Los reclamos de Tsonga, el llanto de Pico

BUENOS AIRES (Enviado especial).- Tres horas y 54 minutos cargados de adrenalina y nervios ofrendaron Carlos Berlocq y Jo-Willfred Tsonga en el inicio de la serie. Ellos marcaron y aumentaron el termómetro. La temperatura subió a medida que se cargaban de sudor, que reclamaban, que dejaban el alma en cada bola. Para las miles de almas albicelestes que se acercaron hasta el Parque Roca, Tsonga dejó de ser el simpático francés con pinta de leyenda boxística cuando protestó la primera bola. Y hubo muchas de esas durante un juego extenuante, disputado al límite. Si no, que lo diga el umpire del partido, blanco de los reclamos y obligado a descender varias veces desde las ‘alturas’. A Tsonga le costó encontrar su mejor versión. Fue como una pantera en reposo durante buena parte del primer set, cuando Charly Berlocq parecía poseído. Poseído para vencer. Pero el francés de a poco recobró su mano de top ten. “Papi, ¿y si perdemos el próximo punto?”, preguntó un pequeño a su progenitor, que lo miró sin responder y se perdió en los sanitarios. Ese niño lógicamente habrá tenido una alegría más tarde cuando Pico dejó sin chances a un desconocido Simon. Cantaron los argentinos. Lloró Pico. Por el triunfo y la emoción que le significó la solidaridad de la gente, que acercó comida y agua para las víctimas de La Plata. La ilusión vuelve a encenderse, al menos en Parque Roca.


BUENOS AIRES (Enviado especial).- Tres horas y 54 minutos cargados de adrenalina y nervios ofrendaron Carlos Berlocq y Jo-Willfred Tsonga en el inicio de la serie. Ellos marcaron y aumentaron el termómetro. La temperatura subió a medida que se cargaban de sudor, que reclamaban, que dejaban el alma en cada bola. Para las miles de almas albicelestes que se acercaron hasta el Parque Roca, Tsonga dejó de ser el simpático francés con pinta de leyenda boxística cuando protestó la primera bola. Y hubo muchas de esas durante un juego extenuante, disputado al límite. Si no, que lo diga el umpire del partido, blanco de los reclamos y obligado a descender varias veces desde las ‘alturas’. A Tsonga le costó encontrar su mejor versión. Fue como una pantera en reposo durante buena parte del primer set, cuando Charly Berlocq parecía poseído. Poseído para vencer. Pero el francés de a poco recobró su mano de top ten. “Papi, ¿y si perdemos el próximo punto?”, preguntó un pequeño a su progenitor, que lo miró sin responder y se perdió en los sanitarios. Ese niño lógicamente habrá tenido una alegría más tarde cuando Pico dejó sin chances a un desconocido Simon. Cantaron los argentinos. Lloró Pico. Por el triunfo y la emoción que le significó la solidaridad de la gente, que acercó comida y agua para las víctimas de La Plata. La ilusión vuelve a encenderse, al menos en Parque Roca.

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