Los planes del «Subcomandante Marcos»

Por Andrés Oppenheimer

El enigma del momento en México: si el líder guerrillero subcomandante Marcos, que encabezó la insurrección zapatista de 1994, está por abandonar la lucha armada.

Altos funcionarios del gobierno dicen en privado que las fuerzas zapatistas se encuentran en plena descomposición y que el subcomandante Marcos -un ex profesor universitario de Ciudad de México, cuyo nombre verdadero es Rafael Sebastián Guillén- está enfrascado en una disputa interna con los «ultras» de su movimiento.

Los zapatistas han estado prácticamente inactivos y rodeados por el Ejército mexicano desde que declararon el cese el fuego tras la revuelta de 1994, en el Estado sureño de Chiapas. Sin embargo, todavía conservan sus armas y controlan varias comunidades indígenas.

Independientemente de si los funcionarios gubernamentales estén diciendo la verdad, lo cierto es que algo raro está pasando entre los zapatistas. La semana pasada se conocieron varios comunicados zapatistas contradictorios entre sí y firmados por Marcos. En uno de ellos, el jefe guerrillero sugiere que podría retirarse de la lucha armada.

El lunes de la semana pasada, un comunicado firmado por la dirigencia zapatista anunciaba una «alerta roja» en el territorio rebelde. El mismo decía que se suspendían las juntas de gobierno del movimiento, convocaba a sus tropas a pasar a la clandestinidad y alertaba a visitantes mexicanos y extranjeros a que «abandonen el territorio rebelde» o «se queden bajo su propia responsabilidad».

El comunicado hizo grandes titulares en la Ciudad de México. Los periódicos especularon que los zapatistas están preparando una nueva ofensiva armada, lo que coincidiría con el inicio extraoficial de la campaña por las elecciones presidenciales del 2006. Muchos especularon con que Marcos necesita hacer algo audaz para evitar ser eclipsado por el proceso político venidero.

Pero el jueves salió a la luz pública un nuevo comunicado que contradecía el anterior. Decía que el ejército rebelde no está debatiendo volver a las armas, sino «otra cosa». Marcos no elaboraba sobre qué podría ser esta «otra cosa», pero una segunda ola de analistas políticos especuló en que el subcomandante está a punto de anunciar su retiro de la lucha armada.

Este anuncio de la dirigencia zapatista hablaba de «un nuevo paso en la lucha». Y en lo que sonaba como una nota de despedida, Marcos decía que «los errores cometidos han sido responsabilidad exclusiva de la dirección zapatista».

¿Qué está pasando?, les pregunté esta semana a varios altos funcionarios mexicanos. Un miembro del gabinete del presidente Vicente Fox me dijo que los dos comunicados no fueron escritos por la misma persona y que reflejan la división dentro del liderazgo zapatista.

El primero, que anunciaba la «alerta roja», fue escrito por otra persona, afirmó. Carece del tono jocoso característico de Marcos y la construcción de las frases era totalmente diferente.

Otro funcionario del gobierno, directamente involucrado en asuntos zapatistas, me dijo que los comandantes del ejército rebelde estaban divididos entre los de línea dura, encabezados por la ex esposa de Marcos, la comandante Ana María, y los moderados, dirigidos por los comandantes Zebedeo y Tacho. La declaración de «alerta roja» fue sacada por el primer grupo y forzó a Marcos a contradecirla, aseguró.

Sea como fuere, hay una creencia generalizada de que los comunicados zapatistas de la semana pasada son los más serios que ha emitido Marcos en varios años. Recientemente, el subcomandante apenas había hecho titulares ocasionalmente, por haber escrito una novela policial y por retar al equipo de fútbol Inter de Milán a jugar un partido contra los zapatistas. En México, sólo uno de los periódicos de cierta importancia, el izquierdista «La Jornada», ha tomado en serio a Marcos en los últimos años.

Mi conclusión: quizás Marcos esté considerando una reencarnación política para volver a la luz pública fuera de Chiapas, como un político clandestino con pasamontaña y uniforme guerrillero en la Ciudad de México y otras partes del país. Marcos siempre ha sido un hombre de la ciudad. (Cuando lo entrevisté en la selva de Chiapas unos meses después de la rebelión zapatista de 1994 y le pregunté qué era lo que más extrañaba de la vida de la ciudad, sonrió detrás de su mascara y dijo: «El chocolate. La jungla te ofrece todo, menos dulces»).

Y lo que es más importante, como pronosticó el fallecido Premio Nobel mexicano, Octavio Paz, Marcos es un «showman» y como todo artista que repite el mismo espectáculo a través de los años, terminará aburriendo a la audiencia. Quizás se dio cuenta de que eso ya está ocurriendo.

No lo veo quitándose su pasamontañas y convirtiéndose en un político convencional. Pero el «showman» podría estar preparándose para salir de gira, tratar de darles nuevos bríos a los sectores más extremos de la izquierda de México y convertirse en un protagonista clave de la elección presidencial del 2006.


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