“Los derechos del niño”



En hora buena que los niños, a instancias tal vez de los mayores bien intencionados, peticionen y reclamen por sus derechos, porque el cumplimiento de los mismos, a futuro, haría una sociedad con mejores personas y más justa. Decía en mi carta del sábado 19 de noviembre: quitarle el “resentimiento al niño de hoy para lograr el hombre del mañana”. ¿Qué es en definitiva el resentimiento? Es ejercer sobre el niño en forma permanente actos de violencia durante su etapa de desarrollo psíquico-emocional con falta de amor, de contención, de protección, de necesidades básicas insatisfechas. Es privarlo de su libertad de poder expresarse, cercenándole en muchos casos el derecho a tener excelencia en salud y educación. Todo esto que muchas veces, además, se ejerce con golpes psicológicos de abandono que dejan secuelas irrecuperables como lo son las vivencias de miles de niños que a diario sufren la consecuencias de la droga, los abusos sexuales, las desapariciones –desarraigo del seno del hogar–, el secuestro y violación seguida de muerte por golpes físicos, como estos inenarrables y aberrantes casos de estos últimos días con Candela, Tomás, la Casa del Niño en Córdoba, etcétera. Cómo detener o evitar este verdadero flagelo social que se multiplica en forma geométrica –por caso y para que se entienda, un padre abusador-violador de sus tres hijos genera en el futuro tres violadores–. Querría presentarles y dejarles parte del pensamiento de dos autores, con quienes comparto totalmente sus apreciaciones. John Bowlby –“Los vínculos”– en su teoría del apego plantea que el vínculo emocional que el niño desarrolla con sus padres es el que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad. Señala: “A un niño que sabe que su figura de apego es accesible y sensible a sus demandas le da un fuerte y penetrante sentimiento de seguridad y lo alimenta a valorar y continuar la relación”. La teoría psicoanalítica afirma que los seres humanos se movilizan por los deseos de placer y de evitación del dolor; podríamos también afirmar que el deseo es relacional –lo que se busca es la compañía–, razón por la cual el desarrollo del yo depende en gran medida de la calidad de dicha relación. En total consonancia con el planteo de Erik Erickson –“Los ocho estadios”– podemos afirmar que la confianza básica es esencial para el desarrollo de un yo saludable, un yo fuerte, y es la madre quien se constituye en la certeza interna del niño y, al mismo tiempo, en predictibilidad externa. Sobre la confianza fundacional que se establece en el hogar se construyen las futuras relaciones sociales; ésta se constituye como un escudo protector contra las incursiones amenazantes del mundo exterior. El Preámbulo de la Convención de los Derechos del Niño reconoce que, para que éste pueda lograr un pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de una familia, en un ambiente de comprensión, de amor, de felicidad. De lo expuesto se deduce la importancia y la responsabilidad que tienen los padres en la protección de los derechos del infante. En todo ser humano siempre está incorporado el primer amor con el cual venimos a la vida, que es el amor de Dios. “Yo ya te amaba antes de que estuvieras en el seno de tu madre”. Por lo tanto debemos volver a Él, restaurar la familia, recomponer las relaciones familiares y sociales en la armonía con la cual fuimos no sólo creados sino redimidos con su preciosísima sangre. Dios nos invita permanentemente al amor, que tiene dos características muy importantes: el sentimiento y la acción. Por lo tanto, si comenzamos a tener pequeñas y constantes acciones como sería poner toda nuestra vida en sus manos, sus bendiciones y el sentimiento de amar serán cada vez más profundos y nos llevarán irremediablemente al Padre. Columbia Marmion expresaba, en su libro “Jesucristo, ideal del monje”: “No hay libertad más grande que ser esclavos del amor de Dios”. ¡Cambiemos nuestro corazón y con sus bendiciones cambiará el mundo! Silvano Pedro José Giacolla Caruso DNI 8.119.343 Neuquén

Silvano Pedro José Giacolla Caruso DNI 8.119.343 Neuquén


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