Los narcos no temen a los militares
A primera vista, tendría cierta lógica la propuesta del candidato presidencial Sergio Massa de que las Fuerzas Armadas ayuden en la lucha contra el narcotráfico entrando en “los barrios más humildes”, donde, sería de suponer, derrotarían con facilidad a los “soldados” de los carteles que los infestan. Sin embargo, como entienden muy bien los rivales principales de Massa, Mauricio Macri y Daniel Scioli, se trata de una idea sumamente ingenua. Si bien los militares podrían desempeñar un papel más activo en zonas fronterizas hasta que la Gendarmería y la Prefectura Naval, las que últimamente se han usado para suplementar la Policía en diversas partes del interior del país, reanuden las tareas que les corresponden, pedirles irrumpir en las villas miseria para dar batalla contra los narcos no serviría para nada. En opinión de todos los expertos, se trata de un problema mucho más complejo de lo que Massa parece creer, uno ante el que especialistas en inteligencia criminal y en detectar, para entonces romper, los vínculos que se dan entre los narcotraficantes y políticos, jueces y jefes policiales pueden hacer mucho más que los militares. En México, ha tenido consecuencias aciagas la decisión del gobierno de tratar a los narcotraficantes como si fueran invasores extranjeros, librando contra ellos una guerra convencional. Las muertes en enfrentamientos entre las distintas bandas y las fuerzas oficiales se cuentan por decenas de miles sin que el flagelo haya quedado eliminado. Algo similar ha sucedido en Brasil, donde han logrado muy poco las incursiones cinematográficas de columnas de tanques en las favelas de Río de Janeiro. Puede que el despliegue de fuerzas militares en distritos tomados por los capos narcotraficantes sirva para brindar la impresión de que por fin las autoridades se han puesto a la altura del desafío planteado por los carteles de la droga, pero las ventajas políticas así conseguidas no se han visto acompañadas por logros auténticos. A pesar de la intervención de las fuerzas armadas, México y Brasil no han dejado de ser países en que los narcotraficantes se sientan por encima de la ley; por motivos evidentes, temen más a sus competidores de otras bandas que a los policías y militares. Parecería que lo que busca Massa al hacer de la militarización de la lucha contra el narcotráfico su propuesta más llamativa, diferenciándose así de todos los demás candidatos presidenciales, es hacer pensar que es el único que toma realmente en serio los estragos provocados por la droga. Como entenderá muy bien, a muchos les gustaría que el gobierno próximo atacara con mayor contundencia a los delincuentes y a los corruptos que colaboran con ellos en lo que ha sido habitual en los años últimos. Antes de que la dictadura militar más reciente le enseñara que el poder del fuego militar no sirve para solucionar los problemas económicos y sociales del país sino que, por lo contrario, los agravaría, buena parte de la ciudadanía apoyaba pasivamente los esporádicos golpes de Estado por suponer que para salir de la crisis de turno sería necesaria una mayor dosis de violencia. Aunque desde aquellos días el país ha evolucionado mucho, Massa claramente cree que aún hay muchos partidarios de la mano dura y que le convendría procurar convencerlos de que comparte su postura, de ahí su declarada voluntad de ordenar a las Fuerzas Armadas encargarse de la seguridad en los “barrios más humildes”. Se trata de una propuesta que podría resultar atractiva a algunos jefes militares, ya que de concretarse consolidaría su plena reincorporación a las estructuras de poder, lo que les permitiría presionar a gobiernos futuros para conseguir más dinero. Puesto que durante la “década ganada” kirchnerista las autoridades civiles se las han arreglado para privarlos de recursos hasta tal punto que por falta de los medios imprescindibles les sería difícil trasladar unidades hacía las fronteras, sería natural que los mandos aprovecharan cualquier oportunidad para incidir en las decisiones políticas, pero aun así los más lúcidos comprenderán que combatir contra narcotraficantes no es una función que sea apropiada para militares profesionales que, claro está, deben prepararse para enfrentar situaciones radicalmente distintas de aquellas que se han creado en las villas miseria de la Capital Federal y ciudades como Rosario.