Los funcionarios que quedan a pesar de los cambios de gestión
Los recambios de gobiernos de signo radical han generado en el Estado rionegrino un fenómeno de consolidación de una verdadera "clase" burocrática. Hace años, y hasta décadas, que permanecen en su cargo o pasan de uno a otro sin que importe si tienen la capacitación técnica específica. No se ven sometidos a la incertidumbre del voto popular o tienen al Ejecutivo como "paraguas" entre una y otra función electiva. Son una virtual 'planta permanente'.
El debate por la re-reelección no los preocupa. Sus nombres pocas veces aparecieron en una lista sometida a la decisión de un electorado. Saben que una reunión, una gestión o simplemente una reiteración de alabanzas fingidas son suficientes para mantenerse «vivos».
El partido los cobija y qué mejor muestra de ello que la frase de Pablo Verani, lanzada sin ponerse colorado durante la última convención realizada en Bariloche: «Hay que ganar la próxima elección, porque si no, la mano de obra desocupada radical en el 2007 va a ser impresionante».
La renovación, esa inclusión de nuevos dirigentes declamada en el proceso de reforma política, pocos antecedentes tiene en Río Negro. Y a la luz de las últimas decisiones tomadas por el gobernador, Miguel Saiz, poco hace pensar que la tendencia se modifique en el futuro cercano.
El repaso por el listado de funcionarios provinciales arroja una conclusión contundente: un mal desempeño no es razón suficiente para alejarse del Estado. En pocas palabras, el gobierno no le suelta la mano a nadie y por más perjuicio que ocasione al funcionamiento óptimo de los organismos oficiales, siempre habrá un sueldo en la función pública para quienes demostraron obediencia o lealtad con el poder.
Saiz no hizo muchos cambios en su gabinete desde que asumió en diciembre del 2003, pero cada vez que sacó a un ministro garantizó un nuevo espacio a quienes se alejaban de los cargos relevantes.
De esta manera, Juan José Ruiz Rodríguez estuvo durante algo más de un año al frente de Educación pero su partida no fue con destino al llano. Hoy es el representante de Río Negro ante la Universidad Nacional del Comahue.
Oscar Idoeta tampoco tuvo un paso exitoso por el Ministerio de la Familia, cargo al que accedió en compensación de su fallido intento de la intendencia de Cipolletti. Aun su precipitada renuncia ministerial, un cargo en la secretaría de Control de Empresas Públicas lo aguardaba para contener la desazón.
El tercer ministro reemplazado fue Francisco Buzzo. El médico tuvo que dejar la cartera de Salud en manos de Adriana Gutiérrez, pero poco después asumió al frente del departamento de Salud Laboral.
Otros secretarios también se fueron para quedarse. Por caso, Alberto Croceri accedió el área de Control de Gestión y Empresas Públicas y, tras su renuncia, recaló en la representación estatal dentro del directorio del Banco Patagonia Sudameris.
German Jalabert fue secretario de Turismo y se fue en diciembre del 2004. Antes de su reciente renuncia para sumarse al sector de Alberto Icare, Jalabert había encontrado un espacio como asesor en la Legislatura.
Jorge García Osella abandonó la secretaría de Seguridad, pero mantiene una asesoría gubernamental con sede en Capital Federal, cargo que combina con su actividad profesional, como la defensa del destituido juez Alberto Cariatore en el juicio político instrumentado por el propio Estado que es su empleador.
Ex diputados
Además, Saiz instrumentó un mecanismo curioso: garantizó a sus compañeros de bancada -sin posibilidad de reelección- que tendrían una contención en su gobierno. Así lo cumplió.
El allense Raúl Rodríguez es colaborador directo de Saiz, Víctor Hugo Medina nunca volvió definitivamente a Cipolletti porque es secretario legislativo y Ricardo Esquivel trabaja ahora para la dirección de Hidrocarburos. Carlos González es director de Comisiones de Fomento, Osbaldo Giménez en Familia (ahora en Comunicación Social) y, entre otros, Fernando Grandoso preside la aseguradora Horizonte.
En las segundas líneas pueden advertirse los casos crónicos de dependencia de un sueldo oficial. Hay quienes los describen como «atornillados» a las sillas del Estado, que con rebuscada lógica mutan para adaptarse a sus nuevas competencias.
El ejemplo más cercano es el de Carlos Zárraga, periodista a cargo de la delegación de Prensa con sede en Roca durante la gestión de Pablo Verani, designado en Ceremonial por Saiz y devenido en titular de la Agencia Río Negro Deportes desde fines de octubre.
Otros casos para destacar: Eduardo Menni, subsecretario de Medios con Horacio Massaccesi, asesor legislativo con Verani y actual subsecretario de Planificación.
También Roberto De Bariazarra, cuya foja de servicios dice que fue jefe de la Policía con Massaccesi, legislador, ministro de Gobierno, diputado nacional, secretario parlamentario, y actual presidente de Edhipsa -la Empresa de Hidrocarburos-.
Estas permanencias requieren funcionarios todo terreno. Por ejemplo, el profesor de Educación Física, Oscar Villani conduce desde hace una década el área de Transporte de Río Negro.
Aliados al radicalismo, los dirigentes de partidos que otrora formaban parte de la crítica oposición no escapan hoy a las generales de la ley.
Prueba de ello es el caso de Guillermo Grosvald, quien después de ser legislador opositor y sellada la incorporación del MPP a la Alianza en el gobierno tuvo un lugar en el ministerio de Producción, a cargo del área de Desarrollo Económico.
Saiz consideró que su labor no fue óptima (de otra manera lo hubiese mantenido) y decidió reemplazarlo. Como «castigo» lo envió a su Cipolletti natal, donde tiene la sede el Ente Provincial Regulador de la Electricidad, para que ocupe una oficina cerca del ex titular provincial de Trabajo y ex concejal roquense, Rodolfo Romero.
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