Los ojos sobre Bongiorno

ALICIA MILLER amiller@rionegro.com.ar

OPINIóN

La circunstancia de que existan en el Senado de la Nación dos sectores -aun heterogéneos-, que se disputan una mayoría ajustadísima, otorga una relevancia inusitada al voto de personas que de otro modo no obtendrían ningún protagonismo en la Cámara. Este es el caso de la senadora rionegrina María José Bongiorno quien, con su decisión de votar en forma favorable el pliego de designación de la economista Mercedes Marcó Del Pont para presidir el Banco Central, ha brindado al kirchnerismo la oportunidad, no sólo de humillar a la oposición, sino también de seguir adelante con su política tendiente a convertir las reservas monetarias en dinero de uso corriente para el gobierno nacional. Bongiorno, abogada de Cipolletti, fue concejal por Encuentro-Frente Grande, y accedió a su banca de senadora por el Frente para la Victoria, pero desde octubre se alineó activamente con el peronismo disidente siguiendo la política fijada por su referente, el ex diputado Julio Arriaga. Es por eso que su cambio de alineamiento -unido a la evidente decisión del oficialismo de obtener más respaldo en el Senado a cualquier costo- generó sospechas respecto de que su motivación fuera -no la convicción- sino cuestiones de conveniencia material o personal. En su descargo, la senadora se manifestó capaz de defender sus convicciones aun enfrentándose con las grandes estructuras partidarias. Sin embargo su carrera política dice lo contrario, puesto que -siguiendo a Arriaga- su sector ha estado más “colgado” que enfrentado a las grandes estructuras partidarias, ya que ha oscilado en alianzas con la UCR y el PJ. En lo personal, Bongiorno -políticamente desconocida en Río Negro-, llegó a ser senadora sin haber explicado jamás cuáles son sus convicciones, al extremo que hoy la ciudadanía de su provincia se encuentra imposibilitada de conocer si como parlamentaria ha votado o no de acuerdo con ellas. El suceso permite reflexionar acerca de la responsabilidad que cabe a los partidos políticos a la hora de confeccionar sus listas de candidatos, que muchas veces completan con personas de perfil bajo o decididamente opaco, de quienes no es posible conocer sus ideas ni por el contenido y calidad de los proyectos presentados, ni por su capacidad de comunicar su parecer a sus representados. Es probable que Bongiorno diga la verdad. Pero no puede ignorar que las sospechas sobre su accionar hallaron base no sólo en sus oscilaciones políticas sino también en el hecho de que -en situaciones en que un voto en el Parlamento puede definir la política de un país- son a veces aquellas personas con menor apego a la moral republicana las que buscan sacar provecho, actuando con oportunismo y guiándose por razones que resultan vedadas al conocimiento y a la comprensión de la ciudadanía.


ALICIA MILLER amiller@rionegro.com.ar

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