Los números de las invernadas con base pastoril

La producción de carne en los valles irrigados está en pleno crecimiento y es clave para el negocio analizar las variables tecnológicas existentes y sus costos en un proceso de intensificación de los sistemas productivos.



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Cebada en doble cultivo. Antecesor: maíz

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Cortapicado de maíz para ensilaje

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Actividad ganadera en la Norpatagonia

En los últimos tiempos la actividad ganadera norpatagónica desarrolló un estatus sanitario que le confiere ventajas competitivas que la posicionan favorablemente en el mercado regional. El productor invernador de los valles irrigados, como integrante de la cadena de la carne, cumple un rol preponderante en el tramo de recría y terminación de hacienda con destino a faena.

Es posible incrementar los niveles de producción actuales en el corto plazo, para lo cual resulta necesario revisar continuamente el negocio. Hay dos factores que son los determinantes del éxito empresario: por un lado, el precio de compra del ternero, que con las fluctuaciones lógicas del mercado influye marcadamente y torna inestable la rentabilidad. Y por otra parte, el costo de alimentación, que tiene gran incidencia en la producción del ganado gordo. El monitoreo continuo del costo real de los alimentos y la combinación de los mismos en cadenas alimentarias resultan una condición prioritaria para que los márgenes de rentabilidad del capital invertido permitan mantener explotaciones estables.

En el Grupo de Producción y Utilización de Forrajes de la EEA Valle Inferior se trabaja continuamente en la búsqueda de nuevas alternativas, evaluando el comportamiento y rendimiento de distintas especies y sus variedades, la distribución de la producción estacional, su calidad y la respuesta a la fertilización, entre otros factores que controlan la producción de pasto.

Paralelamente se ensayan cadenas forrajeras, secuencia de cultivos, modalidades de conservación del forraje y alternativas del uso de granos y suplementos que permitan planificar cadenas forrajeras para ser utilizadas en una gran diversidad de sistemas productivos de carne de valles irrigados de la Norpatagonia.

Producción forrajera: un factor clave

El costo de producir forrajes y granos es el principal componente del valor de producción del ganado y, por ende, la rentabilidad del negocio depende de producir forrajes y granos a bajo costo y de transformarlos eficientemente en carne, reduciendo al mínimo las pérdidas de alimento.

En el Cuadro 1 se detallan los costos de producción de diversas especies forrajeras que se pueden cultivar en condiciones de riego en la Norpatagonia y a su vez las distintas formas de aprovechamiento (pastoreo, henificado, ensilado y cosecha de grano).

Para realizar el análisis de costos, metodológicamente, se parte de una situación de máxima, realizando nivelación láser que se amortiza en diez años, y contratando todos los servicios de equipos especiales como los de siembra directa, pulverización y fertilización.

En el costo individual de cada forraje se contempla el uso de semillas de calidad, 70 kg/ha de fosfato diamónico a la siembra y la aplicación de 200 a 350 kg/ha de urea, según el cultivo. También se presupuestan los herbicidas y la operación de riego.

En el caso de los forrajes henificados se asume que el productor financia todo el cultivo y que contrata el servicio de enrollado (cortahileradora, rastrillo, enrolladora y pinche) pagando 21 u$s/rollo de 500 kg.

Con los forrajes ensilados, se asume que el productor financia el cultivo y contrata el equipo de corta-picado y embutidora con la tarifa de julio 2014 de la Cámara Argentina de Contratistas Forrajeros (CACF). Se incluye también el costo del empleo de bolsas de nueve pies.

Para los cereales de cosecha se toma la financiación del cultivo por parte del productor y la contratación de cosechadora y carros graneros. No se consideran los costos de almacenamiento y/o embolsado.

Para una mejor comprensión del Cuadro 1 es necesario definir y desarrollar algunos conceptos:

• Tonelada de materia seca por hectárea (t MS/ha): se entiende el peso del forraje obtenido, libre del contenido de agua de la planta. Esto es fundamental al momento de presupuestar volúmenes de forrajes para ser convertidos en carne. El animal consume forraje con una cantidad variable de agua en su interior, convirtiendo en carne la parte sólida, es decir la materia seca (MS). Desconocer la importancia de este parámetro implica cometer errores que pueden afectar negativamente la gestión; como por ejemplo, darle menos materia seca que el requerido por el animal por suministrarle un forraje muy aguachento que no cubre sus necesidades o comprar un grano de maíz con más humedad de lo normal y estar pagando el agua al precio del maíz.

• Eficiencia de utilización Ef.Ut. (%): la producción de forraje medida en el campo, con la altura que tiene, arroja un peso determinado que es el “forraje disponible”. Ese mismo, consumido por el animal, enrollado o ensilado, es el “forraje cosechado”, que tiene menor peso porque la parte inferior, no cosechada, queda como rastrojo no utilizable.

Cada forraje, según su forma de aprovechamiento, ya sea mecánico o por pastoreo directo, tiene un porcentaje de utilización y un desperdicio que queda en el campo, que también tiene su valor cuando se incorpora al suelo como materia orgánica y que no se utiliza para producción.

• Tonelada de materia seca neta (t MS neta/ha): si a la MS que proporciona cada forraje se le aplica el factor eficiencia de utilización se obtiene la MS neta, que es lo que realmente cosecha el animal y puede convertir en carne. Sobre este valor se debe trabajar, a la hora de calcular el costo real del forraje, dividiendo el costo anual de cultivo (incluido el contratista) por el forraje obtenido o MS neta.

• Costo de cultivo (u$s/ha/año): en la columna correspondiente se podrán ver los costos de cada forraje. En el caso de los cultivos perennes o bianuales (los cuatro primeros) se imputa el costo anual, o sea el total dividido por los años de amortización. Para alfalfa y pasturas se consideran seis años, mientras que para raigrás y trébol rojo, dos años. El resto de los cultivos se amortiza en un año.

• Costo de materia seca neta (u$s/kg MS neta): por practicidad los cálculos se realizaron con costos dolarizados. Los datos del Cuadro 1 se pueden actualizar de acuerdo con la cotización diaria del dólar.

Modelos productivos: un traje a medida

Las condiciones ambientales que ofrecen los valles irrigados norpatagónicos permiten diversificar la producción de forrajes.

En función del modelo productivo que se elija, es posible programar una cadena forrajera que cubra los requerimientos de los animales durante el ciclo productivo planificado. Los modelos se planifican en función del objetivo que se proponga cada productor, constituyen verdaderos “trajes a medida”.

Para dar respuesta a la demanda de quienes se interesan por incorporar nuevas alternativas para incrementar la producción de carne, se brinda información generada en diversos ensayos de evaluación agronómica de pasturas y de alimentación, la experiencia adquirida en la Unidad de producción Intensiva de Carne en el período 1990-97 y el permanente aporte de información de establecimientos privados y las experiencias de numerosos productores. Este aporte permitió simular más de treinta modelos aplicables a sistemas reales de los valles irrigados. En esta oportunidad se analizan nueve de ellos, que cubren un amplio espectro en cuanto a manejo, incorporación de tecnología y grado de inversión.

Análisis económico

En el cuadro 2 se resumen los modelos propuestos. En una primera parte, en el Planteo técnico se puede ver la participación porcentual y combinación de los diferentes alimentos. Por ejemplo en el modelo M1 hay una participación de 95,6% de pasturas consociadas base alfalfa y un 4,4% de rollo de pasturas, de producción propia confeccionado con contratista. En el Gráfico 1 se pueden visualizar las distintas cadenas alimentarias de M1 a M9.

En un segundo tramo de información del Cuadro 2 se pueden observar los parámetros productivos. La carga animal, expresada en cabezas por hectárea y en kilos en pie por hectárea. Este último parámetro resulta importante cuando se debe ajustar la carga animal según el consumo, como porcentaje del peso vivo del animal.

La ganancia diaria de peso es variable en cada modelo. En cada caso los niveles se fijan según información disponible, proveniente de experiencias propias y establecimientos privados.

En la última línea se presenta la producción física anual para cada modelo. Un claro ejemplo de la intensificación es lo que ocurre entre los modelos M3 (527 kg/ha/año) y M7 (1.730 kg carne/ha/año). El incremento de la producción de forraje otoño-invernal a través del silaje es la causa de esa diferencia.

A continuación se pueden ver los precios. Por un lado los de invernada de compra y venta, con valores promedio tomados del remate feria del 24 de julio del 2014 realizado en Viedma. Por otro lado, los precios de hacienda para faena proporcionados por informantes calificados del Valle Inferior.

Dentro de los costos directos se incluyen todos los relacionados con una explotación tipo. Según el modelo tienen una participación porcentual variable (Gráfico 2*). En gastos de personal se incluye una persona cada 380 cabezas. Si bien en un buen número de establecimientos, el propio productor es quien realiza los trabajos, se le asigna un retiro de 0,43 u$s/cabeza/mes. Respecto de los gastos de alimentación se consideran los de cada modelo. Los forrajes de producción propia tienen los costos indicados en el Cuadro 1, mientras que los para los alimentos adquiridos a terceros se consideraron los precios de mercado actualizados a agosto.

En gastos de estructura, se consideran el canon de riego según la tarifa de la Intendencia de Riego del Valle Inferior; un valor promedio para tasas, impuestos y patentes y un gasto de movilidad de un vehículo utilitario al que se le asignan 120 km por hectárea ganadera por año o su equivalente a 54 u$s/ha/año.

El Gráfico 3* es un resumen de las relaciones que se verifican entre las inversiones que requieren los distintos modelos, que fueron agrupados por su similitud, la producción física de carne de cada grupo de modelos y la rentabilidad que se logra a medida que se intensifica el uso de los recursos de capital. Los M1 a M4 son modelos de producción estacional que no superan los 240 días, sobre la base de pasturas perennes, que requieren una alta inversión en la compra de animales a los que se le incorporan relativamente pocos kilogramos (hasta 150 kg/cabeza), mantienen una carga animal media (equivalente a 1.559 kg/ha/año), presentan elevados costos relativos de comercialización y de personal y su rentabilidad o margen bruto es bajo.

Los M5 y M6 son invernadas largas sobre pasturas perennes, rollos en el período invernal y suplementación otoñal, y por lo tanto suman una mayor cantidad de kilogramos/animal (hasta 205 kg/cabeza), una carga animal media (equivalente a 1.440 kg/ha/año), diluyéndose los gastos de estructura e incrementando la producción física, por lo cual aumenta el margen bruto. El grupo de modelos más intensivos (M7, M8 y M9) presenta mayores costos porque parte de su base forrajera está anualizada con destino a silajes y la compra de suplementos energéticos y proteicos. Estos modelos mantienen una alta carga animal anual (equivalente a 1.967 kg/ha/año), se incrementa significativamente la producción física de carne por animal (hasta 268 kg/cabeza) y, consecuentemente, la rentabilidad.

Desde el punto de vista regional, considerando que la Patagonia tiene escasez de terneros, la lógica indica que las variables que contribuirían al desarrollo de la ganadería regional serían la mejora de la base forrajera de los sistemas, el incremento de las cargas animales que éstos pueden soportar y el uso de concentrados energéticos y proteicos que permitan incrementar el peso final de cada animal que se faene en la región.

Ing. Agrónomo Raúl Barbarossa

EEA Valle Inferior – Convenio Provincia de Río Negro-INTA

barbarossa.raul@inta.gob.ar


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