérgico en favor del libre mercado y el libre comercio del mundo”.
Para demostrarlo expone las conversaciones ya avanzadas con Australia, Nueva Zelanda e India en busca de acuerdos comerciales bilaterales, y menciona a China y a algunos Estados del Golfo Pérsico entre los que ya han dado el sí a iniciativas británicas en esa línea.
Y, entrevistada por la BBC, adelanta que un acuerdo de libre comercio con EE. UU. será tema central de su visita a Trump.
El mensaje, en el orden de los negocios, intenta decirles a los banqueros: haber optado por salir de Europa no significa que el Reino Unido pretenda volver a las prácticas proteccionistas.
Pero a la vez le dice al mundo que el Brexit colocó a Londres un paso por delante de todos en el nuevo orden geopolítico que impondrá la era Trump, primero en la fila de quienes buscan acuerdos con Washington.
Brexit colocó a Londres un paso por delante de todos en el nuevo orden que impondrá Trump, primero en la fila de quienes buscan acuerdos con EE. UU.
Datos
- Brexit colocó a Londres un paso por delante de todos en el nuevo orden que impondrá Trump, primero en la fila de quienes buscan acuerdos con EE. UU.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios