Los datos curiosos que envuelven la historia del papel moneda

Nunca una mujer fue imagen principal de los billetes.

Los argentinos pasaron por cinco reformas monetarias, con el consecuente cambio en el diseño de los billetes, desde la unificación del sistema monetario a finales del siglo XIX, de las cuales cuatro en los últimos 40 años.

La historia del papel moneda reúne datos curiosos, como la reiteración de los próceres José de San Martín y Manuel Belgrano en casi todas las series emitidas, las imágenes de figuras políticas o la aparición por única vez en la historia de un billete de un millón de pesos.

Un repaso por esa historia muestra además que, si bien hubo diseños con figuras femeninas, como la efigie del Progreso y la Justicia -y hoy el retrato de Manuelita Rosas acompaña al de su padre, don Juan Manuel de Rosas, en el billete de 20 pesos-, nunca una mujer fue la imagen principal de los billetes argentinos.

La primera serie de billetes impresos en el país nació poco después de la instalación en Buenos Aires de la Casa de Moneda, inaugurada en 1881, cuando el presidente Julio Roca envió al Congreso un proyecto de ley nacional de monedas, aprobado bajo la ley 1130.

Esa norma, que unificó el sistema monetario y puso fin al caos de los 70 años anteriores en ese terreno, dio origen al Peso Moneda Nacional, vigente desde el 5 de noviembre de 1881. En base al modelo europeo, el tamaño de los billetes dependía de su valor: a menor valor, menor tamaño.

A pesar de los sucesivos cambios que sufrieron los diseños originales, ésta fue la serie que más tiempo circuló en el país, ya que recién en 1969, con la sanción de la ley 18.188 el peso moneda nacional pasó a ser historia. Los primeros billetes de la serie mostraban en el anverso la efigie del progreso y en su reverso el escudo nacional. En 1935, el recién creado Banco Central de la República Argentina resolvió modernizar los billetes.

En forma escalonada, fueron lanzando a circulación los nuevos diseños, que en su extremo derecho llevaban el retrato de San Martín, joven y de uniforme, y del lado izquierdo el perfil en filigrana del general Belgrano.

Los reversos mostraban escenas o imágenes históricas: Declaración de la Independencia (10 pesos), Cruce de los Andes (50 pesos), Fundación de Buenos Aires (100 pesos), Banco Central (500 pesos) y Fragata Sarmiento (1.000) pesos.

La continua depreciación de la moneda nacional obligó a agregar billetes con valores más altos, hasta llegar a los 100.000 pesos, emitidos en diciembre del 61.

Como dato curioso de la serie, se destaca la emisión, en 1952, bajo el gobierno peronista, de un billete de un peso que en su anverso mostraba a la justicia sin venda.

El Peso Ley

En 1969, a raíz de una nueva devaluación de la moneda nacional, el Ministerio de Economía propuso una reforma monetaria -la primera del siglo- a través de la ley 18.188, que implicó la quita de dos ceros a la serie anterior.

Con esta norma, -que incorporó como novedad la unificación del tamaño de los billetes, al estilo norteamericano- nació el ‘Peso Ley’.

Las nuevas emisiones llevaban, otra vez, las ya clásicas figuras de Belgrano (joven) y San Martín (anciano). Las repeticiones se debían, en parte, a que ante el apuro de sacar nuevos billetes, se tomaban grabados que ya existían.

Los reversos mostraban paisajes y monumentos: entre ellos, Bariloche (1 peso), Monumento a la Bandera (5 pesos), Cataratas del Iguazú (10 pesos), Plaza de Mayo (1.000), Mar del Plata (5.000), Parque El Palmar (10.000) y la segunda fundación de Buenos Aires (500.000).

En noviembre de 1981, por las continuas desvalorizaciones del signo monetario circuló en Argentina -por primera y única vez- un billete de un millón de pesos: de un lado tenía la imagen de San Martín y del otro el 25 de Mayo de 1810.

El 6 de enero de 1983 se sancionó la segunda reforma monetaria del siglo: por la ley 22.707 -vigente desde junio de ese año- nació el ‘Peso argentino’, que suprimió 4 ceros al peso ley. Al principio, se emitieron 9 billetes, de 1 peso a 10.000 pesos.

En esta serie apareció -por primera vez- el retrato de Juan Bautista Alberdi en un billete (5.000 pesos). Sin embargo, continuaron los diseños con las figuras de San Martín y Belgrano.

Los reversos repitieron motivos, aunque con dos innovaciones, la reproducción de los cuadros ‘Los constituyentes de 1953” (5.000 pesos) y la “Creación de la Bandera Argentina” (10.000).

El Austral

El Peso Argentino duró apenas dos años: en junio de 1984, bajo el gobierno de Raúl Alfonsín, se creó el Austral, que implicó la quita de tres ceros a la serie anterior.

Se eligieron como figuras centrales de los billetes a los presidentes Bernardino Rivadavia, Justo José de Urquiza, Santiago Derqui, Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento, de 1, 5, 10, 50, 100 y 500 australes.

La inflación obligó a emitir valores más altos: Julio A. Roca, Miguel Juárez Celman, Carlos Pellegrini, Luis Sáenz Peña, José Evaristo Uriburu y Manuel Quintana fueron la cara de los billetes de 1000, 5000, 10.000, 50.000, 100.000 y 500.000 australes, respectivamente. Las figuras de San Martín y Belgrano por primera vez quedaron fuera de una serie monetaria.

En enero de 1992, a través del decreto 21.128 y la ley de convertibilidad, salió a circulación el ‘Peso convertible’, que ya va por su octavo año de vida. Esta serie, que renovó sus diseños hace dos años, presenta figuras de la historia política, entre ellos Belgrano y San Martín.

El resto lleva en sus anversos a Pellegrini, Mitre, Sarmiento, Roca y Juan Manuel de Rosas, quien por primera vez es figura central de un billete.(Télam)

Falsificar era condenado a muerte

La falsificación de papel moneda comenzó en Argentina en forma casi simultánea con la circulación de los primeros billetes, en la década del 20, y por entonces ese delito era penado con la muerte.

Uno de los primeros casos que se conoció fue el del joven grabador Marcelo Valdivia, quien en 1823 logró reproducir billetes de tan buena confección que los bancos los aceptaron como originales.

Al ser descubierto, se le impuso la pena de muerte, pero luego, por su corta edad, las autoridades decidieron conmutarle la la condena y fue castigado con 8 años de prisión y destierro de por vida.

En esa oportunidad se lo exhibió en la Plaza Mayor, donde se lo sentó durante cuatro horas con los billetes que había falsificado colgados en el pecho y un letrero que decía “Por falsificador”.

En marzo de 1830, la Plaza Mayor también fue escenario de una condena a otro falsificador, pero esta vez, el imputado -Henry Fleury, un marino francés ex compañero de Bouchard- no tuvo suerte y fue ejecutado por su reincidencia en la falsificación de billetes.

Con el paso del tiempo y la abolición de la pena de muerte en el país, fue cambiando y disminuyendo el peso de las sanciones aplicables a quienes falsificaban billetes.

En la actualidad, el Código Penal argentino sanciona a quienes incurran en la falsificación de monedas o billetes con penas que van desde los tres a los quince años de prisión.

El artículo 282 del Código señala que esas penas serán aplicables a quienes falsifiquen moneda de curso legal y la pongan en circulación.

El artículo 283, en tanto, preve una pena de uno a cinco años de prisión para todo aquel que cercene o altere la moneda de curso legal y a quien haga circular monedas o billetes con esas alteraciones.

Si la alteración consiste en cambiar el color de la moneda, la pena será de seis meses a tres años de prisión.

Por último, el artículo 284 indica que si la moneda falsa, cercenada o alterada, se hubiere recibido de buena fe pero se expendiese o se hiciera circular con conocimiento de la falsedad, o alteración, quien lo haga deberá pagar una multa que oscilará entre los mil y los 15 mil pesos.

Bolívar y Washington, juntos en un billete argentino

En la primera mitad del siglo XIX, cuando los argentinos recién comenzaban a manejar el papel moneda y aún faltaba mucho para la unificación del sistema monetario, circularon por estas tierras billetes con retratos e imágenes que no eran propios de Argentina.

Por entonces hubo diversos billetes con flora y fauna que no existía en el país, figuras neoclásicas, y retratos de líderes políticos que tampoco eran de aquí, aunque algunos tuvieran una fuerte connotación libertaria, en coincidencia con los ideales que signaron aquella época.

Un ejemplo de esto fue la emisión, en 1827, por parte del banco de Buenos Aires, de billetes de un peso, que en su anverso mostraban uno en cada extremo del papel, a los retratos de Simón Bolívar y George Washington.

Para entonces, nuestro país ya tenía a sus propias figuras políticas, surgidas de la Revolución de Mayo y de la Declaración de la Independencia, pero sus rostros no integraban las imágenes de los billetes que entonces circulaban.

“Lo que ocurrió es que en esa época no se imprimía papel moneda en el país, y los bancos garantidos, que tenían facultad para emitir, recurrían a impresores internacionales”, explicó José María Avilés, director del Museo de Numismática José Evaristo Uriburu, de capital federal.

Los impresores internacionales -comentó Avilés- hacían giras por Latinoamérica con álbumes con diseños estandarizados y cada banco elegía el modelo que más le gustaba: por esa razón entre 1827 y mediados de siglo circularon billetes con las más extrañas combinaciones de imágenes.

Además de aquel diseño que juntaba a Washington y Bolívar, los argentinos vieron pasar por sus manos billetes con un avestruz (no con un ñandú, que sí había en esta región) y en 1856 circuló un billete de mil pesos del “estado de Buenos Ayres”, en el que aparecían de un lado un canguro y en el anverso dos llamas.

El Banco de Entre Ríos emitió también en 1856 un billete que en el centro tenía la imagen neoclásica de un ángel, y a un costado el retrato de Lucio Mansilla.

Pero sin duda el billete del Banco de Buenos Aires, con Bolívar y Washington, fue uno de los que más llamó la atención a los estudiosos de la moneda nacional y coleccionistas modernos.

Con respecto a este diseño, si bien Bolívar fue un líder reconocido en toda Latinoamérica, Argentina fue el único país de esta región que lo honró en vida con billetes de banco que circularon efectivamente y no fueron sólo ensayos.

Algunos otros países de América Latina utilizaron después el retrato del prócer en su papel moneda, y su imagen fue impresa, además, en billetes de Estados Unidos.

En 1990, cuando se abrieron a la venta archivos de una compañía americana, coleccionistas y numismáticos pudieron ver los ensayos desconocidos de billetes norteamericanos en los que también aparecía la figura de Bolívar.

Sin embargo, aún no se conoce con exactitud el origen del grabado del Libertador, que luego se tomó para imprimir su imagen en los billetes.

El Museo de Numismática argentino ya inició gestiones necesarias para intentar esclarecer el origen de ese grabado, que sirvió como modelo para la emisión de los billetes.

La entidad se puso en contacto con el Banco Central de Venezuela para saber si el retrato fue realizado en base a la verdadera imagen de Bolívar, o fue hecho a partir de una persona que habría tenido semejanzas con el Libertador, cuyo retrato fue uno de los más requeridos por pintores y grabadores.

El nuevo “look” de los pesos convertibles

Cuando la actual serie monetaria -el peso convertible- iba por su sexto año de vida, en 1998, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) decidió renovar los diseños, alentado, en parte, por nuevas técnicas de seguridad que habían salido al mercado para hacer más difícil la falsificación de la moneda.

Para la realización de esta nueva familia de billetes, que salieron a circulación en forma escalonada en los últimos dos años, se conformó por primera vez un grupo integrado por técnicos del BCRA y de la Casa de Moneda, que trabajaron durante varios meses para ver como se podía mejorar cada billete.

El director del Museo Numismático Jose Evaristo Uriburu, Jose María Aviles -también subgerente de Emisión del BCRA- aseveró que la idea de un cambio se debió a que “cuando salió esta línea monetaria, se hicieron todos los diseños en poco más de seis meses, y hubo que utilizar cosas de antes, que podían ser mejoradas.”

La propuesta de modificar la serie llego al directorio del BCRA durante 1998.

“Se convino no cambiar los lineamientos generales, mantener colores y figuras de la serie, pero hacer grabados más limpios y más depurados e incorporar nuevos y mejores elementos de seguridad”, explicó el funcionario.

Para el diseño de billetes se encargó a un dibujante una serie de bocetos tentativos.

Luego se sometieron a consideración del BCRA y una vez que el directorio eligió los diseños definitivos, los envió a la Casa de Moneda, para la impresión.

“Hay que tener en cuenta que en el billete hay elementos estéticos, de seguridad y técnicos, que deben complementarse”, aclaró Avilés.

El primer elemento de seguridad está en el papel y es la marca de agua.

En la nueva familia de billetes todas las marcas de agua se corresponden con la figura principal del anverso.

“Cuando uno determina cual va ser la marca de agua y donde se ubica, a partir de ahí se hace el diseño del billete”, explicó el funcionario.

Además de modificarse la marca de agua, la figura central y otras impresiones de los nuevos diseños se realizan ahora en calcografía y esos motivos presentan un relieve perceptible al tacto.

Otro elemento de la nueva serie es la identificación para ciegos, que está conformada por pequeños cuadros en relieve que indica el valor del papel moneda.

En tanto, en los billetes de 10 pesos en adelante se incorporó un hilo de seguridad en el anverso, que separa el espacio de la marca de agua del resto del billete.

Los nuevos diseños están impresos con tinta de variabilidad óptica, lo que hace que el número que indica el valor del billete presente brillo, y se vea verde o azul según el ángulo de observación.

Algunas modificaciones que pasaron inadvertidas

Un común a toda la serie es la complementación de la imagen frente-dorso: se trata de una figura que tiene diferentes formas en todos los anversos de billetes (en el de 5 es un sol) y que se complementa con el del reverso al ponerlas a trasluz.

Los cambios introducidos en el peso convertible no fueron sólo para agregar elementos de seguridad, ya que a pesar de que se conservaron los lineamientos generales, se agregaron nuevas imágenes, en el anverso, que acompañan a la figura central y que están relacionadas con ellas.

Por ejemplo, en el caso del billete de 20 pesos, en el que Rosas aparece como figura central -por primera vez en una serie del siglo XX-, el retrato está acompañado por una imagen de su hija Manuelita, que es una de las dos figuras femeninas que integran esta serie. “Me parece que este cambio ha pasado inadvertido, y se trata de un doble hecho histórico, porque la imagen de Manuelita es una reproducción de un cuadro que pintó Prilidiano Pueyrredón”, añadió Avilés.

La otra figura femenina de esta serie es la Patria Abanderada, una imagen que reproduce -en el billete de 10 pesos- la escultura de Alfredo Bigatti.

En los reversos también se agregaron imágenes: en el billete de cien pesos, que cierra la serie, aparecen hojas manuscritas, sobre las que se ubican un sable y una rama de laurel, que recuerdan a Julio Roca, figura central de ese diseño.


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