Los parajes rurales, abandonados bajo la ceniza

Lejos de las ciudades y aislados, los pobladores claman por atención.



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Los juegos infantiles de la escuela de Corralito, desiertos en un día con mucha ceniza en suspensión.

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En la escuela no hay limpieza que alcance para sacar el polvillo volcánico.

Rosa Castro, la docente de Corralito que imploró por ayuda a través de un correo electrónico

Gentileza

Erupción del volcán puyehue

Corralito y Rincón del Manzano son dos pequeños parajes rurales de la región Sur rionegrina que desde la erupción del volcán Puyehue, el 4 de junio pasado, poca o ninguna ayuda han recibido. Lejos de Jacobacci y de Bariloche y doblemente aislados por los caminos de tierra en mal estado, la barrera natural del río Limay y la ausencia de señal de celulares, sus pobladores claman por una atención que no llega.

Transcurrido el furor solidario de las primeras semanas estos exiguos poblamientos han quedado librados a su suerte bajo las cenizas y los recurrentes vientos que transforman el paisaje en una fantasmagórica postal gris.

La maestra de la escuela de Corralito, Rosa Castro, describe brevemente la situación que aqueja a los 32 alumnos y sus familias. En un correo electrónico enviado el miércoles pasado detalla que Corralito se halla a 20 kilómetros de la represa hidroeléctrica de Alicura y a 120 kilómetros de Bariloche.

“De estos lugares alejados e incomunicados poco y nada se sabe, todas las miradas se centran en Bariloche o Jacobacci pero aquí reina el abandono”.

Dice la docente que tanto niños, como ancianos y demás pobladores no cuentan siquiera con barbijos ni antiparras, por lo que familias enteras están enfermas. Presentan tos, catarro, fiebre elevada, dolor de cabeza, vómitos, secreciones nasales y bucales con sangre, asegura.

Agrega que desde la erupción del volcán no se hizo ningún relevamiento sanitario, ni se recibió ayuda de ningún ministerio. Concluye, con dramatismo que “todos estos ciudadanos rionegrinos necesitan un relevamiento político sanitario urgente y ayuda ya!”

En tono muy parecido, Damián Mariano, de Rincón del Manzano, detalla que son catorce pequeños crianceros ubicados sobre la margen rionegrina del lago Pichi Picún Leufú, a 80 kilómetros de Mencué y 200 de Bariloche.

“Desde hace años, el gobierno de Río Negro no tiene políticas claras para esta zona, estamos soportando el descuido y la sequía; esto se agrava con el tema de la ceniza que nadie sabe hasta cuándo estará, y este invierno que pasó fue muy complicado. A raíz de esto tenemos una cantidad importante de mortandad de animales entre chicos y grandes”.

Añade que “la ayuda anunciada no llega como corresponde” y que están “ cansados de golpear puertas, de enviar notas, de las llamadas de teléfonos y nadie se hace cargo, quizás no entienden –reflexiona– porque estar detrás de un escritorio no es lo mismo que andar detrás de los animales para que no se te mueran”. (Redacción Central)

Aunque las aberturas se sellan, no es suficiente. Necesitan barbijos y antiparras.


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