“Los perros de la droga”, el rol que le toca a los más chicos
Un trabajo de Fopea expone el duro cuadro de un mundo casi desconocido: el de 75.000 adolescentes y jóvenes de Córdoba que participan del narcotráfico.
La cadena narco
Unos 75.000 jóvenes menores de 24 años de Córdoba capital forman parte del mundo del negocio narco. Ocupan puestos de menor relevancia en el microtráfico de drogas: dan aviso de movimientos extraños en el territorio, trasladan mercancías, empaquetan y a veces venden.
Son los llamados “perros de la droga”. Si son mujeres y tienen hijos, es habitual verlas en los puntos de venta o “quioscos”. Los jóvenes suelen tener vínculos inestables con estas estructuras, van y vienen, las usan para complementar ingresos o para financiarse el consumo de estupefacientes.
Una investigación del Foro del Periodismo Argentino (Fopea) muestra con toda crudeza a este eslabón más vulnerable de la cadena. Y no cuesta imaginar un escenario que se reproduce en tras urbes del país.
El año pasado, de los 84 homicidios ocurridos en la ciudad, 68 se produjeron en alguno de estos 60 barrios, donde la droga parece actuar como un “permisor delictivo”, un desinhibidor de las soluciones violentas a los conflictos, señala el informe.
“Los narcos van comprando casas contiguas para hacer cocinas, se comunican por los patios traseros. Muchos chicos empiezan en esos lugares armando los paquetitos. Les pagan con droga, para que a su vez ellos la vendan”. El relato es de una asociación civil que trabajaba en un barrio desde hace 20 años organizando talleres y apoyo escolar. Describe una situación que se repite en una veintena de barrios de Córdoba capital.
Sólo en casos de microtráfico, las estadísticas de la Justicia provincial muestran que el 40,10% de los imputados tienen entre 26 y 40 años; y el 27,5% tienen menos de 25. En 2011, antes de que en Córdoba la Justicia federal cediera a la provincial la investigación de microtráfico, el 16% de los condenados en uno de los dos tribunales orales federales tenía menos de 26 años. Son las últimas estadísticas oficiales disponibles que se hayan difundido y muestran que los adolescentes y jóvenes no suelen ser detectados por el sistema judicial en proporción a su participación.
Aunque no trabajen para los transas, muchos jóvenes comparten lazos familiares o conexiones con estas economías paralelas que introducen sus propias reglas de convivencia, bajo la aceptación directa o indirecta de la Policía y del Estado, según comenta una decena de fuentes especializadas consultadas para este trabajo.
En barrio Müller, el padre Mariano Orbelín tiene un taller de herrería para construir una alternativa a la inclusión económica que ofrecen los narcos. Así describe el contexto en el que crecen los jóvenes: “El narcotráfico ha ido ocupando un espacio muy fuerte. Los narcos grandes buscan a uno para que venda, a otro para que guarde, otro que cuida la cuadra (tero)… y a la gente que no pueden captar le van haciendo favores para captarla: le pagan la fiestita de 15 a la chica, les instalan un bañito. Pasó de ser simplemente un mercado a ser una red social”.
En términos de consumo, el inicio es temprano. Las estadísticas del Hospital de Niños de Córdoba señalan que hay un grupo etario de 8 a 15 años que ha probado alguna sustancia ilícita, una vez al menos. En los primeros cinco meses de 2014, los casos positivos ya superaban a todos los de 2013 y se estimaba que este año terminará con el doble de los casos.
La versión completa de este trabajo está disponible en www.investigacionesfopea.com. Fue realizada por Ary Garbovetzky, Juan Manuel González, Edgardo Litvinoff y Juan Simo.