Los barras del Rojo y su raid de violencia



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Los jugadores y el cuerpo técnico de Independiente intentaron poner paños fríos. No lo consiguieron.

Daniel Agostinelli

CHOELE CHOEL (AVM/AN).- El último pitazo del árbitro Pedro Cufré marcó la culminación del partido entre Sportsman e Independiente de Neuquén y el recrudecimiento de la barbarie. Un grupo de violentos hinchas del Rojo destrozó todo a su paso durante un raid que acabó con un simpatizante local en el hospital y destrozos en diferentes sectores de esta ciudad. El fútbol quedó en la anécdota, como tantas veces sucede en la región. El 2-1 que consiguió Sportsman fue apenas festejado porque la algarabía de los dueños de casa se apagó con la caída de una verdadera lluvia de piedras –que ya había aparecido en el primer tiempo y parte del segundo–. Nada detuvo a los hinchas de Independiente. Ni los pedidos de los dirigentes Rojos, menos la pasiva participación de la policía regional que de urgencia debió llamar a personal de otras unidades ante la ausencia de un operativo programado. En la policía cambian los nombres pero la ineficacia continúa. La hinchada visitante salió a la calle y no diferenció a la hora de agredir: le dio lo mismo atacar a la hinchada de Sportsman, los vehículos estacionados en avenida San Martín e incluso a un grupo de niños que se divertía en una plaza. Así, se vio a abuelos en pleno escape y a padres con sus hijos buscando resguardo. Muchos ni siquiera habían ido a la cancha. Los piedrazos se prolongaron por casi media hora y la evidencia quedó en la gran cantidad de autos dañados, vidrieras de comercios destrozadas, y varias personas lesionadas. La peor parte se la llevó el hincha local que fue agredido con un proyectil que le destrozó la nariz. Hoy le efectuaban una cirugía reparadora en el hospital de esta localidad. Una vez que la policía pudo reunir un buen grupo de efectivos, escoltó al micro de la barra visitante hasta más allá de Chimpay, con el objetivo de que la violencia no se extendiera a otra ciudades del Valle Medio. Gastón Sobisch, el presidente de Independiente, juró no haber sido testigo de los graves hechos de violencia pero sí dijo haber constatado que “se destrozaron algunos autos”. También reconoció que por estas horas analiza junto a su cercano grupo de colaboradores jugar a puertas cerradas los próximos partidos y que no le extrañaría que el club sea blanco de futuras sanciones. Sobisch confiesa no encontrar solución al tema de los barras. Dice que son “no más de 15 tipos” los que generalmente provocan los desmanes, pero que es “muy complicado detenerlos”. “En cualquier momento va a haber un muerto. Esto no da para más”, reconoce Sobisch. El fútbol pasó a segundo plano otra vez, por acción de los violentos e impericia policial.


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