Los muertos de la “merca”

ROCA (AR).- Fue a buscar droga y lo mataron. Así se resume el trágico final de varios jóvenes asesinados en los últimos años en el Alto Valle. Los muertos de la “merca” aumentan y en varios casos el vínculo entre los asesinos y la comercialización de estupefacientes quedó perfectamente probado en los respectivos juicios. Sin embargo, esas comprobaciones no tuvieron como correlato el inicio de nuevas causas judiciales por narcotráfico, aunque la prueba, literalmente, estaba servida. • Cuando el 7 de abril de 2007 Walter “Pachano” Montelpare fue asesinado a puñaladas en una despensa del barrio 1.200 Viviendas de Cipolletti, fue por una discusión de drogas. Tras un juicio ante la Cámara Criminal Primera de esa ciudad resultó condenado a 14 años de prisión Manuel Jesús Esparza, el dueño del local. Los jueces tuvieron por acreditado que Montelpare fue al lugar del crimen “por la necesidad de proveerse de estupefacientes”. “Los distintos testimonios de allegados a la víctima afirmaron la adicción del nombrado a las drogas”, dice la sentencia, que cita la afirmación contundente de un testigo protegido de la causa: “Todo Cipolletti sabía que detrás de la despensa, “El Viejo” (apodo de Esparza) vendía drogas”. Y el negocio no dejó de funcionar pese a que su titular estaba preso. En julio del 2010 la policía allanó nuevamente el almacén de Esparza y secuestró marihuana y cocaína fraccionada, además de una considerable suma de dinero en efectivo, en billetes de baja denominación. Todo el procedimiento se desarrolló en medio de los incidentes con jóvenes del barrio que apedreaban a los efectivos y los móviles policiales. • También trágico fue el final del vigilador privado Adrián Sánchez, un vecino de Cipolletti que fue obligado por su asesino a conducir en su moto hasta Allen “para comprar gilada”. El autor primero le robó el arma reglamentaria y con ese revólver calibre 32 lo amenazó para que maneje. A poco de llegar al barrio Vidriera hubo un altercado entre los hombres y Sánchez fue ultimado a quemarropa, de dos tiros en la cabeza. Todo fue en la madrugada del 5 de junio de 2009. A Alejandro Fidel Castro Fuentes (28) la Cámara Criminal Tercera de Roca le aplicó una condena de prisión perpetua por “homicidio calificado por alevosía y criminis causa; robo calificado por el uso de arma de fuego y portación de arma civil sin autorización”. Del fallo condenatorio surgió que pretendía ir a Allen “a comprar merca” y que tras el asesinato “Castro Fuentes se alejó llevándose la motocicleta y el revólver”. Fue hasta la casa de unos conocidos de Allen (ambos identificados con nombre y domicilio en la causa) y les confesó lo ocurrido. Tras una confusa secuencia, la moto de Sánchez terminó en una casa de la zona norte Roca, en poder de una mujer apodada “La rubia”. El propio Castro Fuentes la condujo hasta allí para venderla. Una vez más, la evidencia servida – y desperdiciada– sobre quién vende y quién reduce elementos robados en el circuito de la droga. • Tal vez el más dramático caso testigo es el de Leonel Manrique, un chico de Cipolletti de 16 años que junto a otros dos adolescentes robó un auto y partió hacia el barrio Colonizadora de Allen “para cambiarlo por droga”, en la madrugada del 18 de febrero de 2008. La Justicia probó que el chico fue baleado durante una discusión en la puerta de la casa del reducidor, dentro del coche. Sus amigos se lo llevaron de regreso a Cipolletti y a mitad de camino, en Fernández Oro, una falla mecánica del Fiat Duna robado los obligó a seguir a pie. Dejaron a Leonel muerto dentro del auto. Por el hecho, Carlos Alberto “Chupilca” Bustamante fue condenado a 15 años de prisión, en un juicio que terminó en febrero del 2010 ante la Cámara Criminal Segunda de Roca. En total le dieron 25 años, al unificarlos con condenas anteriores. Un testigo directo del caso describió dónde se canjeaban por droga los autos y motos robados en la zona. También dio nombres y direcciones que están registradas en el expediente. Por momentos se pensó que con la difusión de los pormenores del crimen de Leonel se correría el velo de una fuerte organización narco – criminal, pero una vez más, la prueba quedó reducida a una simple pila de papeles. El testigo debió abandonar la región junto con su familia por las permanentes amenazas de muerte.


ROCA (AR).- Fue a buscar droga y lo mataron. Así se resume el trágico final de varios jóvenes asesinados en los últimos años en el Alto Valle. Los muertos de la “merca” aumentan y en varios casos el vínculo entre los asesinos y la comercialización de estupefacientes quedó perfectamente probado en los respectivos juicios. Sin embargo, esas comprobaciones no tuvieron como correlato el inicio de nuevas causas judiciales por narcotráfico, aunque la prueba, literalmente, estaba servida. • Cuando el 7 de abril de 2007 Walter “Pachano” Montelpare fue asesinado a puñaladas en una despensa del barrio 1.200 Viviendas de Cipolletti, fue por una discusión de drogas. Tras un juicio ante la Cámara Criminal Primera de esa ciudad resultó condenado a 14 años de prisión Manuel Jesús Esparza, el dueño del local. Los jueces tuvieron por acreditado que Montelpare fue al lugar del crimen “por la necesidad de proveerse de estupefacientes”. “Los distintos testimonios de allegados a la víctima afirmaron la adicción del nombrado a las drogas”, dice la sentencia, que cita la afirmación contundente de un testigo protegido de la causa: “Todo Cipolletti sabía que detrás de la despensa, “El Viejo” (apodo de Esparza) vendía drogas”. Y el negocio no dejó de funcionar pese a que su titular estaba preso. En julio del 2010 la policía allanó nuevamente el almacén de Esparza y secuestró marihuana y cocaína fraccionada, además de una considerable suma de dinero en efectivo, en billetes de baja denominación. Todo el procedimiento se desarrolló en medio de los incidentes con jóvenes del barrio que apedreaban a los efectivos y los móviles policiales. • También trágico fue el final del vigilador privado Adrián Sánchez, un vecino de Cipolletti que fue obligado por su asesino a conducir en su moto hasta Allen “para comprar gilada”. El autor primero le robó el arma reglamentaria y con ese revólver calibre 32 lo amenazó para que maneje. A poco de llegar al barrio Vidriera hubo un altercado entre los hombres y Sánchez fue ultimado a quemarropa, de dos tiros en la cabeza. Todo fue en la madrugada del 5 de junio de 2009. A Alejandro Fidel Castro Fuentes (28) la Cámara Criminal Tercera de Roca le aplicó una condena de prisión perpetua por “homicidio calificado por alevosía y criminis causa; robo calificado por el uso de arma de fuego y portación de arma civil sin autorización”. Del fallo condenatorio surgió que pretendía ir a Allen “a comprar merca” y que tras el asesinato “Castro Fuentes se alejó llevándose la motocicleta y el revólver”. Fue hasta la casa de unos conocidos de Allen (ambos identificados con nombre y domicilio en la causa) y les confesó lo ocurrido. Tras una confusa secuencia, la moto de Sánchez terminó en una casa de la zona norte Roca, en poder de una mujer apodada “La rubia”. El propio Castro Fuentes la condujo hasta allí para venderla. Una vez más, la evidencia servida – y desperdiciada– sobre quién vende y quién reduce elementos robados en el circuito de la droga. • Tal vez el más dramático caso testigo es el de Leonel Manrique, un chico de Cipolletti de 16 años que junto a otros dos adolescentes robó un auto y partió hacia el barrio Colonizadora de Allen “para cambiarlo por droga”, en la madrugada del 18 de febrero de 2008. La Justicia probó que el chico fue baleado durante una discusión en la puerta de la casa del reducidor, dentro del coche. Sus amigos se lo llevaron de regreso a Cipolletti y a mitad de camino, en Fernández Oro, una falla mecánica del Fiat Duna robado los obligó a seguir a pie. Dejaron a Leonel muerto dentro del auto. Por el hecho, Carlos Alberto “Chupilca” Bustamante fue condenado a 15 años de prisión, en un juicio que terminó en febrero del 2010 ante la Cámara Criminal Segunda de Roca. En total le dieron 25 años, al unificarlos con condenas anteriores. Un testigo directo del caso describió dónde se canjeaban por droga los autos y motos robados en la zona. También dio nombres y direcciones que están registradas en el expediente. Por momentos se pensó que con la difusión de los pormenores del crimen de Leonel se correría el velo de una fuerte organización narco – criminal, pero una vez más, la prueba quedó reducida a una simple pila de papeles. El testigo debió abandonar la región junto con su familia por las permanentes amenazas de muerte.

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