Los desfiles de Milán comenzaron con un himno a la ligereza

Materias vaporosas, piel al aire y transparencias reinaron en Milán, como un himno a la ligereza en el prêt-à-porter para el próximo verano.



Gucci abrió el baile echando el ojo a la seda, sobre todo a la gasa, la organza y el tul, para unas prendas fluidas y flotantes de una elegancia prodigiosa.

En un registro poco explorado hasta ahora, la directora de la creación Frida Giannini apostó por el minimalismo. Toda la colección está urdida con un puñado de piezas: vestidos cortos para el día, largos para la noche y conjuntos de pantalón que se llevan con túnicas o con blusas con cinturón.

Los pantalones, larguísimos, se ensanchan a la altura del tobillo y las mangas de las blusas-túnicas de cuello alto se abren como paraguas en el antebrazo.

Los ‘looks’, todos monocromos (rosa azalea, azul eléctrico, amarillo limón, blanco o negro) son sobrios, con un toque años sesenta. Pero la estilista consigue infundirles energía jugando con los volúmenes, las aberturas y las superposiciones de tejidos o de volantes esculpidos que se enrollan alrededor de los brazos y del cuello para forjar suntuosos vestidos corolas.

Detrás de sus gafas de colores a juego con la ropa, las modelos juegan a hacerse pasar por mujeres misteriosas. Ornamentados collares-cuello en coral y piedras preciosas iluminan vestidos de noche muy sencillos, estrictamente en blanco o negro.

También optó por la ligereza Alberta Ferretti, que no utiliza más que muselinas de seda, organza y satén pero en un estilo más suntuoso con la ayuda de piedras y bordados.

La estilista asocia la noción de ligereza con la transparencia y con la fluidez del agua. Ninfas a medias o dueñas de castillos de una época lejana, las modelos evanescentes parecen salidas de un estanque oscuro en el fondo de un parque al claro de luna.

Algunos vestidos sujetos por finos tirantes casi invisibles y cubiertos de lentejuelas nacaradas centellean suavemente. Otros ofrecen movimientos sinuosos acentuados por sus flecos perlados. Las túnicas de seda intangibles se prolongan en la espalda y se llevan con pantalones. Y en el cuello, las modelos lucen un bordado negro sobre un tejido transparente color carne que parece casi un tatuaje.

En otras, las hojas bordadas parecen trepar por los hombros como una yedra, sujetando un vestido flotante. La paleta de colores recorre todos los tonos acuáticos: azulados, lapislázuli, gris palo, verde agua y opalina.

En los modelos de John Richmond predominan las transparencias y la mujer parece dudar entre la femineidad absoluta y un ímpetu masculino. Su corazón vacila entre los vestidos bustier años cincuenta y la chaqueta de rok con clavos. El chaquetón Teddy reaparece en una versión suave, en algodón blanco bordado.

Un poco en el mismo estilo, la nueva colección Kristina Ti de la estilista Cristina Tardito aspira a ser “un manifiesto imaginario de la mujer moderna que se gusta a sí misma y sabe lo que quiere”. Es romántica, pero segura de sí misma, no tiene miedo de exaltar su lado más femenino, sin por ello dejar de afirmar su personalidad compleja.

Vestidos anchos y largos de algodón o seda con un toque años setenta y los visos de punto cotejan otros modelos más frívolos con pantalones cortos o minifaldas con tops, que juegan constantemente con las transparencias. Un hombro queda al aire o lo queda la espalda, cuando no se entreven los senos bajo una blusa etérea.

A la vez seductora y fuerte, esta mujer ama los contrastes alternando las materias vaporosas y los tejidos más rígidos, como el cuero negro de algunos pantalones o el cáñamo usado en un conjunto de flecos. El pantalón, prenda estrella de la colección, es masculino pero sexy y entallado en tejidos ultraligeros.

AFP


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