Los “hombrecillos” de Millás

La nueva novela de Juan José Millás “Lo que sé de los hombrecillos” juega entre le mundo real y las fantasías de un hombre común.



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Según Juan José Millás, el libro da una “mirada onírica sobre la realidad y mirada real sobre lo onírico”.

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MADRID (DPA).- Un doble diminuto que da rienda suelta a los instintos más básicos, que satisface los deseos más ocultos y oscuros y que carece de las barreras que impone la moral a la hora de entregarse al gozo y a todo tipo de perversiones. Ésta es la última apuesta del escritor Juan José Millás, (Premio Planeta de Novela 2007 por “El Mundo”) en su flamante novela “Lo que sé de los hombrecillos” (Seix Barral), en la que el protagonista, un catedrático de Economía con una vida aburrida y ordenada, se acerca al misterioso mundo de unos hombrecillos al nacerle una especie de clon en miniatura, fabricado a partir de su propia sustancia biológica. El protagonista pasa de la rutina y la diciplina que se autoimpone para sostener su vida como académico y columnista, a llevar una suerte de doble existencia, en la que su diminuta réplica, con la que comparte funciones biológicas y fisiológicas, le arrastra a la perdición. Todo lo que hace el hombrecillo, lo experimenta en misma medida el protagonista de la novela y viceversa. Con su nuevo libro, Millás rompe los cimientos de la vida de una hombre que “sabedor de que es una persona rara, se ha rodeado de un contexto muy tranquilizador (...) donde todo está señalado, donde la disciplina y los horarios están perfectamente establecidos. Pero de pronto en ese mundo que es el paradigma de la normalidad, se abre una grieta y todo el tinglado está a punto de venirse abajo; de hecho hay un momento en el que se viene abajo”, dijo el escritor en conversación con DPA. Casado por tercera vez con una mujer fría y ambiciosa, con la que mantiene un pacto implícito que excluye el sexo de su relación marital, el hombrecillo le proporciona a su versión grande placeres a los que este último había renunciado en pos de la normalidad y la estabilidad, debido a su aversión al riesgo, a su “miedo a la locura”, en palabras del propio escritor. Sin embargo, esa normalidad de la que forma parte la esposa del narrador, ese “matrimonio de adultos”, reflexionó Millás, “puede ser también un primer paso hacia la perdición”. Las experiencias sexuales del hombrecillo con una mujercilla de sus mismas dimensiones desencadenan en el protagonista un estallido de sensaciones y placeres físicos que hasta entonces había tratado de reprimir. La promesa del hombrecillo de nuevos encuentros con la deseada mujercilla, a cambio de que su versión grande le proporcione placeres similares es una fuerza poderosa que vence los reparos morales del protagonista a la hora de salir en busca de prostitutas para contentar a su exigente doble, que además lo lleva a retomar vicios como el tabaco y a caer en la bebida, e incluso trata de incitarle al asesinato. Millás apuntó que el “hombrecillo le crea muchísimas complicaciones” al protagonista, que sin embargo, admite que su existencia sin su doble es insípida. En este sentido, Millás afirmó que aunque “la vida sin crisis es ventajosa”, también resulta aburrida y vacía, ya que las crisis nutren de intensidad, ya sea por medio de experiencias reales o irreales. El autor del libro destacó su aspecto onírico e irreal, avivado por el elemento fantástico de los hombrecillos y su particular submundo. Millás explicó que esta particularidad de su novela, esa “mirada onírica sobre la realidad y mirada real sobre lo onírico” se enmarca en la introspección, en la exploración interior, donde los límites de lo real se funden con lo irreal.


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